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Ramón de España y una imagen de Miquel Badia

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Manicomio catalán

El regreso del "Capità Collons"

"Si los hermanos Badia se convierten en tendencia, tampoco me sorprenderá, pues hace años que vivo en el manicomio catalán"

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¿Sabían ustedes de la existencia de una asociación patriótica llamada Reeixida? Tranquilos, yo tampoco. De hecho, me he enterado de su existencia por una iniciativa que están promoviendo para reivindicar la figura del difunto Miquel Badia i Capell (Torregrosa, Lérida, 1906 – Barcelona, 1936), en arte Capità Collons, quien fuera jefe de seguridad en el Gobierno de Lluís Companys y se hiciera célebre como torturador de anarquistas en la comisaría de Vía Layetana, la misma en que, años después, seguiría su ejemplo con los antifranquistas el no menos célebre comisario Creix (pero no et reprodueixis).

Miquel Badia, junto a su hermano Josep, murió asesinado por los anarquistas a los que tanto detestaba en 1936 (en la esquina de las calles Muntaner y Diputación), y pasó a la historia, mayormente, como un energúmeno nacionalista, un asesino (en persona o por delegación en los pistoleros de la patronal), un torturador y, básicamente, una rata inmunda.

Eso no le ha impedido contar entre sus principales fans al expresidente Torra, a Salvador Cardús, a Elisenda Paluzie y otras figuras destacadas del procesismo. Y, naturalmente, a los simpáticos muchachos de Reeixida, que lo consideran un ejemplo a seguir y para el que solicitan plazas y calles a su nombre repartidas por toda la Cataluña catalana.

Miquel Badia también fue, claramente, un fascista catalán fascinado por las juventudes de Hitler y Mussolini, cuyo equivalente instauró en Cataluña a través de JEREC (Joventuts d'Esquerra Republicana i Estat Català) entre 1933 y 1934 (los famosos escamots, formados por chavales disfrazados de una mezcla de nazi y boyscout).

Nuestro hombre participó en la declaración del Estado catalán en 1934, tras la que tuvo que salir pitando y solo pudo regresar a su amada tierra dos años después, justo a tiempo para que se lo cargaran los anarquistas (a medias con los falangistas, según una reciente y delirante investigación que no sé si será del Institut Nova Història, pero lo parece).

No era la primera vez que se salía de rositas de sus travesuras. En 1925 intentó llevarse por delante al rey Alfonso XIII, de visita en Barcelona, desde su grupo armado Bandera Roja, surgido del partido de Macià, Estat Català, al que Badia se apuntó a los 19 años de edad. Fue a parar al trullo, lógicamente, pero disfrutó de la amnistía concedida tras el final de la dictadura de Primo de Rivera (solo cumplió tres de los 12 años que le cayeron).

El 10 de septiembre de 1934, ya colocado en la Generalitat, volvió a liarla parda al colarse en el juzgado con una pandilla de polis (o de matones, o las dos cosas) para solicitar la libertad de su amigo el abogado nacionalista Josep Maria Xammar. Lo hizo a su manera, secuestrando al fiscal y repartiendo algunos sopapos.

Companys, que ya le tenía manía por haber mantenido una relación con su novia, Carme Ballester (que, según algunos, fue la que le metió en la cabeza lo de la independencia ya que, antes de conocerla, era un hombre aficionado a los toros y devoto de los pasodobles), aprovechó la coyuntura para cesarlo (se habló de un complot urdido por Badia para eliminar a Companys, pero la cosa nunca ha superado la condición de rumor).

Esta alhaja es la figura fundamental de la catalanidad que Reeixida reivindica y cuya memoria pretende preservar a través de placas en plazas y calles. Dudo que la iniciativa llegue a buen puerto, ya que a la mayoría de nuestros nacionalistas les da mucha vergüenza la existencia del Capità Collons, un personaje que solo interpela a lo más bestia y primario del independentismo, como demuestra la admiración que siente por él Quim Torra (¿se le aparecerá cada vez que abusa de la ratafía?).

Se cumplen los 90 años de la eliminación de Miquel Badia y es de temer que se produzcan algunos actos de homenaje por parte de la asociación Reeixida y otros patriotas dementes, pero en mayo ya lo habremos devuelto al más piadoso de los olvidos, aunque no merezca ni eso. Espero no equivocarme, pero si los hermanos Badia se convierten en tendencia, tampoco me sorprenderá, pues hace años que vivo en el manicomio catalán.