Un montaje con una imagen de fondo de Toni Comín y una foto del colaborador Guillem Bota.
Comín, el regreso del penúltimo héroe
" Si el 'procés' fue una forma de ganarse bien la vida, y no hay duda de que lo fue, Toni Comín es su principal figura, por lo menos hasta que regrese Puigdemont"
Toni Comín ha vuelto victorioso del exilio, según sus propias palabras, y uno supone que «victorioso», en su caso, significa que las acusaciones de meter mano en la caja de resistencia y, de paso, a algún asesor, han quedado en nada, aunque lo del asesor se sigue investigando. Cabe felicitar a Comín, por tanto, que ha sido capaz de volver a casa hecho todo un héroe; ya se sabe que los héroes se caracterizan por pisar sin rubor y tener las manos largas sin mesura. Se marchó como el pianista de acompañamiento de una ópera bufa, y ha vuelto como Ulises: más viejo y sin piano. La única diferencia es que el héroe griego volvió más sabio, mientras que el héroe catalán no ha conseguido sumar durante su viaje ni un ápice de sabiduría, y eso que, partiendo con tan poca, lo tenía fácil.
Para redondear su épica victoria, prometió la Constitución del estado fascista español, ni más ni menos que en el interior del Congreso, aunque, eso sí, añadiendo que lo hacía por el «mandato del 1 de octubre». No precisó de qué año, con lo que mucha gente se quedó con la duda de qué debió de suceder en tal fecha; debió de ser algo constitucionalmente importante si todo un héroe lo utilizaba para ponerse a disposición de la Carta Magna. Eso a Comín no le importa; los héroes de su talla, con tal de cobrar los generosos emolumentos que corresponden a un eurodiputado, juran lo que sea; habría jurado los Principios del Movimiento si eso le produjera algún beneficio económico. Por jurar, habría jurado hasta su fe islámica si así rascaba unos cuantos euros más. Incluso se habría cambiado de sexo si siendo mujer se le hubiera asegurado un plus en caso de maternidad. Si el procés fue una forma de ganarse bien la vida, y no hay duda de que lo fue, Toni Comín es su principal figura, por lo menos hasta que regrese Puigdemont. De hecho, si éste ha decidido ser el último de los ‘exiliados’ en regresar, es para que nadie pueda poner en duda que ha sido el que mejor ha vivido de todos ellos, el que más tiempo ha conseguido vivir de la sopa boba.
Habrá quien no vea victoria alguna en el regreso a casa de Comín, ya que ha sido el Estado español —precisamente— el que le ha aplicado generosamente una medida de gracia. Y habrá también quien piense que regresar nueve años después, para estar exactamente en el mismo punto de partida en el que se encontraban las cosas antes del inicio del procés, sin haber conseguido absolutamente nada, equivale a haber tirado todos estos años a la basura, para este viaje no hacían falta alforjas y más valía ni haberlo empezado. A todos esos ingratos que no reconocen a un héroe cuando lo tienen ante sus narices, les replicaría yo que vivir del cuento durante nueve años puede considerarse una victoria al alcance de muy pocos. Son muchos los ‘exiliados’ que intentaron algo parecido y fracasaron, teniendo que ponerse a trabajar para comer. No ha sido el caso de Comín —ni de Puigdemont, otro semidiós, pero de ese ya hablaremos a su regreso—, quien no solo ha conseguido mantenerse alejado de cualquier empleo u ocupación, sino que ni siquiera ha tenido jamás la tentación de laborar. Todo ello, sin privarse de sus pasatiempos habituales, como son llevar a su manera las cuentas de lo que sea —en este caso del Consejo de la República, pero eso es lo de menos, podría ser el cepillo de una iglesia o la hucha de los huerfanitos— y arrimarse a algún asesor de buen ver. Un asesor que, dicho sea de paso, será quien más celebre la vuelta de Comín a España, a ver si así el pobre puede irse a dormir sin tener que mirar antes bajo la cama