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Ramón de España y una imagen de los 'exconsellers' de Salud, Josep Maria Argimon (Junts) y Alba Vergés (ERC)

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Manicomio catalán

La Fiscalía retira los cargos: ¿por qué?

"Lo de Vergés & Argimon fue una jugada sucia, ladina y cobardica, emprendida con el deseo de que pasara desapercibida. No fue así y les ha llegado la hora del juicio, esperada por los marginados policiales del Covid. Una gente que contaba con la protección de la Fiscalía, que ha dejado de existir de un día para otro"

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A la pareja de vacunadores (o no vacunadores, depende del aspirante a vacunado) Vergés & Argimon les ha bajado Dios a ver, convenientemente disfrazado del fiscal que encabezaba sus acusaciones por haber demorado, sin más excusa que cierta desidia patriótica, la vacunación de policías y guardias civiles cuando la pandemia del coronavirus.

La fiscal del caso ha retirado las acusaciones sin dar ninguna explicación. Simplemente, lo que hasta el momento le parecía justo y necesario, ahora se le antoja inadecuado. Ayer, bien. Hoy, mal. Y así ha dejado con el culo al aire a las asociaciones de la Policía Nacional y de la Guardia Civil que pedían 15 años de inhabilitación para la señora Vergés y el señor Argimon. El Estado que debía amparar las reivindicaciones policiales se lava las manos y que sea lo que Dios quiera.

Evidentemente, siempre es lícito cambiar de opinión. Puede pasarnos a usted, a mí y a la fiscalía de Cataluña. Pero en estos casos siempre se agradece algún tipo de explicación. A mí se me ocurre una, que puede ser considerada verosímil o simplemente conspiranoica: ¿se habrá producido una llamadita de la Fiscal General del Estado (más sanchista que su antecesor), recomendando apartarse del caso y que se apañen con él el juez y los abogados? En este tipo de asuntos, no es normal cambiar de opinión en el último minuto, ¿no? Así que cada uno puede exponer sus teorías al respecto.

Cuando sucedieron los hechos, el número de policías y guardias civiles vacunados en Cataluña era sensiblemente inferior al de mossos d´esquadra y policías locales. Para los no vacunadores, todo se debió a una chapuza del Estado, que no se aclaraba y un día interrumpía la administración de Astra Zeneca y otro la reemprendía, pero prácticamente sin avisar. Creo en la chapuza española, pero también creo en que hay gente dispuesta a aprovecharse de ella para ir a lo suyo. Que, en este caso, era jorobar a las fuerzas de ocupación.

Y Vergés & Argimon se encargaron de ello en plan tirar la piedra y esconder la mano e inventar excusas absurdas, como suelen hacer los nacionalistas cuando quieren molestar al Estado opresor sin que se note demasiado, confiando en que cuele la travesura o gamberrada y ellos se puedan ir de rositas.

No me parece que dejar desprotegidos a los cuerpos de seguridad del Estado sea la principal misión de la Fiscalía, aunque con Sánchez de presidente del Gobierno todo es posible. Sobre todo, desde que depende de los nacionalistas catalanes para conservar su muy inseguro sillón. Y, además, si han pasado cinco años de lo que se juzga, ¿a quién le importa ya?

Me temo que solo a los afectados, a los policías y guardias civiles que vieron como sus colegas autonómicos eran vacunados a gran velocidad mientras a ellos los dejaban para el final, si es que quedaban vacunas. Lo de Vergés & Argimon fue una jugada patrióticamente sucia, ladina y cobardica, emprendida con el deseo de que pasara desapercibida. No fue así y les ha llegado la hora del juicio, largamente esperada por los marginados policiales del Covid. Una gente que contaba con la protección de la Fiscalía de Cataluña, que ha dejado de existir de un día para otro. Y sin ninguna explicación.

Y luego dirán que la gente vive instalada en la paranoia.