Vueling develó ayer su plan de crecimiento para los próximos diez años en Barcelona. Una hoja de ruta que incorpora cifras tan determinantes como una inversión de al menos 2.500 millones de euros en la capital catalana, por un total de 5.000 millones en una década, o un incremento de pasajeros del 50%, hasta los 60 millones de clientes al año.
Todo ello, complementado con un ambicioso plan para sustituir los aparatos Airbus por aeronaves del fabricante estadounidense Boeing. Unidades que, a su vez, permitirán ganar capacidad.
En síntesis, la aerolínea del grupo IAG no solo consolidará su actual posición de líder en el Aeropuerto de Barcelona-El Prat, sino que contempla fuertes inversiones para crecer y mejorar.
Ese esfuerzo, que llega de la mano del tejido económico local, contrasta con la estrategia cuasi chantajista de Ryanair, que recorta operativa ora aquí ora allá para tratar de amedrentar al operador aeroportuario para que reduzca las tasas.
Dicen los expertos que la aviación precisa de infraestructuras competitivas, sí, pero sobre todo de aerolíneas para llenarlas de contenido. Pues bien, El Prat ya tiene un operador local puntero que quiere desarrollarlo aún más.
Lo único que le falta es una mejor configuración para albergar aviones más grandes con comodidad, algo que ahora no es posible. Si la ampliación del aeródromo llega a buen puerto, las operadoras de largo radio podrán asignar más aviones --si las rutas son rentables--, algo que ayudará a la conectividad económica de la urbe.
A su vez, Vueling podrá alimentar esos enlaces transcontinentales con su tupida red de corto y medio radio. Será la simbiosis perfecta.
Por ello, cabe esperar visión y generosidad de las administraciones públicas para concretar y ejecutar la esperada ampliación de El Prat.
Si el sector privado cumple, y Vueling está demostrando que cumple con creces, las instituciones de todos deben acompañarlo en la senda de la creación de riqueza y empleo.
Por todo ello, me aventuro a dejar por escrito que con el plan de la compañía sobre la mesa, falta el acompañamiento del sector público. Se debe actuar para impulsar no solo a esta, sino a todas las aerolíneas que confíen en Barcelona y Cataluña y en su economía.
Tras el ejemplo de Vueling, pues, solo falta El Prat.
