Ramón de España y una imagen de la inauguración del Mundial 2026, en el estadio Ciudad de México
Lo importante es el fútbol
"Con la cantidad de iniciativas que se ponen en marcha en contra de algo, me extraña que no se haya producido ninguna contra el fútbol"
Se acaba la visita del Papa, pero el entretenimiento de las masas debe continuar, the show must go on, y aquí está ya el Mundial de Fútbol, que empezó el jueves en México (o Méjico, si eres Isabel Díaz Ayuso).
Hace solo unos días, en París, la victoria del equipo local propició una ola de violencia y vandalismo que acabó con 600 detenidos, un muerto, coches ardiendo y mobiliario urbano destruido.
Pero nos olvidamos del asunto en cuestión de horas, como si tuviéramos asumido que la salvajada urbana es la consecuencia natural del encuentro entre dos equipos rivales. Los 600 detenidos ya habrán sido puestos en libertad, el muerto habrá sido enterrado o incinerado y al que le quemaron el coche, que se apañe con los de su seguro. Lo mollar de la situación es que ganó el París Saint Germain y al que no le guste, que se joda. Y al que no le interese el fútbol en general, que se joda aún más.
Con la cantidad de iniciativas que se ponen en marcha en contra de algo, me extraña que no se haya producido ninguna contra el fútbol. Estamos rodeados de antitaurinos cuando en las corridas nunca se muere nadie, a excepción del toro o, a veces, el torero (esta muerte les parece muy bien a los antitaurinos, pues ya sabemos que a humanos no les gana nadie, sobre todo cuando se trata de animales: a sus congéneres con estoque les pueden dar mucho por saco).
Puede que no se cree ninguna plataforma contra el fútbol porque todo el mundo se ha sumado a la (falsa) creencia de que el fútbol solo es un deporte más, lo cual recuerda a esos americanos de la Asociación Nacional del Rifle que insisten en que son las personas las que matan, no las armas. Pero no es un deporte más: es el deporte que genera más violencia, a años luz del tenis o el golf.
Ya sé que es muy útil para quienes llevan vidas miserables y se desfogan los domingos (sin fútbol, igual entrarían en la oficina disparando contra todo lo que se mueve). ¿Pero no les basta con berrear como animales durante dos horas y luego tomarse unas birras con los colegas? ¿Es necesario prender fuego a la ciudad en que viven, acabar detenidos y, si les dejan, matar a alguien?
El fútbol requiere una reflexión colectiva que no hacemos nunca. Sin necesidad de romper nada, hay gente que arruina la corrección esperada en cualquier audiencia pitando el himno de su propio país, que no reconocen como tal. A la primera provocación, debería haberse suspendido el partido. No se hizo y ahora, pitar el himno nacional es una muestra más de libertad de expresión asumida ya por todo el mundo, empezando por los que deberían controlarla.
Aquí, lo importante es el fútbol, y nada puede impedir que se celebre un partido, aunque los hooligans se estén matando mutuamente en un rincón del estadio. El fútbol está por encima de todo. A lo sumo, arqueamos una ceja y pensamos que es un deporte para gañanes del que solo se puede esperar lo peor.
No hacemos nada, aunque la cosa supere el problema de mala educación que es la pitada de un himno. Véase lo de París, ya olvidado al día siguiente. Y ahora, lo que toca es animar a la selección nacional.
Si vuelven a producirse disturbios, si se vuelven a quemar coches, si alguien acaba muerto (¿alguien recuerda lo del estadio de Heysel?), si la insania futbolística se ha extendido por cualquier ciudad, lo consideraremos gajes del oficio y seguiremos enganchados a la pantalla del televisor. Tenemos un problema con el fútbol, pero insistimos en negarlo. Algo que hace feliz a tanta gente, no puede ser malo, ¿verdad?
Hay algo en el fútbol que mueve a pasarse por el forro cualquier norma de convivencia. El muerto de París es un extremo, pero los berzas del himno pitado y los abusones que circulan en coche por la ciudad, tocando el claxon sin que la policía local los ponga en su sitio, son el pan nuestro de cada día. Como a ellos les mola el fútbol, dan por sentado que a los demás también. Violencia y falta de respeto: las principales señas de identidad del fútbol.
El Gobierno español ha perdido la batalla contra los pitahimnos (si es que alguna vez se la planteó). La Guardia Urbana de mi ciudad se pasa por el arco de triunfo las normas de circulación cuando gana el Barça. El Gobierno francés apenas ha abierto la boca tras el desastre parisino. Lo cual indica que las cosas van a ir a peor. Nadie se pregunta por qué el fútbol genera lo que genera, salvo algún psicólogo en solitario. El horror está a la vista de todos, pero nadie quiere verlo. Poco nos pasa.