Tras tumbarse los decretos Maricarmen, igual se anima a convocar elecciones. Eso dicen algunos en el entorno de Pedro Sánchez. Estaríamos entonces en una situación de ahora o nunca, y aunque el interesado es claramente partidario de la segunda opción, puede que no le quede más remedio que adoptar la primera.

Más que nada, porque siempre es mejor ir a las urnas disfrazado de paladín del pueblo preocupado por la vivienda de la ciudadanía que hacerlo justo después de que hayan trincado a tu hermano y a tu mujer por tráfico de influencias o al día siguiente del encarcelamiento de tu secretario general y su fiel secuaz, el parte troncos (por no hablar de una convocatoria de elecciones dos días después de que un regimiento de moros mojados te invada una parte del territorio nacional).

Por el contrario, convocar elecciones después de que la derechona te haya tumbado el decreto de marras, y con las masas progresistas cabreadas y ocupando la madrileña Puerta del Sol, puede que las cosas hasta te salgan bien.

O, por lo menos, no tan mal como te mereces después de no haber hecho nada con el problema de la vivienda durante tus ocho años de Gobierno. De momento, ya has logrado que el progresismo no hable de lo de Ceuta, convirtiendo a quienes les preocupa la situación en una pandilla de fachas irredentos.

El otro día, en la Puerta del Sol, mientras ondeaba una bandera palestina, unas chicas retiraron una bandera de Ceuta que alguien había colgado.

Según ellas, porque había que estar del lado de los migrantes, aunque estos fuesen una turba enviada por Mohamed VI a jorobarnos (por no hablar de los violadores y delincuentes que se colaron en la expedición).

Como todos sabemos, el progresismo programa solidaridades exclusivas. Si estás con Palestina, no puedes perder el tiempo con Ucrania, y así sucesivamente. Ahora toca la vivienda, con la pobre Maricarmen de santa laica, y no hay que hablar de nada más.

Otro logro de Sánchez ha sido conseguir que parezca que toda la culpa de los problemas de la vivienda la tenga Isabel Díaz Ayuso, responsable de muchas desgracias de los madrileños, sí, pero no en exclusiva de la crisis habitacional.

Que la mayoría de los acampados la tome con la oposición en vez de con el Gobierno de la nación, que no ha hecho nada para conseguir que puedan alquilar un pisito a un precio decente, tiene un mérito tremendo. Como también lo tiene, por otra parte, que una vicepresidenta del Gobierno azuce a las masas a emprenderla contra una administración de la que forma parte, lo cual también ha sucedido gracias a Yolanda Díaz, partidaria, al parecer, de estar en el poder y en la oposición.

Como la población tiene una memoria digna del pez Dolly y parece incapaz de recordar nada que sucediera más allá de anteayer, las posibilidades de Sánchez para volver a ganar las elecciones son más ahora de las que habría tenido justo después de la detención de Ábalos, el hombre que era feminista porque era socialista.

Aunque muchos lo den por muerto, Sánchez, con sus birriosos decretos ley sobre la vivienda, que empeoraban aún más la coyuntura, podrá encabezar una peculiar revuelta desde el Gobierno, a lo habitacional Yolanda Díaz, contra el fascismo que nos invade, que nos impide tener una casa y que tiene la cara de Feijóo o la de Ayuso.

De nada le ha servido al alcalde Almeida conseguir que Maricarmen pueda volver a su piso junto al Retiro pagando lo mismo que pagaba antes. Nadie se lo ha agradecido, y los acampados de la Puerta del Sol siguen pidiendo su cabeza.

No se sabe por qué artes de prestidigitación, el Gobierno ha conseguido que parezca que no tiene ninguna responsabilidad en el desastre de la vivienda, aunque haya hecho la vista gorda con los fondos buitre y con tanto casero implacable y oportunista.

Una buena campaña prometiendo casas para todos y puede que nos caigan cuatro años más de sanchismo.

Convoca elecciones, Pedro, convoca elecciones antes de que salga más mierda sobre ti y tus minions. La ocasión la pintan calva. Y sin casa.