Ramon de España opina sobre el 'procés' y el auge de Aliança Catalana
Ahora somos Subcarpacia
"El auge de Aliança Catalana solo puede entenderse como prolongación y consecuencia del 'prusés'"
Durante los alegres tiempos del prusés, el lazismo adquirió la costumbre de fijarse en otros lugares del globo en los que prendía la llama independentista. Así fue cómo llegamos a ser Kosovo, tras haber sido, en semanas previas, Irlanda, Escocia, Nueva Caledonia o Sudán del Sur (previamente, el Astut Mas nos había prometido que, tras la separación de la sucia y maloliente España, Cataluña se convertiría en la Dinamarca del sur).
Cuando pasó la euforia, nos quedamos como estábamos, siendo una región más o menos acomodada del reino de España, pero, ¿y lo bien que nos lo habíamos pasado comparándonos con realidades que no tenían nada que ver con la nuestra? A fin de cuentas, los catalanes tenemos fama de agarrados y soñar no cuesta dinero.
El pasado domingo, La Vanguardia publicó los resultados de una encuesta aterradora en la que destacaba el crecimiento exponencial en intención de voto de Aliança Catalana (AC), el partido de la matamoros de Ripoll, Sílvia Orriols, llegando al extremo de poder sacar en unas próximas elecciones los mismos escaños que el PSC. Es decir, convirtiéndose en la segunda fuerza política de Cataluña. O en la primera, dado su empate a 30 escaños con los sociatas.
Las primeras reacciones no incluyeron comparaciones con otros países, pero este diario se tomó la molestia de buscar una región extranjera en la que el facherío respirara tan tranquilo como aquí y la encontró en Polonia, concretamente en Subcarpacia, feudo del partido (ligeramente escorado a la derecha) Paz y Justicia, que suele ganar ahí las elecciones con más de un 60% de los votos. Ya tenemos, pues, slogan para los lazis en busca de un ejemplo internacional: “Ahora somos Subcarpacia”.
Por otra parte, el auge de Aliança Catalana solo puede entenderse como prolongación y consecuencia del prusés. Y sus votantes son los que les cogieron manía a Puchi y al beato Junqueras por su actitud cuando empezaron a pintar bastos de verdad con España. Que el uno se diera el piro a Bélgica y que el otro se dejara entrullar en castellano y saliera de la cárcel más lustroso de lo que entró no fue del agrado de la masa independentista (o de lo que quedó de ella tras la aplicación del 155, que no mostró una gran capacidad de resistencia mientras el sueldo siguiera llegando puntualmente a su cuenta bancaria).
Poco a poco, la matamoros de Ripoll fue fichando a ciudadanos decepcionados con el procesismo, ofreciéndoles al mismo tiempo la posibilidad de arrancarse la careta democrática y dar rienda suelta a su racismo, su supremacismo y su animalidad patriótica. Así se comió AC la merienda de Junts, que se hunde claramente en el sondeo del conde de Godó.
Y mientras Junts se interna en la irrelevancia, el PSC también ve cómo se le fugan los votantes. Puede que algunos hacia AC, pero la mayoría hacia su domicilio, cansados de ver cómo Salvador Illa habla y promete, pero no pone en marcha casi nada de lo que dice, contentándose, al parecer, con cimentar su imagen de buen chaval, muy de misa, que hace lo que puede porque el que hace lo que puede no está obligado a hacer más.
En cualquier caso, la progresiva potencia de AC demuestra que Cataluña quiere seguir siendo la piedra en el zapato de España. Y que los catalanes nos superamos a la hora de amargarles la vida a nuestros compatriotas (sobre todo, a los que viven en Cataluña). Por no hablar de lo rancios que somos, capaces de creer en un partido anacrónico de tintes más medievales que los nombres de las hijas de la señora Orriols.
Si la vieja Convergència ya apuntaba maneras como partido fascista, Aliança Catalana lo es sin ambages. Y esta tierra, siempre definida como progresista por la izquierda y la extrema izquierda, nuestras dos variantes de la pseudoizquierda, se retrata bajo una luz no muy favorecedora con su apoyo a la matamoros de Ripoll, hasta el punto de convertir esto en la Subcarpacia del Sur.
Puede que nos gustara más ser una Dinamarca con sol y playa, pero habrá que conformarse con ser la región hermana de la Subcarpacia. Que Dios nos coja confesados.