Dios aprieta, pero no ahoga. El veredicto del TJUE llenó de esperanza a los lazis en general y a los fans de Carles Puigdemont en particular, pero, afortunadamente, enseguida llegó el triunfo de la selección española en el Mundial de este año y volvió el llanto y el crujir de dientes a las depauperadas filas de nuestros separatistas, aunque la selección estuviese trufada de jugadores del Barça (Colla de botiflers!). Ahora les toca tragar quina unos días, mientras continúa el jolgorio patriótico entre la afición (que los digitales del régimen califican de nacionalismo banal, supongo que para distinguirlo del nacionalismo catalán, profundo y trascendente que te cagas).
Pasará la alegría futbolística y algo me dice que seguiremos esperando a que Puchi se materialice en Barcelona. Lo único que nuestro hombre ha heredado de Josep Pla es la firme voluntad de no pisar jamás el talego, así que no se moverá de Waterloo hasta que pueda volver al terruño sin riesgo a pasar unos cuantos días a la sombra.
De la misma manera que un reloj parado da la hora exacta dos veces al día, el ministro Oscar Puente, cuyo cerebro no se mueve mucho, también acierta en lo que dice, aunque sea muy de vez en cuando y prácticamente nunca. Yo creo que tuvo razón el día de las conclusiones del TJUE, cuando dijo que Puchi debería volver a España y que fuese lo que Dios quisiera, que Europa está de su parte y todo lo que contribuya a chinchar o poner en problemas al estamento judicial es muy bien visto por el gobierno. ¡Bien por el Gran Simio! ¡Toma nota, Puchi! Como añadió el menistro, la gallarda aparición del Prisionero de Waterloo le haría ganar popularidad y puede que hasta que nuevos fans. No descarto que un acto de valor de Puchi hiciese cambiar de idea a tanto convergente como hay pasándose en masa al partido de la matamoros de Ripoll, Silvia Orriols, la del fino perfil tunecino.
Me ofende coincidir en algo con el señor Puente, pero yo también creo que Puchi debería dejar de hacer el cagueta en su peculiar exilio. Desde que se metió en el maletero, no ha llevado a cabo ningún acto que requiriese el más mínimo valor. Y mira que Europa no ha podido ayudarle más, desde que los alemanes se negaron a devolvérnoslo hasta la peculiar decisión del TJUE del otro día. Gracias a nuestra Leyenda Negra -que, al parecer, aún goza de buena salud en el continente-, Puchi ha ido hurtando su cuerpo al sistema desde que se dio el piro. ¿No le tocaría ya hacer algo por su cuenta?
Su aparición barcelonesa para jorobarle a Salvador Illa su toma de posesión duró menos que un suspiro. Visto y no visto. Un simple Zip in, Zip out, que diría Larry David, nada de Stop and chat. Y encima, con la más que posible ayudita del gobierno español a la hora de decirles a los maderos y picoletos de la frontera francesa que miraran hacia otro lado cuando pasara nuestro héroe. ¡Y, sobre todo, que no se les ocurriera revisar ningún maletero!
Dado el estado lamentable de Junts, una aparición de Cocomocho en Barcelona o Madrid daría vidilla al partido. Por no hablar de que pondría en un brete a los jueces que ordenaran su detención, sobre los que caería además la santa indignación del PSOE por no respetar al TJUE (y a sus siete votos). Sí, puede que pasara unos días entre rejas, pero es que eso también se puede aprovechar en propio beneficio: recordemos el juego que le dieron a Jordi Pujol los meses que estuvo en las mazmorras franquistas, a los que siempre recurría cuando tenía que resaltar su perfil progresista (o algo parecido).
La presencia en España de Puigdemont podría, incluso, insuflar algo de vida en el mustio paisaje independentista, que bien la necesita. Por no hablar del (breve) regreso al noticiero europeo, que siempre va bien para liarla un poco a nivel interno. Pero, claro, para eso hace falta cierto valor, que es algo de lo que Puchi no dispone. Hasta que no reciba una carta de los jueces Marchena y Llarena jurándole por Snoopy que no será detenido al volver a España, ese hombre no se mueve de su lujosa guarida.
Allá él. Diga lo que diga la canción, la distancia es el olvido, el dúo cómico Nogueras & Tururull da de sí lo que da y el personal se sigue fugando a Aliança Catalana. Y es que ser un líder político y un cagueta terminal no es compatible.
