Pásate al MODO AHORRO
Ramón de España y el presidente del Parlament, Josep Rull

Ramón de España y el presidente del Parlament, Josep Rull

Manicomio catalán

Sigamos peinando al gato

"Así funciona la Cataluña imaginaria. No sé cuánto nos va a costar la reivindicación del 'Parlament milenario', pero no nos saldrá barato. Nada lo es: pensemos en los sueldos de nuestros presidentes, expresidentes, diputados, subsecretarios y subsecretarillos. La farsa nos cuesta un pastón"

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Nuestro siempre proactivo y resiliente presidente del Parlament, Josep Rull, ha encontrado algo con lo que divertirse patrióticamente el año que viene.

Como aquí nos encantan los milenarios, da igual si genuinos, falsos o vagamente aproximados, nuestro hombre se dispone a celebrar en 2027 el milenario de la institución que preside o, más exactamente, el milenario del embrión del parlamento local.

Para ello se aferra a una reunión de notables, presidida por el abad Oliba y celebrada en la localidad de Toluges (o Toulouges, ya que está en el Rosellón francés) en el año del Señor de 1027. ¡Será por milenarios! Ya celebramos el de Cataluña, año más, año menos y, ya puestos, vamos ahora a por el del Parlamento catalán, aunque haya que magrear la historia a nuestra conveniencia una vez más. No todo va a consistir en escamotear constantemente la bandera española en el edificio en el que presta sus discutibles servicios el señor Rull. Y es que, como dice el refrán, Qui no te feina, el gat pentina.

Desde la aplicación del benéfico artículo 155 de nuestra Constitución, el lazismo se dedica, básicamente, a peinar gatos, bichos que nunca faltan ni en sentido general ni en el metafórico.

El gato de Rull es grande, gordo y propenso al boato. Por eso ha montado el hombre un consejo asesor de los fastos del presunto milenario dirigido por Manel Vila, funcionario del ayuntamiento de Barcelona y pacifista solidario (Maragall lo envió a Sarajevo cuando el hermanamiento de ciudades: de ahí salió el Distrito 11 barcelonés), e integrado por figuras señeras del catalanismo como Magda Oranich, Raül Romeva o Xavier Antich (uno que siempre está oliendo donde guisan). Se supone que solo cobrarán dietas, pero habrá que verlo. O, más posiblemente, no verlo.

Una institución aún más inútil que el parlamentillo catalán, el Consell de la República, también se acaba de poner las pilas (o de lanzarse a peinar su propio gato, según se mire). Su presidente, Jordi Domingo, ha publicado unas provisions, que es lo que hacía la Generalitat más milenaria, relativas al ordenamiento de la república catalana (que, como todo el mundo sabe, no existe). En ellas se especifica cómo hay que dirigir el país (que tampoco existe) cuando se alcance la anhelada independencia, aunque nada se dice de aquella ideaca de Puigdemont según la cual los jueces los nombraría la Generalitat (que le den, Monsieur Montesquieu).

Cuando te pagan por llevar a cabo un trabajo absurdo, supongo que hay que sobreactuar para que no salte a la vista que no das golpe. Por eso el jefe de gabinete (¿qué gabinete?) de Puchi, Josep Lluís Alay, se pasa la vida en X emitiendo comentarios despectivos sobre los españoles y demás ralea. Y por eso el señor Domingo se ha sacado de la manga sus provisions.

Aquí todo encaja en un puzle sideral: un fugitivo de la justicia se considera el presidente de la inexistente república catalana, el jefe de un gabinete que tampoco existe reparte estopa en las redes, el mandamás de un fantasmal consejo de la república catalana nos dice cómo hay que ordenar democráticamente la Cataluña independiente (que ni está ni se la espera). Y los tres se consagran obsesivamente a peinar a su respectivo gato.

A efectos prácticos, el Parlamento de Cataluña tiene la misma escasa importancia que el de Andalucia, Extremadura o Murcia (¡qué bonita eres!). Su última idea para figurar consiste en agarrarse a un embrión parlamentario del siglo XI. Los Alay, Domingo y demás parásitos patrióticos organizan una nación inexistente para intentar justificar el absurdo despilfarro de sus sueldos (no sé lo que cobran, pero, sea lo que sea, se trata de tirar el dinero por el retrete).

Así funciona la Cataluña imaginaria, alternativa a la realidad. No sé cuánto nos va a costar la reivindicación del embrión milenario, pero algo me dice que no nos va a salir barato. Nada lo es: pensemos en los sueldos de nuestros presidentes, expresidentes, diputados, subsecretarios y subsecretarillos. La farsa nos cuesta un pastón. Pero desde las alturas, el mensaje que se nos transmite es siempre el mismo: ¡Será por dinero!