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Ramón de España opina sobre las últimas andanadas del prófugo Carles Puigdemont

Ramón de España opina sobre las últimas andanadas del prófugo Carles Puigdemont

Manicomio catalán

¡Catalanes, os recuerdo que existo!

"Hasta nueva orden, Cataluña está en España y hay que ser muy 'lazi' para ofenderse porque León XIV se dirija a sus habitantes en español, sobre todo, si tenemos en cuenta que se tiró un montón de años en Perú y que su madre se apellidaba Martínez"

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Dada la desairada situación de Carles Puigdemont, refugiado en Flandes de la justicia española, es normal que aproveche cualquier oportunidad para recordarnos que existe (o algo parecido). Tras semanas (y semanas) sin saber nada de él, ha reaparecido por doble persona interpuesta: Alberto Núñez Feijóo y el Papa de Roma (¡toma!).

Aprovechando que el primero necesita apoyos para una posible moción de censura con la que deshacerse de su némesis, Pedro Sánchez, le ha dicho que, si quiere algo, venga a decírselo a la Casa de la República. Y aunque el segundo no le ha dicho nada, él se ha metido por en medio, para alegría de sus leales, a exigirle que hable más catalán durante su inminente visita a Barcelona.

Espero que le hayan sentado bien sus inconveniencias, pero tampoco hace falta que se venga excesivamente arriba, ya que, a efectos judiciales, sigue siendo un prófugo de la justicia con pretensiones de estadista.

Lo de Feijóo era una trampa que hasta el propio Feijóo podía interpretar como tal. No digo que, con tal de eliminar a Sánchez, no sea capaz de ir a postrarse en Waterloo ante Puchi, pero sabe que no puede permitírselo después de haber tildado de vendepatrias al funesto líder de lo que queda del PSOE por haberse comprado el sillón presidencial a medias con Junts y Bildu.

Feijóo ha visto que no hace falta tener prisa, que el PSOE acabará cayendo solo después de la cascada de trapisondas a la que llevamos asistiendo desde las imputaciones de Cerdán y de Ábalos y su fiel Koldo. Mientras la justicia cumple con su labor fiscalizadora, el presidente promete desde Barcelona que sí, que en 2027 tendremos, ¡por fin, gracias, Pedro!, Presupuestos Generales del Estado, aunque a él nunca le hayan hecho falta para hacer como que gobierna.

Y en cuanto a lo del Papa, estamos ante un nuevo berrinche del Gran Líder, convenientemente secundado por sus terminales mediáticas en Barcelona, como Òmnium y la ANC, y todos los diarios digitales del antiguo régimen, siempre dispuestos a escandalizarse por cosas que a los demás nos parecen de lo más normal. Hasta nueva orden, Cataluña está en España y hay que ser muy lazi para ofenderse porque León XIV se dirija a sus habitantes en español, sobre todo, si tenemos en cuenta que se tiró un montón de años en Perú y que su madre se apellidaba Martínez.

Puestos a liar la troca, Puchi y sus secuaces han metido por en medio a Antoni Gaudí (que siempre firmó como Antonio, por cierto) quien, según ellos, se sentiría muy ofendido escuchando al actual Papa bendecir en castellano su hermoso edificio.

Evidentemente, a Puchi se la sopla que hayamos convertido la Sagrada Familia en una inmensa mona de Pascua, entre esas torres y cúpulas que no desentonarían en el skyline de Las Vegas y esos ángeles encarcarats que nos legó el inefable Subirachs antes de acudir al encuentro con su creador (me refiero a Dios, no a Jordi Pujol, que se limitó a sostenerlo contra viento y marea). Lo fundamental es que el Papa hable en la lengua propia de Cataluña, que es, por otra parte, lo que va a hacer, si tenemos en cuenta que aquí se habla más castellano que catalán (no me parece ni bien ni mal: la realidad es lo que tiene, sin necesidad de que nadie ens vulgui anorrear).

Parece que, finalmente, a instancias de la clerigalla catalana, el Papa se expresará en esa lengua que mantuvo Gaudí hasta cuando le presentaban al Rey o lo detenían por catalanista. Pero no lo suficiente, claro, pues Puchi y los suyos son insaciables por definición. Haga lo que haga León XIV, al lazismo le parecerá poco y le sentará mal: o que diga que merecemos la independencia o que se quede en casa.

El que se va a quedar en casa es Puchi, no lo vayan a trincar si le da por volver a colarse de incógnito en Barcelona (intuyo que esta vez, el presidente del Gobierno no le diría a la Guardia Civil de la frontera que mirara hacia otro lado). Y Feijóo ha rechazado su amable oferta de visitarle en Waterloo. Entre eso, y que la visita del Papa a Cataluña es breve (hay muchas almas que salvar en el ancho mundo), el hombre del maletero no tardará mucho en volver a su maletero habitacional, donde bastante trabajo debe tener vigilando a Comín para que no se fugue con la cubertería de plata.

A l´estiu tota cuca viu, dice el refrán. Y aunque aún no estemos en verano, la verdad es que lo parece, y que Puchi ya vive por adelantado su gran momento de la temporada. Que lo disfrute, que no se sabe cuándo vendrá el siguiente. Si es que viene.