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Ramón de España y, a la derecha, una fotografía de Pere Albó, exdiputado de Junts en el Parlament y exalcalde de Sant Feliu de Guíxols con el PSC

Ramón de España y, a la derecha, una fotografía de Pere Albó, exdiputado de Junts en el Parlament y exalcalde de Sant Feliu de Guíxols con el PSC Fotomontaje CG

Manicomio catalán

¿Por qué se volvió loco el señor A.?

"¿Qué le ocurrió al señor A.? Pues lo mismo que al señor R. de la película de Fassbinder, que ya no pudo más y el hastío le salió de la manera más grosera posible. Parece que, últimamente, se le acumulaban los problemas familiares, que le estaban afectando a la salud mental"

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Por qué se volvió loco el señor R. (1969) es una de las primeras películas del cineasta alemán Rainer Werner Fassbinder, que en paz descanse. La vi en la filmoteca de Barcelona hace un montón de años y, aunque no era el relato más ameno del mundo, su eficacia conceptual me llegó al alma.

Durante una hora y pico, lo único que sucedía en la pantalla eran sucesivas escenas cotidianas de la vida del señor R., un buen burgués que llevaba una vida apacible y aburrida a más no poder: el señor R. va a trabajar, el señor R. sale del trabajo, el señor R. almuerza en una cafetería, el señor R. lleva a los niños al colegio, el señor R. celebra el descanso dominical con su familia, y así sucesivamente, hasta que temes que la película siga en ese tono hasta el final.

Afortunadamente, cuando ya no puedes más del señor R. y su vida de mierda, el hombre se vuelve majareta perdido (o recobra la cordura, quién sabe) y se lanza a asesinar a los que le rodean hasta que la policía le echa el guante (o lo mata, ya no lo recuerdo). Fin.

Me acordé del señor R. la otra noche, mientras leía la noticia de ese exalcalde del PSC y exdiputado de Junts, Pere Albó, que se coló en un hotel del Maresme en el que no se alojaba, se plantó en la piscina, se hizo con una tumbona, se bajó los pantalones, se sacó la chorra y se lanzó a meneársela como si le fuera la vida en ello, ante la mirada espantada de las familias con niños que se habían acercado a la piscina del hotel para darse un chapuzón.

Algunos de los (comprensiblemente) indignados se erigieron en comité de linchamiento y la emprendieron a sopapos con el masturbador recalcitrante pero, afortunadamente, no llegó la sangre al río. Nuestro hombre, eso sí, mantuvo la posición, ya que siguió pelándosela mientras con la mano libre se agarraba al brazo de un chaval que tenía por allí cerca (no se sabe con qué intención). La llegada de la policía puso fin al espectáculo con la detención del enajenado.

¿Qué le ocurrió al señor A.? Pues lo mismo que al señor R. de la película de Fassbinder, que ya no pudo más y el hastío le salió de la manera más grosera posible. Parece que, últimamente, se le acumulaban los problemas familiares, que le estaban afectando a la salud mental.

Imagino años de sufrimiento en silencio, de disimulo, de comportarse como una persona normal, de acumular días y días de frustración y desasosiego… hasta que decidió ser él mismo y se plantó en el hotel Tahití de Santa Susanna, tal vez porque el complejo hotelero de su familia en la Costa Brava le caía algo lejos y el hombre tenía sus urgencias.

En octubre de 2025, el señor A. se retiró de la política para consagrarse a su trabajo como abogado y al negocio hotelero de los suyos.

Previamente, daba la impresión de ser el típico político veleta y trepilla que se deja llevar por el viento que más sopla: fue alcalde de Sant Feliu de Guixols por el PSC (entre 2007 y 2010) y vicealcalde por el mismo partido (2011–2015). Luego se pasó a una entelequia compinchada con Junts, MES (MovimentEsquerres), que le permitió ser diputado en el Parlamento catalán por los de Puchi (2021–2024).

De casa al ayuntamiento. De casa al Parlament. Comidas de Navidad y San Esteban. Excursión a Montserrat... Ya estoy viendo el remake de la película de Fassbinder. Un rollo del copón hasta que llega el gran momento, la súper paja en público, el conato de linchamiento, la detención por la policía, el hundimiento social, el liberador suicidio público, el instante de la verdad (o lo que Peter Handke llamaba El momento de la sensación verdadera).

Sí, lo sé, veo demasiadas películas. No sé si el señor A. comparte mi pasión por el séptimo arte, ni si alguna vez vio Qué le pasó al señor R. Lo único que tengo claro es que se equivocó de localización: puede que en la bienal de Venecia su peculiar performance hubiese cosechado aplausos. Lástima que Venecia le quedara más lejos aún que la Costa Brava y que la urgencia le llevara a un hotel del Maresme en el que su arte no fue comprendido, aunque tal vez contuviera sus únicos momentos vitales cargados de verdad y sinceridad.