Gracias a la ya célebre Maricarmen (o Paquita, según Carlos Bardem), el gobierno, la oposición, los artistas comprometidos y la sociedad en pleno han descubierto que en España se desahucia. Si me lo permiten, se me antoja una actitud muy similar a la del capitán Renault en el casino de Casablanca, cuando se quejaba del juego ilegal mientras se hacía con su comisión. Y es que sí, lo de la pobre señora de 78 años que tuvo que abandonar su casa en camilla es muy triste, pero no es el único caso de desahucio perpetrado en España durante los últimos tiempos. Sin ir más lejos, a mí me echaron hace unos meses (un fondo buitre) de mi pisito en el Ensanche barcelonés y aún estoy esperando que venga Ana Belén a cantarme La Puerta de Alcalá y recitarme un poema de Rafael Alberti. Aún más: no hace mucho, en Barcelona, una mujer se suicidó poco después de ser desahuciada y no hubo manifestaciones a su favor, ni conatos de parar el desahucio, ni aparición de Ana Belén ni discursito de Carlos Bardem, aunque se equivocara con el nombre de la expulsada.
Me pregunto por qué la mayoría de desgracias pasan desapercibidas y solo algunas concitan el interés popular y de los medios de comunicación. He llegado a la conclusión, no muy original, de que lo que funciona comercialmente es lo que tiene alguna utilidad política. En el caso Maricarmen, hemos podido comprobar cómo el desalojo de la anciana ha servido básicamente para que PSOE y PP se echen mutuamente la culpa del desaguisado, cuando lo cierto es que ni uno ni otro ha hecho nada al respecto durante los últimos años. El PSOE ataca a la derecha y la extrema derecha, como suele, aunque la ley que ha permitido expulsar de su domicilio a Maricarmen es de 1994, cuando el último gobierno de Felipe González (y ahora se agarra a un benéfico decreto ley que la derechona habría boicoteado por pura maldad).
Como en Madrid, todo lo malo que ocurre es por culpa de la señora Díaz Ayuso, esta mujer ha vuelto a la palestra con la rocambolesca historia del ático (que a mí me suena a mangancia del novio, o ex novio), obligando al alcalde Almeida a decir que le había propuesto una residencia a Maricarmen en Alcalá de Henares que está habría rechazado con la excusa de que le caía lejos (realmente, cuando pagas 500 pavos por un piso al lado del Retiro, cualquier alternativa te resultará insultante), aunque peor estará en el piso de ese primo que tiene en Segovia y que mide 55 metros para cuatro personas, cinco contándola a ella).
A falta de residencia, el PSOE agita su decreto ley presuntamente saboteado por la derecha y la extrema derecha. Mientras tanto, una famosa escritora que prefiere mantenerse en el anonimato se ofrece a pagar el alquiler de Maricarmen, pero los propietarios del piso no aceptan. Todas las declaraciones del PSOE y del PP consisten en cargarle el muerto al adversario.
Y como éramos pocos, parió la abuela. Además de los políticos de los dos principales partidos españoles, se apuntaron a la fiesta fenómenos como Irene Montero (que se las tuvo con un mando de la policía nacional que la envió a pastar después de que Irene le recordara que era eurodiputada, versión actualizada del "Usted no sabe con quién está hablando" de toda la vida de Dios) y Ada Colau, que ya está en campaña permanente desde que anunció su regreso a la política.
Más los artistas comprometidos. No se me ocurre nada más cruel que enviar a Ana Belén a darle la brasa a una pobre desahuciada (aprovechando, además, para recordar un viejo hit): ¿dónde está el defensor del pueblo cuando se le necesita?
Y el pueblo más o menos llano, con toda su buena intención, contribuyendo con entusiasmo a la farsa. Evidentemente, dentro de un par de días, Maricarmen se la soplará a todo el mundo. Pero los políticos encontrarán nuevas excusas para tirarse los trastos por la cabeza, tratando de que olvidemos que ni unos ni otros han movido un dedo para evitar desgracias: no han limitado el precio de los alquileres, les han abierto de par en par a los fondos buitres las puertas de nuestras ciudades, han prometido cosas muy razonables que no tenían la menor intención de cumplir y han seguido con sus riñas, sus pullas y sus insultos, que es lo que realmente les interpela.
Es curioso que vivan de espaldas a la sociedad quienes se supone que aspiran a mejorarla, ¿no?
