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Ramón de España y un fotomontaje de Jordi y Josep Pujol y Sílvia Orriols

Ramón de España y un fotomontaje de Jordi y Josep Pujol y Sílvia Orriols

Manicomio catalán

Pujol & Pujol, consultores fachas

"Jordi Júnior y Josep Pujol ejercen de consultores del facherío local, movidos en parte por la misma necesidad que impulsó antes a tantos otros convergentes a pasarse a Aliança Catalana: dejar por fin de disimular y de hacerse los demócratas"

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Empieza a correr la voz entre las masas nacionalistas, o lo que queda de ellas, de que tal vez no fue muy buena idea eliminar a la Convergència (CDC) del patriarca Jordi Pujol. Solo han tardado diez años en darse cuenta, angelicos, y ahora cada vez son más los que claman por la resurrección de aquella marca que tanto hizo, no por Cataluña, como sostiene Illa, sino para ganar amigos (y dinero) e influir en la sociedad, como decía Dale Carnegie.

Basta con echar la vista atrás para comprobar que los sustitutos de CDC no han dado grandes resultados. El PDECat apenas tuvo tiempo de vivir y desarrollarse. Y Junts se lo inventó Puigdemont para darse aires de caudillo victorioso, al principio, y para hacerse la ilusión de que existía, en la actualidad.

Se lamentan los convergentes de toda la vida de que igual se apresuraron en renegar de su líder por la famosa deixa de l'avi Florenci. Es normal, ven a Pedro Sánchez, que no es ajusticiado por sus secuaces y sus leales pese a tener a medio partido imputado o encarcelado (incluidos el hermano y la parienta), y llegan a la conclusión de que se excedieron con el viejo fundador de la banda.

Antes, la gente se mataba por apuntarse a Convergència para pillar cacho y prosperar en la vida. Ahora, Junts es un partidillo en decadencia comandado a distancia por un enajenado que cada día mantiene menos contacto con la realidad.

Hasta los hijos del Gran Hombre no quieren saber nada de Junts por lo que le hicieron a papá. Y los dos mayores, Jordi (alias Júnior) y Josep, hasta se han pasado al enemigo, a ese partido de extrema derecha con sede en Ripoll que controla una señora de físico levemente moruno.

Mientras esperan la sentencia de su juicio (los siete hermanos imputados: banda criminal), se sacan unas perras como consultores en general y consultores de Sílvia Orriols, la matamoros de Ripoll, en particular. El caso es seguir cortando el bacalao. Y si, de paso, se puede jorobar a Puchi y su pandilla, todo eso que se llevan.

Por mucho que Toni Comín anime las frías veladas de Waterloo con su piano arrobador, Puchi no debe quitarse de la cabeza la evidencia de que los hermanitos Pujol le están haciendo un traje de torero con su apoyo a la competencia más evidente. Y no hay que descartar que les acabe ocurriendo la brillante idea de resucitar a CDC, ya que la leyenda negra del abuelo Florenci se va desdibujando y hasta Salvador Illa tiene el cuajo de declararse fan de Pujol y asegurar que Cataluña no sería el paisito que es sin la Convergència de los buenos viejos tiempos (lo cual es cierto, lamentablemente).

Estamos ante una carrera contra el tiempo. ¿Palmará Pujol antes de estar limpio de polvo y paja o lo hará a medio proceso de blanqueamiento? Una refundación de CDC comandada por un Pujol de 102 años es una posibilidad que no se puede ignorar así como así. Volveríamos, entonces, a un remake de la monarquía hereditaria con la que soñó el patriarca cuando quería colocar a su hijo Oriol al frente de la nave (la maldita justicia española lo impidió, al trincar a Oriol en un conato de corruptela: ¡Lawfare, lawfare!).

Mientras tanto, Pujol & Pujol ejercen de consultores del facherío local, movidos en parte por la misma necesidad que impulsó antes a tantos otros convergentes a pasarse a Aliança Catalana: dejar por fin de disimular y de hacerse los demócratas para poder dar rienda suelta a su racismo, su supremacismo y su odio a España y los españoles sin ambages.

Estaría bien que los hermanitos Pujol acabaran en el talego por robar a mansalva en nombre de Cataluña, pero no lo podemos asegurar. En cualquier caso, mientras tanto hay que entretenerse, y sacarle los cuartos a la matamoros de Ripoll mientras se le amarga la existencia al prisionero de Waterloo es una manera tan buena como cualquier otra de hacerlo.