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El periodista y escritor Arcadi Espada / CG

Arcadi Espada: "El independentismo perdió la partida el 1-O"

Espada reedita 'Contra Catalunya', donde analizaba cómo Pujol, ya en 1997, construía "un Estado dentro de un Estado", y asegura que Sánchez ha sido votado por un "fugado de la justicia"'

16.09.2018 00:00 h.
17 min

Arcadi Espada habla con precisión. No se complica la vida con subordinadas ni con reflexiones repletas de matices. Aparentemente, no duda. Considera que todo lo que ocurre en Cataluña se ha larvado desde hace décadas. El periodista y escritor lo explicó en Contra Catalunya (Ariel), un libro polémico cuando se publicó en 1997, en el que analizaba cómo el nacionalismo iba construyendo un “Estado dentro de un Estado”, con manipulaciones en TV3 como ocurrió con el reportaje Sumaríssim 477 sobre la detención, el juicio y la muerte del dirigente democristiano Manuel Carrasco i Formiguera, que dirigió la periodista Dolors Genovès. Obtuvo el Premio Ciudad de Barcelona, y se organizó un buen lío, con la también periodista Pilar Rahola, entonces concejal del Partit per la Independència, que quiso que fuera revocado. El alcalde era entonces el socialista Joan Clos, y el área de Cultura la gestionaba Ferran Mascarell, que busca ahora, en 2018, ser candidato a la alcaldía en una lista independentista que promueve Carles Puigdemont.

Todo ha cambiado. La polémica se intensificó, y con todo el nacionalismo en contra de Espada, el periodista recibió una carta de Jordi Vilajoana, mano derecha hasta hace cuatro días de Artur Mas. En la misiva, Vilajoana felicitaba a Espada y le llamaba “luchador por la intolerancia”. Más tarde, Jordi Pujol, en un encuentro con el gremio de libreros, tomó uno de los ejemplares de Contra Catalunya y preguntó: “¿Se está vendiendo esto?”, enojado por las buenas ventas del libro. Ahora el libro se ha reeditado. Y Espada sentencia que el independentismo ya ha sido derrotado: "El independentismo perdió la partida el 1-O". 

--Pregunta: Una nueva Diada, con políticos presos, un año después de los hechos de octubre, del referéndum del 1 de octubre. ¿Cómo sale el independentismo de su última manifestación?

--Respuesta: Sale mucho mejor de lo que entró. Ya no celebra una derrota de hace 300 años, sino de 300 días. Están renovándose.

--Los independentistas insisten, y el propio presidente Torra lo repite en cada intervención pública, que se debe acabar con los “fascistas”. ¿Hay fascistas en Cataluña?

--Sí, hay más que la media española. Muchos de ellos están instalados en el Govern o en la administración de la Generalitat.

--El independentismo se refiere a los grupúsculos fascistas que protagonizan actos cuando hay manifestaciones de carácter unionista.

--Sí, sí, no digo que no haya, pero ese fascismo es transversal. El totalitarismo del Govern de la Generalitat no creo que se pueda negar. Contra lo que se cree, son una organización presuntamente criminal que ha planteado un desafío a la democracia, de carácter revolucionario, que sólo se puede acometer en nombre del totalitarismo, es decir, del fascismo.

--Esta vez, ¿le ha llamado Jordi Vilajoana con la reedición de Contra Catalunya?

--No, no. No sé qué hace ahora Vilajoana. Su carta era divertida (en 1997, cuando se publicó el libro y provocó el enojo del nacionalismo). Demostraba el talante de aquella gente entonces, con la idea de que nada se saliera de madre. Venía a decir que no me podía llevar a TV3, pero me felicitaba por el premio. Entonces disimulaban, ahora ya no lo hacen. Ahora son fascistas. A Jordi Pujol también me lo encontré y mantuvo las formas, siempre las formas. Ahora ya no lo hacen.

--Lo que ocurría en aquellos años, en 1997, lo que pasaba entonces, ¿puede explicar el camino recorrido y lo sucedido ahora?

--Era lo que sucedía. Los libros sirven en muchos casos para encontrar la longitud de onda, para analizar lo que queda de forma subterránea. Lo que había por debajo ha acabado por emerger, y lo que había era un proyecto destinado a que Cataluña fuera independiente. Todo eso tiene un padre, que es Jordi Pujol, un padre corrupto, inmoral, que decía cada fin de semana a los catalanes lo que debían hacer. Es el padre de todos ellos. Ahora no lo exhiben, pero los demócratas sí debemos exhibirlo, el proceso tiene el padre conceptual que se merece, un padre corrupto e inmoral. Debemos insistir en ello.

