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Ramón de España, Salvador Illa y Jordi Pujol

Ramón de España, Salvador Illa y Jordi Pujol Govern / Fotomontaje CG

Manicomio catalán

Sobreactuación presidencial

"No hace falta que Illa sobreactúe a la hora de defender a Jordi Pujol, un político que es, probablemente, el que más daño ha hecho a Cataluña durante el siglo XX. Entre Franco y él nos dejaron un paisito que daba grima verlo"

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Los Mossos d'Esquadra son una policía judicial. O sea, que sus agentes están permanentemente a las órdenes del juez de turno. Ayer se celebraba la festa grossa de los mossos, el Dia de les esquadres, y precisamente en ese entorno fue donde a Salvador Illa se le ocurrió enmendarles la plana a los jueces de Madrid que se encargan del caso Alí Pujol y los 40 ladrones, diciendo que no le parecía bien que se hiciera viajar a la capital del reino al jefe de la banda porque es un hombre muy mayor que no está ya para desplazamientos. Pidió a la judicatura un poco de seny y hasta añadió que, si pudiera, acompañaría al anciano expresidente en ese trago que, según él, se debería ahorrar.

Parece evidente que Illa ya no se acuerda de cuando Pujol les decía a sus secuaces que enviaran a los socialistas a la mierda de dos en dos. O si se acuerda, como es un hombre bueno y muy de misa, ya se lo debe haber perdonado, pues ya se sabe que a todos se nos calienta la boca de vez en cuando y, en fin, pelillos a la mar.

Illa es un tipo muy educado y poco dado a aspavientos y alharacas, lo cual resulta muy de agradecer. Pero tampoco hace falta que sobreactúe a la hora de defender a un político que es, probablemente, el que más daño ha hecho a Cataluña durante el siglo XX. Para muchos, entre los que me cuento, entre Franco y él nos dejaron un paisito que daba grima verlo. Aparte de inocular, en nuestros queridos sociatas, una especie de síndrome de Estocolmo a base de poner en duda permanentemente su catalanidad, un síndrome que parece estar resistiendo muy bien en los tiempos actuales, como demuestra la actitud genuflexa de Illa ante ese salvador de la patria que acabó convertido en el líder de una banda criminal (les recuerdo que todos los hermanos Pujol están imputados en el juicio que se está celebrando).

Nadie le pide a Illa que se plante ante el domicilio de Pujol con una pancarta que diga: “¡Al trullo, robaperas!”, pues también sería sobreactuar. Pero creo que sí le podemos pedir que se abstenga de defender al patriarca y deje que actúe la justicia, sobre todo si expresa su solidaridad con el afectado rodeado de policías cuya obligación es obedecer sin rechistar las órdenes del juez. Yo a eso le llamo dar mal ejemplo. Si el jefe de todo esto le lleva la contraria a la judicatura, ¿por qué no puede pasarse por el forro cualquier mosso las instrucciones del señor juez?

Es indudable que el señor Pujol, que pronto cumplirá 96 años, está ligeramente para el arrastre, pero su estado de salud será debidamente evaluado en la prueba que se le hará el próximo lunes para decidir si puede declarar o si más vale que lo dejemos correr. Y sí, el juicio a la banda Pujol podría haberse celebrado hace años, cuando se habría encontrado al jefe en mejor estado, pero parece que no ha habido mucha prisa (¿lo habrá logrado demorar alguna alta instancia del Gobierno español?, me pregunto) y por eso ahora estamos como estamos.

Hace ya tiempo que lo que queda del lazismo está procediendo a un blanqueo de Jordi Pujol que nos lo está dejando casi impoluto. Se nota leyendo los digitales del antiguo régimen, donde se insiste en la presunta maldad del país vecino, que se estaría cebando con un pobre anciano cuyo único delito (dejando aparte sus trapicheos familiares, que ya ni comentan) ha sido su gran amor por Cataluña. Por su Cataluña, claro está. A la Cataluña de los demás, que la zurzan.

Mira que era fácil mantener la boca cerrada sobre este asunto, especialmente, insisto, en el Día de les esquadres (como lo habría sido en el de Mendoza y sus boutades sobre Sant Jordi), pero el PSC siempre tiene que sobreactuar en temas relacionados con el terruño. Y la cosa viene de lejos: recordemos que lo primero que hizo Maragall al llegar a la presidencia de la Generalitat fue reivindicar un nuevo Estatuto que nadie le había pedido y que fue, prácticamente, el tiro de salida de la tabarra del prusés.

Y todavía hay quien se extraña de que Ciutadans lo fundara una pandilla de rebotados del PSC.