Paellas sin fronteras

Ramón de España
4 min

En esta vida no se puede estar siempre disponible para todo. Fijémonos, una vez más, en esa mujer fascinante que es Pilar Rahola. Seguro que le hubiese encantado visitar el Open Arms para alimentar a los negritos junto a Richard Gere (no descarto un conato de seducción patriótica, pues el actor está casado con una española), pero había que elegir entre eso y la paella en Waterloo, así que se tuvo que sacrificar y atender a la llamada del deber. Entre otras cosas, alguien tenía que hacer la paella de marras, dado que el pobre Trapero no quiere volver a ser visto con Puchi en lo que le quede de vida. Y subir las fotos a Instagram para fardar de sus encuentros con gente importante, claro.

De todos modos, uno tiene la impresión de que en la comilona de Waterloo faltaba gente. Sí, estaba Matamala, pero alguien tiene que barrer y fregar el palacete y no se va a encargar de ello el presidente en el exilio de la república catalana. Y Valtonyc, rústico mallorquín convertido en la mascota oficial de los exiliados. Y hasta un batasuno vasco con pinta de comer por tres. ¿Pero dónde se habían metido, sin ir más lejos, Cotarelo y Talegón, Agencia de Intoxicación? Espero con ansia los tuits de Cotarelo quejándose del feo que le han hecho, ¡a él, que es el pelota primero de Puchi! ¿Dónde estaban el mosso independentista Albert Donaire y el agitador histérico Mark Serra Parés? (convenientemente disfrazados de pubilla, podrían haber interpretado a los postres aquello tan bonito de Rosó, Rosó, flor de la meva vida). ¿Y Lluís Llach? Está muy bien versionarle en la sobremesa --junto a Sopa de Cabra, los Stones de Girona--, pero no me parece suficiente. La celebración, francamente, ha quedado un pelín deslucida con tantas y tan notables ausencias: por no estar, no estaba ni Quim Torra, quien parece estarle perdiendo el gusto a lo de ejercer de la voz de su Amo.

Así no hay manera de competir con la Fiesta de la Rosa de Montecarlo. Por lo menos, podrían haber echado de comer a esos flamencos de extrema derecha que han salido del parlamento belga y que no deben tener donde caerse muertos. Con esa birria de fiestorro, hasta los de El Nacional se las han visto y deseado para aparentar que el encuentro era todo un acontecimiento, aunque nadie de Hola, Lecturas o Vanity Fair se haya tomado la molestia de cubrirlo. Ha habido que echar mano de las inevitables fotos de Puchi preparando el alioli y haciendo como que toca la guitarra, que están más vistas que el TBO.

Esto no puede seguir así. A este paso, el año que viene la cosa va a parecer un funeral de tercera. Si es que no ha habido que abandonar la mansión de Waterloo por algo menos oneroso en un barrio de Bruselas trufado de yihadistas. La república catalana será glamurosa o no será.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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