--Entonces, ¿eso lo invalida todo?, ¿al margen de que se pueda defender un proyecto independentista de forma legítima?

--Todo aquel que participa en este proceso sí, queda invalidado por ese padre inmoral. El grado de moralidad política es nulo. No digo nada respecto a un ideal, a un proyecto independentista ideal. Para conseguir la independencia, los catalanes independentistas sólo tienen un camino: convencer al resto de españoles para que les cedan parte de su soberanía. No es tan difícil de lograr teniendo en cuenta quien gobierna ahora en España. Es cierto que es difícil. No es para el año que viene, pero es un interesante proyecto, convencerlos de que Cataluña tiene derecho a la autodeterminación, y planear, entonces, un referéndum de autodeterminación. Conseguir, en suma, que se pueda votar, incluso apoyando una opción que no sea la ruptura de España. El resto de posibilidades son revolucionarias y por tanto totalitarias.

--¿Con este Gobierno, dice?

--Es muy difícil. Implica reformar la Constitución, es complicado, pero con una mayoría de izquierdas se podría intentar. La otra otra opción es imposible. La opción revolucionaria es el 1-O y esa es la fecha en la que pierden. El Estado hace uso de una millonésima capacidad de fuerza en ese momento. El independentismo perdió la partida el 1-O.

--¿Por tanto, al Estado se le fue de las manos lo que ocurrió el 1-O, o fue consciente?

--El independentismo lo ha aprovechado como ha podido, con algunos éxitos, como la decisión del tribunal alemán sobre la euroorden de Puigdemont. Eso es cierto, algo que han comprado muchos idiotas también en Europa. Pero el Estado realiza una acción minuciosa, controlada, aunque es cierto que una persona perdió un ojo y en ese caso cualquier explicación no tiene sentido y dirá que me calle de inmediato. Pero es así. El Estado es fuerte y poderoso pero no tiene conciencia de esa fuerza, porque está cargado de complejos. Una de las cosas que no entiendo es que no se investigue que el referéndum no existió técnicamente, no se ha demostrado que votaran casi dos millones de personas. Eso es mentira. ¿Por qué el Estado no tiene interés en demostrar que ese referéndum no existió?

--¿Por qué?

--Porque es un Estado que actúa en el último instante, con un presidente, como fue Mariano Rajoy, que tiene muchas virtudes, pero no la del liderazgo. Y luego apareció el discurso del Rey. El Estado actuó, porque está por encima. El independentismo perdió la partida. Y ahora, ¿qué les queda? Les queda lo de siempre, la capacidad de intimidación, la protesta, la irritación, pero con la conciencia clara de que han perdido, de que sólo les queda la vía democrática, esperando esa mayoría de izquierdas, y también esperando a un héroe del repliegue.

--Lo que decía en 1997, que se había creado un Estado dentro de un Estado, ¿podía derivar en lo que ocurrió hace justo un año? ¿Usted lo pensaba? ¿Cree que ha sido una traición?

--Yo del nacionalismo no me he fiado nunca. Nunca he sido nacionalista. Fui comunista de joven, y vi muchos comunistas nacionalistas, y aprendí que no era gente fiable, porque podían estar en cualquier otro sitio. He conocido a muchos, con posiciones de privilegio, como Ferran Mascarell, amigo mío y con quien mantengo el contacto. Yo estaba marginado en el momento de apogeo del pujolismo. No soy nacionalista y me repugna. Pero nunca pude prever, conociendo la historia de Cataluña bastante bien, una cosa como lo que ha pasado en Vic, lo que yo llamo el muecín de Vic. Es inconcebible, no ya desde el punto de vista ético, sino desde el punto de vista estético, que es algo sagrado para los catalanes. Nadie pensó que eso pasara. Que se llame a la oración independentista, nadie pensó que llegara a ocurrir. Y pasa porque los delirios colectivos son así.

--¿El nacionalismo ha traicionado desde el primer momento a los gobiernos españoles? Azaña reprocha al catalanismo su deslealtad durante la Guerra Civil, aprovechando las circunstancias para sus objetivos nacionalistas y revolucionarios.

