Difícil, muy complicado. Cataluña lleva cinco años casi sin gobierno en materias importantes. Los altos funcionarios y los políticos responsables de determinadas áreas se han limitado a firmar durante meses para que la administración no se parara del todo, pero no han gobernado en el sentido clásico del término.
No gobernar en educación, sanidad, seguridad, por ejemplo, cuando además se perciben recursos públicos, retribuciones, dietas y salarios, constituye también un fraude a la sociedad que ha elegido a sus representantes. Y eso, en mayor o menor medida, también está sucediendo prácticamente desde 2010. Los de la coleta les llaman casta, pero son una tecnoestructura que se aprovechan de las normas de juego colectivas y democráticas.
Mas no aguantaría en una empresa: lleva cinco años vendiendo humo, pero no ha vendido una escoba
Lo que ha querido decirle Joaquín Gay de Montellà a Artur Mas es que se deje de nuevas excursiones a la búsqueda de la gran coartada y que ponga manos a la obra. De algo, de lo que sea. Que el presidente de los empresarios de Foment del Treball le diga al presidente en funciones que gobierne, incluso aunque no coincida con sus tesis, es muy sintomático de cómo se ve desde posiciones no sentimentales la situación que se vive en Cataluña.
Mas es un político. Si fuera un ejecutivo de una empresa, al que los objetivos le dieran una parte del salario, probablemente estaría fuera de la organización. Ha vendido humo durante cinco largos años, pero no ha vendido una escoba.
¿Cuánto tiempo más podremos superar sin política industrial? ¿Si no hubiéramos estado tapados por el debate soberanista, qué dirían los profesionales de la educación de cómo se ha iniciado el curso escolar en relación a los barracones o las tasas universitarias? ¿Y del mundo universitario y su inserción con las necesidades y demandas futuras de las empresas? ¿Hablaríamos quizá del estado de algunas infraestructuras catalanas? ¿Podemos ser capaces de mantener el debate político que sea mientras las cosas del día a día hacen funcionar el país?
Me cuento entre los pesimistas que opinan que Cataluña marcha por una inercia administrativo-burocrática alejada de la política de los últimos cinco años. Pero avanza a trompicones, sin criterio ni filosofía política. Se atisba un escenario de inminentes elecciones, un nuevo día de la marmota.
Hacen más algunos funcionarios autonómicos que muchos diputados puestos a hacerle un favor al país. Si fuera independentista pensaría igual: hagan lo que quieran en materia política pero no abandonen la Cataluña real a su suerte. No más parón, no más cloroformo identitario para responder a todo y sobre todo. La ciudadanía se merece que se ganen el sueldo que se les paga.