El corazón de Barcelona vio gestarse esta semana una amistad que extraña a propios y a ajenos. Prueba de ello han dado las redes sociales de este medio. "No hay quien lo entienda", "que alguien me explique este binomio", reaccionaban con estupor los instagrammers. "¡Vivir para ver!"

Reacciones coherentes al tratarse, nada más y nada menos, que de Manuel Valls y Pilar Rahola. No eran precisamente sospechosos de ser amigos. Ambos protagonizaron momentos extravagantes en el procés, generalmente por la obsesión de la contertulia a opinar, motivo por el que algunos platós se la rifaban.

El francés tiró de talante para olvidar sus desaires. Como el burdo "vete a la merde" de 2018, cuando el exprimer ministro galo afeó presiones a la justicia por la situación de los líderes independentistas en prisión preventiva.

La amiga de Carles Puigdemont seguía sin enterrar el hacha de guerra dos años después; en la televisión pública catalana, lo imitó haciendo gestos propios de un estirado y convirtiendo las erres en ges.

"Este, cada vez que algo le va mal, va saltando de país para ver dónde puede hacer política", le espetó después de que Valls tachara en una cadena francesa de "excluyente" el uso que se hace de la lengua en Cataluña. "¡Venga aquí a decírmelo!".

La hemeroteca da aún una mayor profundidad a la evolución de estos dos personajes. Ríanse de Don Quijote y Sancho Panza cuando transitaron de la locura a la cordura en direcciones opuestas.

El francés tuvo su venganza en un programa de Jordi Évole. El periodista, en uno de sus juegos, preguntó al entonces candidato a la alcaldía de Barcelona si le pondría el nombre de una serie de pintorescos personajes a una calle de la ciudad.

Al mencionar a Rahola, se quedó a gusto; la definió como "la voz de un separatismo muy duro, incluso supremacista".

El pasado lunes, el francés participó del profundo homenaje que la comunidad judía le dedicó a Rahola en el Salón del Tinell. Dos besos y un largo aplauso para que la mediática aliada de Israel se congratulara desde el atril por estar "en el lado correcto de la historia".

Mal ha envejecido otro de los reproches de Rahola a su nuevo amigo, quien se dejó ver en una de las tantas manifestaciones por la unidad de España celebradas en la plaza Colón de Madrid, lugar de encuentro habitual de plataformas de extrema derecha.

"Muy bien, campeón, al ladito de los nazis", le dijo al hoy presidente honorífico de la nueva fundación Emet-Verdad contra el antisemitismo en Barcelona. Vaya historias se traen estos dos.