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José Antonio Bueno y una imagen de los disturbios de Blocus en Barcelona

José Antonio Bueno y una imagen de los disturbios de Blocus en Barcelona Fotomontaje CG

Pensamiento

Mano dura

"Lo importante es parar estos pillajes antes de que escalen y se vayan de las manos, y el único camino es dejando claro que no puede salir gratis participar en ellos"

Publicada

A diferencia de las protestas en Francia, las que han comenzado en Barcelona —y puede que se extiendan a más lugares— carecen de argumentario reivindicativo. Son simples actos vandálicos seguidos de saqueos. Nadie pide nada y, por no tener, ni tienen antisistemas como coordinadores. Son mera chavalada sin control.

Que se convoquen en redes sociales complica conocer su origen, pero más pronto que tarde se sabrá. Los instigadores del Tsunami Democràtic fueron perfectamente identificados y se libraron de rendir cuentas frente a la justicia porque los indultos y la amnistía desactivaron las investigaciones, pero se supo quiénes estaban detrás, lo mismo que se sabrá quién está detrás de Blocus. Si están unos u otros instigando el caso, ahora es casi lo de menos.

No está claro si las violentas reacciones “antifascistas” son lo mismo que lo vivido en Barcelona o no. Sorprenden, por ejemplo, los saqueos a pequeños comercios y quema de coches en Bilbao, algo que no había ocurrido ni en los momentos más duros de las manifestaciones pro ETA, por lo que el sustrato se parece, por más que se busque otra excusa para sembrar el terror.

Lo importante es parar estos pillajes antes de que escalen y se vayan de las manos, y el único camino es dejando claro que no puede salir gratis participar en ellos.

Quienes participan en estos actos se escudan en la masa y, también, en la generosidad de nuestro sistema penal en general y, muy especialmente, para con los menores. El camino para atajarlos es muy sencillo, no dejar pasar ni una. Quien participa en vandalismos o quien se lleva unas zapatillas y es detenido tiene que llevarse un buen susto, suficiente para que no repita y para que les diga a sus amigos que mejor lo dejen.

La kale borroka fue una pesadilla en el País Vasco por lo difícil de acabar con ella, hasta que en el año 2000 se legisló adecuadamente. Los actos vandálicos se calificaron como terrorismo de baja intensidad, siendo juzgados por la Audiencia Nacional, se internaba en centros a quien no se podía detener por su edad, se ilegalizaron asociaciones juveniles y se hacía civilmente responsables de los destrozos a los padres de los detenidos. El miedo a ir detenidos a Madrid y a estar unos meses internados más la presión de los padres hizo el milagro y la kale borroka se terminó.

Aquí hay que hacer lo mismo, detenciones con días de internamiento, juicios rápidos, responsabilidad de los padres y, si esto sigue y escala, calificación de terrorismo a sus fechorías, porque eso es lo que pretenden, atemorizar a la sociedad. Hay que dejarles claro que puede no salirles gratis la broma. Solo los menores de 14 años se librarían, al menos con el Código Penal actual.

Vivimos en una sociedad que rezuma buenismo, tanto que raya el tontismo. Si los detenidos son menores extranjeros no acompañados, el tratamiento es muy sencillo, porque es el Estado quien les da cobijo, prohibición de salir del centro. Si son hijos de personas que perciben algún tipo de ayuda, tres cuartos de lo mismo, es el Estado quien les paga y, por tanto, quien les retendría dinero por los destrozos.

Porque, me temo, que entre los gamberros habrá pocos estudiantes de ingeniería que vivan en la parte alta de la Diagonal. De hecho, casi todas las convocatorias en redes sociales se realizan en un mal castellano, casi nada en catalán. Tenemos que ayudar e integrar, sin duda, pero no hemos de ser tan canelos que rompan la convivencia precisamente quienes ayudamos y no sepamos cómo defendernos.

Ya vendrán los debates filosóficos respecto a la educación y al futuro de los jóvenes sin futuro, de los ni-nis. Ahora toca detener, juzgar y castigar para que saquear una tienda no salga gratis. Policías heridos, mobiliario urbano destrozado y tiendas saqueadas no tienen ninguna justificación, y menos en una ciudad como Barcelona, que vive del turismo y del comercio. Eso, por no decir que estamos a un mes de las elecciones generales y este clima no contribuye, para nada, a elegir con la cabeza.

Si no cortamos de raíz el problema, éste solo crecerá y se nos irá aún más de las manos. Esto sí que merece un mensaje de alerta a toda la población.