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Artículo de opinión de Francesc Arroyo

Artículo de opinión de Francesc Arroyo Fotomontaje CG

Pensamiento

La izquierda dispersa

"En Francia, en España, en Italia, en Portugal, en India y en Albania han estallado estos días revueltas que expresan el malestar de la mayoría. Una mayoría que no ve a ningún partido capaz de canalizar sus reivindicaciones"

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En política, el término “izquierda” deriva de un topónimo. En 1789, en la Asamblea Constituyente francesa, a la derecha se sentaban la nobleza y el clero, y a la izquierda, el “pueblo llano” (burgueses, artesanos y campesinos). Los partidarios del progreso, de la igualdad y de la libertad fueron llamados de izquierdas frente a los conservadores y reaccionarios, de derechas.

Más adelante “izquierda” adoptó un significado ideológico: designaba a las fuerzas socialistas, comunistas y anarquistas. Los liberales pasaron a engrosar el bloque de la derecha.

Hoy, cuando todo el mundo, o casi, es medio liberal y nadie cuestiona la economía de mercado, no se sabe quién es de izquierdas. A la derecha, en cambio, se la reconoce perfectamente e incluye, sobre todo, a los que sostienen que los términos derecha e izquierda carecen ya de sentido.

Pero algo está claro: la izquierda era universalista y defendía el progreso social para toda la humanidad, sin distinción de lugar de nacimiento o sexo. Los derechos ganados eran para todos.

Este universalismo se quebró en 1914, cuando la socialdemocracia alemana votó los créditos para entrar en la I Guerra Mundial. El llamamiento a que los soldados utilizaran los fusiles para liberarse de la opresión cayó en saco roto. El nacionalismo pesó más que el internacionalismo.

Ahora se habla de la “izquierda de la izquierda” expresión que remite a un rompecabezas en el que cabe de todo. ¡Hasta algunos independentistas catalanes se dicen de izquierdas, aunque sus diputados votan regularmente con PP y Vox! Incluso la CUP, en el Parlament, votó a favor de un partido sospechoso del 3%. ¡Cuánta ignominia en nombre de la patria!

En ese bloque de la supuesta izquierda está Podemos, fuerza asociada a un partido nacionalista llamado Esquerra Republicana, que ha tenido un dirigente, Heribert Barrera (al que aún veneran) que era tan xenófobo como Sílvia Orriols y Santiago Abascal juntos.

¿Quién le habrá vendido a Irene Montero que ERC es de izquierdas? Igual la convenció Rufián, que tiene labia. Pero de alguien que tiene un doctorado, aunque sea en Psicología, era de esperar mayor capacidad analítica.

¿Quién es hoy de izquierdas?, ¿qué partido pone en primer lugar la contradicción principal, entre capital y trabajo, en vez de tantas cuestiones secundarias? ¿Hay depredación medioambiental? Sí, evidentemente. ¿Pero se debe a que el hombre es un ser perverso o a un sistema de producción, el capitalismo, que busca el máximo beneficio privado sin importar los costes generales?

Las reivindicaciones feministas forman parte de los derechos universales que reivindica la izquierda. Pero ser mujer no equivale a ser feminista y de izquierdas. Ejemplos: Margaret Thatcher, Georgia Meloni, Isabel Díaz Ayuso, Cuca Gamarra y Cayetana Álvarez de Toledo. O Ana Botella.

En Cataluña, parte de la deriva de la izquierda se produjo cuando el PSUC se convirtió en un collage llamado Iniciativa per Catalunya-Verds. Decían ser rojos, verdes y violetas, sin ser nada en particular. La izquierda dispersa.

De aquellos polvos, estos lodos. Los trabajadores, que los sigue habiendo, aunque haya quien lo niegue, se hallan desorientados y no saben qué partido los puede representar realmente.

Se suponía que, entre otras cosas, los sindicatos de clase trataban de vincular las reivindicaciones a corto plazo con las transformaciones a más largo plazo. Hoy parecen dedicarse en exclusiva a integrar a la clase obrera en la clase media. Y sin éxito.

Han prescindido de la conciencia de clase. Del orgullo de clase.

La derecha, en cambio, tiene plena conciencia de clase. Y de su fuerza y capacidad para mantener la situación. Eso explica que aumente sin medida la riqueza al mismo tiempo que las desigualdades sociales. Véase el último informe Oxfam.

En Francia, en España, en Italia, en Portugal, en India, en Albania han estallado estos días revueltas que expresan el malestar de la mayoría. Una mayoría que no ve a ningún partido capaz de canalizar sus reivindicaciones.

La respuesta de la derecha ha sido unánime: represión para acallar las exigencias de igualdad.

No hay que descartar que el malestar acabe convirtiéndose en rabia a la que se apunten los rebeldes incapaces de detectar la causa de los males que les aquejan. Y, por eso, incapaces de impulsar soluciones igualitarias.

Preguntas tontas: ¿Habrá una relación directa entre los recortes en la enseñanza y la falta de espíritu crítico que culmina en el auge de la extrema derecha? ¿No se habrá diseñado un sistema educativo que busca sólo formar al personal para que rinda en el sistema productivo?

Ya lo dijo Goya: el sueño de la razón produce monstruos… y preguntas sin respuestas.