No me dirán que el hecho de que la única víctima política del caso Mari Carmen haya sido la portavoz de uno de los partidos que montó el circo y una de las voces más voraces (todo con "v" de vivienda) que quiso aprovecharse de la pobre anciana hasta después de muerta no tiene algo de justicia casi divina.
Lo cierto es que a quien en Ca’ la Moncloa tuvo la gran idea de agarrarse artificialmente al asunto de la vivienda como eje de su campaña electoral improvisada y a contracorriente deberían haberle dado antes la información sobre la situación respecto al mercado inmobiliario de sus colegas de carnet, para evitar hacer el ridículo absoluto que estamos viendo, no solo con el caso de Montse Mínguez, sino con el goteo de grandes tenedores (según su propia ley) que resulta que nos vamos enterando que viven felices en la bancada socialista.
Mari Carmen ha matado socialmente a Montse, pero también se ha llevado por delante el relato (que no llega ni a campaña electoral) cursi, infantil, lacrimógeno y moralizante en el que vive la política del Gobierno desde hace ya mucho tiempo.
El caso es que la penosa situación en la que se encuentra actualmente la exportavoz del PSOE es consecuencia directa de hacerle la seguidilla a los flipaos de Más Madrid y Podemos en el caso del otro célebre novio de la política española, a saber, el novio de Ayuso.
Si el entorno del presidente del Gobierno no hubiera llevado hasta el extremo la obsesión de P. S. por la presidenta de Madrid, situación que acabó con el fiscal general del Estado convertido en un delincuente por filtrar correos para intentar perjudicar a Ayuso, si esto no hubiera pasado, posiblemente Montse Mínguez seguiría feliz de portavoz y camino de renovar su escaño en Madrid.
Mínguez no ha hecho nada ilegal, al menos que se sepa. Su novio tampoco, pero son víctimas de su propio relato, que para más inri no suele tener nada que ver con la realidad. Ha sido víctima de su propio veneno, ese que se han dedicado a esparcir por ahí y que va en un botecito con la leyenda "lo personal es político".
Un decreto de taza de autoayuda que solo denota la falta de madurez política de la sociedad en general. Muy utilizado también por determinadas troyanas del movimiento feminista y muy secundado por muchas sin someterlo al más mínimo análisis crítico.
¿Lo personal es político? Pues no siempre, oiga. De hecho, casi nunca si la política es buena. Pero como llevamos años de turra neomoralizante victoriana, principalmente atizada por quienes luego han resultado tener menos moral y ética que nadie (véase el caso de Podemos, su obsesión malsana por el sexo y lo que fue de su baluarte Íñigo Errejón), cualquiera que no lleve los últimos 30 años siendo prácticamente un monje ermitaño es susceptible de acabar en la hoguera de lo políticamente correcto de la autosentida izquierda wokista.
Esto siempre ha sido muy de comunistas, la novedad infausta es ver ahí a la gente del Partido Socialista y por eso no dejan de salirle "setas" por todas partes.
Y lo grave no es eso, sino que, sometidos a la Inquisición hipócrita del comunistoide odiador de frente amplio y pensamiento estrecho, la política cada vez se degrada más. Porque cualquiera que lleve más de 40 años en este mundo se ha equivocado alguna vez, no ha tenido siempre un comportamiento intachable, ha dejado de pagar algo que tenía que pagar o ha insultado a alguien. Incluso, igual hasta se ha drogado. Y por eso nadie medio normal y que tenga una carrera profesional en condiciones o simplemente una vida tranquila se mete en política.
La línea roja está en ser un putero, cosa que parece no ser tan perjudicial en política como tener un novio en el epígrafe empresarial políticamente incorrecto.
Total, que en puridad, para mí, la dimisión de Montse Mínguez no es más que otro acto de campaña electoral del Gobierno, con el que supongo que alguna mente "brillante" cree que van a presionar a Ayuso de alguna manera. Solo que Ayuso no vive en la moralina woke (como la mayoría de gente en realidad) y, haga lo que haga su novio, a ella se la repinpampinfla. Igual que se la tenía que haber repinpampinflado a Mínguez, si es de profesionalidad política stricto sensu de lo que estamos hablando. Si Mínguez lo hubiera planteado así, igual otro gallo le hubiera cantado.
Y no me quiero ir sin destacar que estas trampas del "relato ejemplarizante" traen consigo un tufillo misógino que a nadie debería pasar desapercibido. A saber, cuando ya todo el país sabía que Ábalos era un putero inconmensurable, y además con dinero público, aún se le hacían entrevistas de compadreo en los medios de comunicación y aún hoy se le trata con bastante deferencia, incluso dentro de su propio partido, que en lugar de pedirle el acta de diputado lo dejaron ahí en el escaño hasta que entró en prisión. Una gracia de la que no ha disfrutado la exportavoz del PSOE.
Moraleja: chica, si quieres ser política de la "izquierda", lo mejor es que no tengas novios. Al menos novios no ejemplares, porque será tu "honra" quien pague por sus desmanes.
