La CUP y el amor de madre

Ramón de España
6 min

Si me sobrara el dinero, contrataría a un exhibicionista --o a un demente, que viene a ser lo mismo-- para que se paseara por la Plaza de Sant Jaume desnudo y con un lacito amarillo en las partes pudendas. Me gustaría ver la reacción de los mossos que custodian la Generalitat. ¿Lo detendrían por escándalo público o lo felicitarían por su patriotismo? Puede, incluso, que no supiesen qué hacer y se fueran a consultar el asunto con Quim Torra, si es que ese día no estaba en Waterloo o en el Aplec del cargol de Vilamerda de l'Arquebisbe, que es lo más habitual. Imagino a nuestro conducator suplente sufriendo un cortocircuito en su mente --ya de natural obtusa y espesa-- ante la disyuntiva: ¿lo detengo por guarro o le concedo la Creu de Sant Jordi? ¿Cuál es aquí la prioridad, el decoro o el patriotismo? Mmmm, no descarto una llamada a Waterloo antes de tomar alguna decisión...

La CUP también se enfrenta a contradicciones de este jaez. Fijémonos en la ex diputada Mireia Vehí, que le está echando una manita electoral a su santa madre, Consol Cantenys, que se presenta en Vilafant (provincia de Gerona)... ¡por el PSC! Como en el hipotético caso del nudista con el lacito en la chorra, aquí se nos plantea una disyuntiva de madre y muy señora mía: ¿debe imponerse la ideología al amor materno filial, origen de cualquier clase de sororidad que se precie? ¿Debería Mireia dedicarse a reventarle los mítines a la autora de sus días, recordándole a gritos que su partido suscribió la aplicación del 155? Eso pensarán los más radicales de su partido, pero el amor se ha impuesto a la radicalidad en esta tesitura: Mireia hasta habla en los mítines de la señora Cantenys, pero sin decir que esa señora sociata es mamá, pues se presenta como ex diputada y varias cosas más, ninguna de las cuales es “hija predilecta de la candidata”.

En la CUP están que trinan, pues se han recibido instrucciones de la superioridad de no cooperar en lo más mínimo con la pandilla basura del pelacañas de Fachín --que ya no sabe qué hacer para vivir del erario público y se lía con el Partido Pirata y lo más cerril de la CUP--, ya que el partido, oficialmente, no se presenta a unas elecciones españolas. Los hay que piden un castigo ejemplar para la pobre Mireia, especialmente porque gente de la CUP sí se presenta en Vilafant y ella se dedica a jalear a una candidata del PSC. ¿Pero esta gente no entiende el amor de madre? ¿Qué quieren, que Mireia le envíe anónimos diciéndole que la fusilarán cuando ganen los suyos? ¿Acaso han olvidado aquella canción de Gaby, Fofó y Miliki que aseguraba que “no hay nada más bonito que la familia unida, unida por los lazos del amor”?

Me temo que este lío viene a sumarse a ese sálvese quien pueda que se registra últimamente en la alegre pandilla del señor Riera. Mireia Boya se ha largado aduciendo abuso psicológico de alguien al que se resiste a denunciar, como sería su obligación, y ya hay quien se huele que está tramando pasarse a ERC, que es ahora lo que Convergència fue en los buenos viejos tiempos. Quim Arrufat se va sin dar explicaciones, que si eso, ya dirá algo después de las elecciones. ¿Otro que se fuga a ERC? No sería tan extraño. A los políticos les gusta prosperar, y en la CUP no se prospera gran cosa. Fíjense a qué edad provecta ha llegado Riera para, total, ejercer de monitor de boy scouts soberanistas (la plaza de presidente del club de fans de Xirinacs debía de estar cubierta).

No sé si Mireia Vehí planea pasarse al PSC, pero lo dudo. Lo suyo es amor a su progenitora, y meterse con ella por cuestiones ideológicas resulta de lo más mezquino. Si a la pobre solo le falta un tatuaje de presidiario, de esos que pone Amor de madre sobre un corazón. Canta conmigo, Mireia: All you need is love, all you need is love, love is all you need...

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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