Ramón de España opina sobre los partidos considerados de izquierda en España
¡Un paso adelante!
"Si Ada Colau se propone unir a las izquierdas, vamos aviados. Aunque también es verdad que no hay mucho más donde escoger"
Cuando me enteré de que la izquierda a la izquierda de la izquierda del PSOE había decidido bautizar su conato de unión con la frase del título, lo primero que me vino a la cabeza fue la canción One step beyond, del grupo británico Madness, y hasta me pregunté si la utilizarían para sus posibles anuncios políticos (pese a sus sonidos de chirriante saxofón y su tono ligeramente humorístico, circense e infantil).
A continuación, recordé un chiste de cuando el franquismo que, probablemente, resulta más adecuado para la nueva iniciativa de nuestra pseudoizquierda disparatada: un preboste del régimen se dirige a su público y anuncia: “Estábamos al borde del precipicio, pero ahora hemos dado un paso al frente”.
Las ideacas de nuestra izquierda a la izquierda de la izquierda de la izquierda (sea eso lo que sea ya, a estas alturas del curso) son para echarse a temblar. Y con este intento modelo la-unión-hace-la-fuerza, me temo que no se puede hacer una excepción.
La cosa venía viciada de origen, con un líder autoproclamado, Gabriel Rufián, que no contaba con la aprobación ni de su propio partido. Luego se le descolgaron los separatistas (que, por motivos que se me escapan, suelen ser incluidos en el sector progresista de la sociedad). Y, después, lo que quedaba (es decir, los comunistas), tampoco le dio el visto bueno a Rufi y nuestro hombre se quedó colgando de la brocha.
Se suponía que Yolanda Díaz daría ese paso adelante y se pondría al frente de todas las izquierdas a la izquierda de la izquierda pero, en vez de eso, dio un paso al lado, dijo que no se veía con ánimos para acometer la tarea (y la comprendo), y dejó libre el puesto de mando.
Poco después --y aquí es cuando la cosa se pone realmente cruda--, apareció Ada Colau y no dijo ni que sí ni que no, pero que se lo pensaría, dado que no pierde una oportunidad de socializar el sufrimiento y siempre se puede hacer más daño a la izquierda (tal como la conocimos algunos) a nivel nacional que a nivel municipal (y, de paso, sopapo para Rufi).
Ada siempre dice que se retira discretamente, pero nunca lo hace. Poco después de jubilarse de la PAH, aseguró que no albergaba ulteriores ambiciones políticas. Pero se presentó a la alcaldía de Barcelona y, lo que es peor, la ganó, tirándose ocho años al frente del ayuntamiento en los que el precio de la vivienda (compra y alquiler) no dejó de subir.
Cuando perdió las elecciones, pareció que esta vez sí se iba a tomar unas largas vacaciones, pero acabó dando señales de que seguía en lo suyo cuando se embarcó en aquella Flotilla Maravilla de presunta ayuda a Gaza tan llena de activistas que no quedó sitio en los barcos para comida.
Ahora ha visto que quedaba libre la plaza de líder en el nuevo frente popular y ha hecho correr la voz de que igual aspira a él (previamente, se trajo a Gerardo Pisarello de Madrid, a donde lo había enviado para socializar el sufrimiento junto a Jaume Asens, y se fue con él a visitar al pobre Bob Pop y conminarle a que no se presentara a las primarias de los Comunes, de las que salió convenientemente machacado).
Si Ada Colau se propone unir a las izquierdas a la izquierda de la izquierda del PSOE, vamos aviados. Aunque también es verdad que no hay mucho más de donde escoger: Urtasun está muy ocupado descolonizando museos que no ha visitado nunca (¡por fachas!), Maíllo es un tirillas que aburre a las ovejas, Errejón vive abrumado por las denuncias de violación, Monedero lleva deprimido desde que extrajeron a su amigo Maduro del palacio presidencial de Caracas y Sarah Santaolalla se conforma con presidir la Comunidad de Madrid, animada por el tabernero Iglesias (que ahora va a ampliar su rebaño gracias a Movistar; ¿qué será lo próximo?: ¿El Toro TV, para compensar?)
Las izquierdas tradicionales españolas nunca han sabido unirse ni organizarse para nada. Así perdieron la Guerra Civil. Y nuestras (presuntas) nuevas izquierdas solo conservan de las viejas la incapacidad para defender sus objetivos en teoría comunes.
La única manera de salvar los muebles de la izquierda española sería un motín en el PSOE que incluyera la ejecución (preferiblemente metafórica) de Pedro Sánchez y su infame pandilla. Pero no parece que eso vaya a suceder en breve. Y mientras tanto, PP y Vox se relamen ante el panorama catastrófico de lo que hoy se entiende por izquierda en España y que tanto les va a ayudar a llegar al Gobierno de la nación.
¿Un paso adelante? Más bien un paso al frente al borde del precipicio.