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Ramón de España opina sobre el sistema educativo de Cataluña

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Manicomio catalán

Por una equidad interesada

"Como en el caso de Omnium, la Fundación Bofill ha ido ampliando la catalanidad inicial hasta convertirla en su razón de ser, tratando de influir en la política local. Ya se sabe que la cultura y la educación están muy bien, pero deben enmarcarse en una causa superior: la defensa del terruño y el flirteo con el independentismo"

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La Fundació Bofill, que ahora atiende por Equitat.org, fue creada en 1969 por Josep Maria Vilaseca y Teresa Roca en homenaje al filósofo Jaume Bofill (Barcelona, 1910 – 1965), abogado reciclado en pensador tomista (es decir, devoto de las enseñanzas de Santo Tomás) de obra breve, aunque no tanto como la de Xavier Antich, actual líder de Omnium Cultural: un total de cuatro libros (uno de ellos, una recopilación de artículos).

El objetivo de la fundación consistía en aplicar las normas de Santo Tomás a la sociedad catalana, para que ésta se basara en la equidad entre sus miembros. Desde el año 2000, la Fundació Bofill se centra en el mundo educativo de niños y adolescentes.

Como en el caso de Omnium, la Fundación Bofill ha ido ampliando la catalanidad inicial hasta convertirla en su razón de ser, tratando de influir en la política local. Ya se sabe que la cultura y la educación están muy bien, pero deben enmarcarse en una causa superior: la defensa del terruño y el flirteo o, directamente, el coito con el independentismo.

Solo así se entiende su última salida de pata de banco en forma de propuesta para la enseñanza del inglés entre nuestros menores, que actualmente arroja unos resultados deplorables.

Según un informe encargado no se sabe muy bien a quién, más vale no impartir clases de inglés antes de los ocho años porque los críos se hacen un lío y es la lengua catalana la que acaba pagando el pato (el castellano, al parecer, no).

Los que creíamos que los niños eran como esponjas que absorbían los idiomas sin especiales problemas, motivo por el cual, cuanto antes aprendieran uno extranjero, mejor para ellos, nos hemos quedado con el culo ligeramente torcido ante las teorías de la Fundación Bofill, perdón, Equitat.org.

Tengo una amiga cuya hija acudió a una escuela norteamericana en Barcelona desde la más tierna infancia y que ahora, a sus veintitantos años, habla perfectamente castellano, catalán e inglés (sin asomo de acento). Es solo un ejemplo cercano, pero nunca vi que se hiciera un taco con los idiomas, sino que sabía claramente cómo diferenciarlos. Llámenme suspicaz, pero lo de Equitat.org me suena a medida contra el español y el inglés disfrazada de patriotismo científico, y disculpen por el oxímoron.

Cuando yo iba al colegio, la lengua extranjera de referencia era el francés. Empezamos a estudiarlo tarde y ese es el motivo de que, a día de hoy, uno siga teniendo un acento espantoso cada vez que se ve obligado a expresarse en dicha lengua. Le puse ganas, eso sí, pues me apetecía leer las revistas de cómics francesas, mucho mejores y más lujosas que las nuestras (mi asignación solo me daba para comprar Pilote, Le journal d´Asterix et d´Obelix una vez al mes), motivo que a algunos se les antojará pedestre, pero que para mí tenía toda la lógica del mundo.

La mayoría de mi clase pasaba del francés como de la peste, e intuyo que pasa algo parecido hoy en día con el inglés (de ahí los resultados penosos que citaba más arriba). A mí me bastó con el bachillerato de los escolapios para aprender a hablar y leer en francés, cosa que luego me permitió traducir libros y cómics y ganarme unas pesetas.

Nada me hubiese hecho más feliz que la inclusión del inglés en la agenda escolar, pero no tuve esa suerte. Y no lo digo para hacerme el listo y el sensible, que conste, sino para insinuar que cualquier crío que le ponga interés al asunto puede aprender idiomas extranjeros, especialmente si empieza a estudiarlos a los cuatro años en vez de a los ocho.

La teoría de Equitat.org no parece tener mucha base científica y, sobre todo, suena a maniobra nacionalista camuflada para el mundo educativo y a prioridad nacional: los críos, sobre todo, que aprendan catalán y luego, si eso, ya habrá tiempo para el inglés, que ya nos han colado el castellano y, si nos descuidamos, nos impondrán la lengua de la pérfida Albión.

Me gustaría equivocarme y creer que las teorías lingüísticas de tan equitativa fundación obedecen exclusivamente a criterios científicos. Pero lo dudo.