Decía Manuel Vázquez Montalbán que el Barça era el ejército de Cataluña (o algo parecido). Yo creo que, una vez más, se equivocaba.
El auténtico ejército catalán (entendido como la puta base) lo han formado siempre los excursionistas, no en vano ha sido en Cataluña donde las chorradas militaristas del coronel Baden Powell más han calado entre la población española (a su pesar).
Cuando yo iba al cole, allá por el pleistoceno, los boy scouts brillaban con luz propia, sobre todo en comparación con la OJE, que era lo mismo, pero en falangista y español.
Aún recuerdo cuando mis padres me amenazaron con enviarme un verano a un campamento de la OJE, dado que el excursionismo catalán les parecía un arma del separatismo (algo que, con el paso del tiempo, llegué a la conclusión de que era cierto, pero en la época, yo creía que los boy scouts de casa eran una asociación progresista, sobre todo en comparación con los fachas de los falangistas).
Finalmente, no me enviaron a ninguna parte, ya que mis padres eran ricos en ideas de las que luego se olvidaban. Y así fue como me convertí en uno de los pocos muchachos de mi generación que se libraron de los falangistas y de los ceballuts.
Durante aquellos años y los siguientes, militaron en el escultismo catalán la mayor parte de los políticos que tuvimos que soportar durante la democracia, con los resultados de todos conocidos.
Ya adultos, nuestros boy scouts pasaron por el PSUC y Bandera Roja y se propulsaron a colocarse extremadamente bien en la sociedad catalana. Uno de ellos hasta llegó a Defensor del Pueblo, aunque solo se defendía a sí mismo y a la novia que tenía en su oficina y a la que llevaba a ver mundo en sus viajes oficiales.
Puede que el escultismo no alcance actualmente las cotas de popularidad de las que disfrutaba en mi infancia, pero el procesismo sabe que siempre puede contar con él cuando lo necesita.
Pensemos en el numerito de luz y de color que la ANC prepara para la noche del tres al cuatro de octubre en el Montseny, ideado para celebrar la independencia de los ocho segundos que nos regaló el ínclito Carles Puigdemont (¿tardaría aún menos en meterse en el maletero del coche que lo trasladó a Bélgica?).
Esa noche, entre el Turó de l´home y Collformic, 60 puntos de luz recordarán la fallida independencia de 2017, pues ya se sabe que nada nos gusta más a los catalanes que recordar las fechas en que nos dieron más palos que a una estera.
¿Y quién colocará las lucecitas? Lo adivinaron: los excursionistas.
Se calcula que 15 grupos de boy scouts de diferentes edades (dos o tres por grupito) se lanzarán a triscar por el monte para plantar las luces en el sitio designado. Y ahí se quedarán toda la noche, pudiendo ser vistas en toda la comarca (o eso asegura la organización).
Supongo que al día siguiente se aplaudirán a sí mismos y volverán a casa, a compartir con la familia un buen esmorzar de forquilla. Y convencidos de haber dado un paso de gigante hacia la liberación del terruño.
Mañana (y hasta el 2 de octubre), esta santa casa (junto a sus diarios hermanos Metrópoli Abierta y El Español) inaugurará la cuarta edición de Barcelona, desperta, foro de estudio y análisis de la actualidad barcelonesa, catalana y española en el que no se espera a ningún boy scout ni a nadie de la ANC. Es decir, un foro sobre la realidad, pues a esas cosas nos dedicamos los botiflers mientras los líricos patriotas catalanes se dedican a iluminar el Montseny.
Sí, es un trabajo sucio, pero alguien tiene que hacerlo. No todo el mundo puede vivir a perpetuidad en un ámbito poético y metafórico, como la ANC y los excursionistas: espero que no les llueva.
