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Ignasi Jorro, director de Crónica Global, opina sobre la falta de presupuestos en Cataluña

Ignasi Jorro, director de Crónica Global, opina sobre la falta de presupuestos en Cataluña

Zona Franca

Los CAP de Barcelona que esperan presupuestos

"Se activa, pues, una paradoja: la Administración simula funcionar, aunque en realidad no pase nada. No hay innovación porque no hay partidas para costearla. No se ponen en marcha nuevas actuaciones más allá de las presupuestadas. El férreo control del área de finanzas de turno impide ser expansivo en la inversión pública"

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Cataluña necesita presupuestos no es una frase mía. La verbaliza a menudo el director financiero de una empresa sanitaria de la Generalitat, que alerta en privado de que la falta de unas cuentas autonómicas condena a su sociedad a prorrogar programas de gasto y a no iniciar nuevas actuaciones. 

La inexistencia de cuentas públicas para el año en curso implica parálisis. Gobierne quien gobierne, y más allá del arcoíris de colores políticos, Cataluña necesita presupuestos como agua de mayo. En los últimos 12 años, los sucesivos Governs solo han sido capaces de aprobar cuatro con sus sucesivos textos de acompañamiento: 2017, 2020, 2022 y 2023

El territorio lleva dos años con las cuentas prorrogadas. Ello impacta en el presupuesto global de la estructura regional. La empresa sanitaria del director financiero detiene los nuevos programas, los mete en un cajón y apenas cumple con lo que tenía el año anterior.

Se activa, pues, una paradoja: la Administración simula funcionar, aunque en realidad no pase nada. No hay innovación porque no hay partidas para costearla. No se ponen en marcha nuevas actuaciones más allá de las presupuestadas. El férreo control del área de finanzas de turno impide ser expansivo en la inversión pública. 

Y tal y como ha dejado ver la última crisis de Rodalies, a las infraestructuras hay que aplicarles chapa y pintura. Hay que pagar mantenimiento, puesta a punto y actualización. Hay que construir nuevos tramos. La prórroga sempiterna de los presupuestos que vive Cataluña supone una amenaza a este respecto. 

Todo el arco económico, de Foment del Treball a las centrales sindicales, coincide en que la Generalitat debe dotarse de unas cuentas para este año. Porque saben que lo productivo es sensible al comportamiento de lo público. Son fuerzas simbióticas. Y porque conocen la parálisis que denuncia el director financiero del que hablo. 

Lo dijo ayer el alcalde de BarcelonaJaume Collboni, en la sesión Alcalde Respon: hasta nueve inversiones en centros de atención primaria (CAP) en la Ciudad Condal están pendientes de si la Generalitat cuenta con la previsión de ingresos y gastos que negocia su actual inquilino. También la espera el plan de climatización de los colegios. O los nuevos tramos del tranvía. 

Apenas tres ejemplos de las cosas del comer que están en juego. 

Esta constatación no supone que nadie deba dar un cheque en blanco. Pero sí se impone un esfuerzo negociador y de responsabilidad por parte de todos los actores. El cálculo político de corto vuelo no puede mantener a la región adormilada a la espera de que el sector privado tome la iniciativa. No podemos ser aquel país europeo que todos ustedes conocen en el que política y empresa se dan la espalda. 

Ambos mundos deben encontrarse para crear riqueza y empleo. Y, a ser posible, que ésta llegue a todos los ciudadanos. Las famosas sinergias

A diferencia de lo que vivimos en otras épocas, estos días sí son históricos. Porque la épica cotidiana de la gente sencilla es que los servicios públicos funcionen, no la ensoñación de este o aquel político iluminado. Lo histórico es que se salven vidas, que se acceda a la educación, que se acompañe en la senda que elija cada uno en el acceso a una vivienda, o en la de formar una familia. 

Por todo ello, Cataluña necesita presupuestos. Es algo de sentido común y, si no, tomen un café un día con ese director financiero. Sus confesiones frente a la esclerosis administrativa les convencerán.