--Es que el nacionalismo ha tenido un proyecto, ha defendido siempre su objetivo. La cuestión económica, en el llamado procés, no ha sido importante. Lo que se quiso es desprestigiar el Estado español, aprovechando la crisis económica, algo que se unió con los reproches a la transición política gracias a la ignorancia de Podemos. Se quiso decir que el Estado no valía nada. No es nuevo. Es lo que se esperaba de los nacionalistas. Cuando practicaban el llamado peix al cove, la negociación con Madrid, se trataba de una versión más inofensiva, pero de idéntica naturaleza: afirmar que España es un Estado fallido.

--¿Qué verdades hay en el proyecto de los independentistas, en los agravios que presenta respecto a la relación con España?

--Ninguna.

--¿Ni la sentencia del 2010 del Estatut, como sí admite Pedro Sánchez que se debe reparar?

--Si se pregunta a los que se han manifestado en la Diada o en otras protestas qué partes fueron invalidadas, o con qué elementos de ese Estatut se sentirían perfectamente, no contestaría nadie. No lo saben. Ni la cuestión sobre la justicia, ni sobre la lengua catalana, ni tampoco sobre el concepto de nación.

--¿Se equivoca, entonces, Pedro Sánchez, criticado como si fuera una especie de nuevo Chamberlain?

--Sánchez es un oportunista sin escrúpulos, que no merece nada más que el menosprecio de cualquier demócrata.

--Hasta ahora no ha traspasado ninguna línea en su relación con el Gobierno de la Generalitat.

--Sí, cuidado. Ha aceptado ser presidente del Gobierno. Es presidente del Gobierno gracias al asentimiento de un fugado de la justicia española, no de Marta Pascal, de Elsa artadi o de otros, sino de un fugado que quiso romper el Estado español. Y eso se debería decir en cada mitin de Cs y PP. Ha pactado con un prófugo que ha utilizado la política para el crimen.

--Pero en una moción de censura sin acuerdos previos vota quien quiere votarla.

--Sí, pero él sabía que sólo podía conseguir esa hegemonía con el voto del prófugo. Tenemos poco sentido de Estado. Tenemos un PSOE que ha sido siempre el problema español, desde los años 30. Cuando debe decidir siempre se decanta por la peor opción. Y los periodistas, los opinadores, debemos reaccionar ante los hechos, no por nuestras convicciones. Y eso no se puede impugnar: es presidente con ese beneplácito de un prófugo.

--El nacionalismo ha tenido algunos compañeros de viaje. ¿Se entiende ahora, tanto tiempo después, que Josep Benet, fuera el candidato del PSUC en 1980?

--Eso es muy complejo. Benet fue el senador más votado dentro de la Entesa. Era el líder de los comunistas, con una operación marcada por la experiencia italiana, con el llamado compromiso histórico: la alianza entre católicos y comunistas. Era una operación sabiendo que Benet era un nacionalista acérrimo. Lo sabía Gutiérrez Díaz, que yo traté mucho, el secretario general del PSUC. Pero con Benet se podía sacar a los comunistas fuera del círculo cerrado. Lo que pasa es que el destino de buena parte de la izquierda es ser nacionalista. Los que no lo somos, dentro de la izquierda, somos una minoría. Es un fenómeno complicado, propio de la naturaleza de la izquierda, que como el nacionalismo y el comunismo tiene un carácter comunitarista. Lo de Benet, que trabajó para Pujol, sí, se puede decir que fue un fracasado políticamente, pero apreciable por otras cuestiones. El problema es que el nacionalismo actúa de forma subterránea, y en función de la coyuntura saca la cabeza. Pujol jugó a ser lituano, cuando se descongelaron los países bálticos. Lo que lo cambia todo, sin embargo, es Messi.

--¿La teoría del caballo ganador y los triunfos del Barça, que ha analizado el psiquiatra Adolf Tobeña?

--Sí, soy amigo de Tobeña, y él lo ha desarrollado con brillantez. Pero lo sostuve antes, sí, el factor desencadenante es Messi. Es lo que desencadena esta hipnosis colectiva. Cataluña es la sociedad más futbolística del mundo. Esa relación se produce porque el Barça ha sido el brazo desarmado del catalanismo. Comparte con la historia de Cataluña un pasado de derrotas. El Barça ha sido durante muchos años un equipo derrotado. Y aparece Messi, el mejor jugador que yo he visto en toda mi vida, y lo digo siendo del Real Madrid --por cierto el segundo equipo de Cataluña--. Si lo digo yo, qué dirán ellos, que se volvieron locos con Messi. Las celebraciones de los títulos de la Champions y las primeras Diadas son muy similares. Es una fiesta colectiva. Pero las hipnosis colectivas duran lo que duran, y ésta acabó con un 1-0. Perdieron el 1 de octubre.  

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