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Núria González y una imagen de archivo de la estación de Sants

Núria González y una imagen de archivo de la estación de Sants Gala Espín

Pensamiento

Se cayó el Sistema

"La corrupción mata y, tristemente, esta semana hemos tenido otro ejemplo"

Publicada

En 1988, Manuel Bartlett, portavoz de la Secretaría de Gobernación de México, pronunció una frase célebre que pasó a la historia como el titular del mayor escándalo de fraude electoral mexicano y uno de los más grandes a nivel mundial.

“Se cayó el sistema” es lo que acertó a decir ante cientos de periodistas para explicar cómo había sido posible que el más que esperado final de la dictadura perfecta del PRI, que ya por aquel entonces duraba 64 años y que vaticinaban todas las encuestas con la victoria de Cuauhtémoc Cárdenas, fallecido precisamente esta semana e hijo del célebre presidente Lázaro Cárdenas, que acogió al mayor exilio republicano español, se hubiera esfumado de un plumazo por el supuesto apagón del programa informático encargado del conteo de los resultados electorales.

El cuento acabó en que Carlos Salinas de Gortari se convirtió en el décimo presidente consecutivo de la era priista y Cárdenas jamás llegaría a gobernar el país, aunque todo el mundo sabía entonces y ha sabido siempre que aquella “caída del sistema” fue un robo electoral en toda regla. El PRI siguió gobernando México ininterrumpidamente hasta el año 2000, 71 años seguidos.

Por eso, el pasado miércoles, cuando después de más de cinco horas de que sucediera el terrorífico choque de trenes en Urda, salió a la palestra Óscar Puente y soltó “se cayó el sistema”, automáticamente mi mente recordó México, a Cárdenas, a Salinas y, sobre todo, la palabra fraude.

Y, curiosamente, es la única cosa en la que puedo estar de acuerdo con el ministro Puente, porque ya hace tiempo que el sistema, en general y no solo el ferroviario, de este país nuestro debe estar caído, infectado, aniquilado y enterrado para vernos en la situación de que, con más de 110 muertos a las espaldas de su gestión, el ministro máximo responsable de esa situación haga una rueda de prensa para decir que no se piensa ir y que es él la víctima porque “va a pasar un calvario”.

Es igual de ridículo que Bartlett intentando explicar un fraude electoral, solo que, en el caso de Puente, además concurre la presunta responsabilidad criminal de haber influido en la muerte horrible de más de 100 ciudadanos y ciudadanas de este país a los que, entre otras cosas, ha matado la nefasta gestión y la corrupción criminal.

La nefasta gestión de no haber sido capaces ni siquiera de emplear los 111 millones de euros que Europa entregó a España a fondo perdido en 2024 precisamente para implantar sistemas de seguridad de este siglo en la línea doblemente accidentada. Eso fue antes de Adamuz.

Hace un par de meses andaban las autoridades europeas pidiendo explicaciones al Gobierno de España para comprobar si se había realizado la tan necesaria gestión. Aún están esperando en Bruselas que se les conteste porque no hay ni rastro de los arreglos ni del dinero.

Y corrupción criminal porque debería ser considerado delito des-tecnificar la mayor infraestructura de transporte público, como es el tren, para dejarlo en manos de amiguetes de partido, coleguillas del sanchismo tabernero y absolutos ignorantes en la materia que interesa, esto es, infraestructuras y gestión pública. La corrupción mata y, tristemente, esta semana hemos tenido otro ejemplo.

Pero lo peor de lo peor es ver a una parte de la ciudadanía haberse convertido en una masa acrítica, sectaria y hooliganista de estadio, a la que le parece una fachería ver normal que un ministro con más de 100 muertos a sus espaldas en menos de un año recoja sus trastos y se largue a su casa y no vuelva a tener la menor aspiración política jamás nunca, aunque solo sea como gesto de respeto a las víctimas, ese que tanto cacarean y que, en realidad, solo usan para ganar tiempo y que todo el mundo permanezca en su sillón en las horas críticas que, una vez pasadas, ya nadie más va a recordar.

Desde luego que algo se nos ha caído: el sistema, la ética, la moral y hasta la conciencia de clase, cuando aguantamos que un ministro (presuntamente socialista y muy mucho “pro-operario”) se parapete en el último currito de la cadena para intentar salvar su culo y no exijamos todos y todas su destitución inmediata.

Cosas veredes, pero esta de intentar hundir al “operario”, ante el silencio vomitivo de los dos grandes sindicatos que van a tener el morro gigante de convocar una huelga general en 10 días, por no se sabe muy bien qué. El primer caso de huelga general convertida en acto de campaña.

Se cayó el sistema y se nos partió el corazón. Otra vez.