La inclusión de una frase en una exposición sobre extremismo y discursos de odio organizada por el Instituto Catalán Internacional para la Paz (ICIP) (vinculado al Parlament y al Govern) ha generado la ira del nacionalismo catalán y su salida en tromba contra los organizadores.

El sintagma en cuestión, “Que aprenguin català!” (“¡Que aprendan catalán!”), se mostraba en una zona sobre comportamientos que ponen en riesgo la convivencia, junto a otras frases como “¡Que vuelvan a su país!” y “¡Los okupas, a prisión!”. El objetivo era “ejercitar el pensamiento crítico”.

Sin embargo, este jueves, días después de inaugurarse la exhibición en el Palau Robert de Barcelona, Plataforma per la Llengua ha exigido al ICIP la retirada de la frase.

“Tenemos que ser muy contundentes con cualquier intento de estigmatizar a los catalanoparlantes como supuestos agresores”, han argumentado. Y han subrayado que “la inversión de los roles entre agresor y agredido, verdugo y víctima, es un recurso recurrente de las ideologías supremacistas”.

A las pocas horas, el ICIP –presidido por Xavier Masllorens y dirigido por Kristian Herbolzheimer Jepssonha acatado las indicaciones de la entidad nacionalista y se ha apresurado a borrar la frase de la exposición.

Inmediatamente, el ICIP también ha emitido un comunicado en el que justifica la decisión porque “el mensaje central de la pieza expositiva puede ser mal interpretado” y “el contenido textual es desafortunado”.

Pero el servilismo del ICIP ha ido más allá y ha comprado las tesis de la entidad nacionalista al completo, asegurando que “compartimos el compromiso con el derecho a vivir en catalán y el deber moral de todos de hacerlo posible”.

Y, por si no hubiese quedado claro, la institución ha concluido poniéndose “a disposición de la Plataforma per la Llengua y otras entidades e instituciones para analizar cómo podemos aportar nuestro conocimiento de diálogo y gestión de conflictos para reforzar la lengua propia del país”.

De todas formas, la bajada de pantalones del ICIP no ha servido de mucho, y el linchamiento mediático de las hordas nacionalistas ha continuado.

Carles Puigdemont ha sido el más elocuente. “No tenéis vergüenza. Sois unos miserables que, en vez de fomentar la paz, acabáis incitando el conflicto, con los catalanes en la diana”, ha señalado en un tuit.

El expresidente autonómico huido de la justicia ha añadido: “Menospreciáis años de vejaciones a niños y niñas en las escuelas, de supremacismo castellano en el espacio público, en las empresas… E ignoráis las veces que, con la excusa de la ‘lengua del imperio’ se han masacrado minorías y culturas por todo el mundo. Miserables con presupuesto público. Con los impuestos de los catalanohablantes, también. Merecéis una dura censura del Parlament, que espero que actúe en consecuencia”.

Resulta enternecedor ver al nacionalismo rasgarse las vestiduras por una frase que, le guste o no, resume los atropellos que, en nombre de la normalización lingüística, se han cometido y se cometen contra los catalanes castellanohablantes.

Miserable es asumir con naturalidad el acoso a las familias que reclaman para sus hijos un 25% de la educación en español. Como lo es exigir un nivel de B2, C1 o C2 de catalán para acceder a la administración pública, pero no requerir el mismo nivel de castellano.

Y miserable es que un chiringuito como el ICIP presuma de ser independiente pero sea incapaz de resistir ni un día las críticas del nacionalismo ultramontano.