Con el mal gusto y la buena desfachatez que le caracteriza, el fugado de la justicia más famoso de España y expresident de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha culpado directamente a los partidos no nacionalistas del caos de Rodalies.
"En manos de los españoles las infraestructuras no funcionan. ¿Por qué? Porque no hay inversión", dice.
Podríamos argüir que, en puridad, las Rodalies siempre han estado en manos de españoles, porque los nacionalistas catalanes aún llevan DNI, les guste o no, pero no conviene perder el tiempo en semejante disquisición.
La frase es antológica. Por infame, claro, pero el personal, se sienta catalán, español o ambas cosas, ya está acostumbrado a este tipo de sandeces por parte del líder de Junts.
Achacar a Salvador Illa, que lleva como president menos de año y medio, los problemas de las infraestructuras en Cataluña es tan serio como achacarle los problemas de las infraestructuras --si es que los hay, perdonen la ignorancia-- de Groenlandia, por citar un sitio de moda.
Porque, más allá de argumentos basados en fanatismo identitario, es obvio que el problema proviene de mucho antes de que Illa llegase a la Plaça de Sant Jaume.
Y es igualmente notorio que, en 16 meses, es imposible remediar todos los errores, que no serán pocos ni pequeños, de las infraestructuras catalanas.
Propongo a los compañeros de Crónica Global que, si no lo han hecho ya, repasen qué hicieron exactamente los insignes Artur Mas, el citado Puigdemont, Quim Torra --ese hombre-- y Pere Aragonès durante sus años en el Palau de la Generalitat para mejorar las Rodalies. Igual nos llevamos alguna sorpresa.
La verdad es que, como explicaba en esta misma ventana Alejandro Tercero, y como sabe toda Cataluña menos la de obediencia ciega, los trenes nunca han estado entre las principales preocupaciones de los dirigentes nacionalistas, seguramente porque estaban más ocupados en construir su nación nonata.
Desde Euskadi les puedo contar que, a finales de 2024, el Gobierno vasco asumió la gestión de cinco líneas de Cercanías ferroviarias transferidas a Euskadi por los acuerdos entre ambos Ejecutivos.
Trece meses después, lo cierto es que los trenes y los viajes están tan bien o tan mal como estaban antes. Nada relevante ha cambiado. Porque las vías, los maquinistas o las catenarias no entienden de patrias románticas.
