Pedro Vega escribió hace muchos años junto a Ramón Jáuregui un libro que hoy está de rabiosa actualidad.
El que fuera director de Radio España Independiente, que salió camino del exilio desde su Cantabria natal, escribió "Crónicas del Antifranquismo. La historia de los que lucharon por derrocar el régimen de Franco", en las que explicaba anécdotas de la lucha desde la clandestinidad.
Desde heroicidades hasta clamorosas meteduras de pata, Vega hizo un retrato de la oposición antifranquista situada a la izquierda del PSOE —y del propio PSOE que estaba atomizado con un PSOE del interior, otro del exterior, el PSC-Congrés, el PSC-Reagrupament, el PSP y otra decena de grupos que se erigían como el referente socialista— que aglutinaba a 197 organizaciones. Nada más y nada menos.
Vega, siempre irónico y con sorna, decía "cuatro de izquierdas se reúnen y salen cuatro escisiones". Y de esto, sabía mucho ya les digo. Solo un dato. Tras las primeras elecciones en 1977 y 1979 el panorama se limpió. ¡Y de qué manera! Fueron protagonistas de la lucha contra el franquismo pero en las urnas fueron fagocitados por el PSOE, con el socialismo unificado alrededor de Felipe González, y, en menor medida por el PCE y el PSUC.
Viene a cuento esta cita de mi buen amigo por la negociación de esta semana entre las diferentes organizaciones de la izquierda situada a la izquierda del PSOE. No llegarán a 197, con seguridad, pero el galimatías está servido. Los gallegos del BNG, los vascos de Bildu que ya agrupan por sí solos al menos a cuatro partidos, los andaluces de Adelante Andalucía, los chic@s de la CUP que también aglutinan cuatro o cinco partidos como mínimo, se han borrado de la ecuación. Con este repaso ultra rápido ya contamos una veintena de partidos.
En la batalla nuclear Podemos, Más Madrid, Comunes, Compromís, ERC, los restos de las Mareas en Galicia, Xunta Aragonesista, Compromís -que ya son tres partidos más, Izquierda Unida, y algunos grupos casi residuales en Castilla y León, Euskadi, Asturias y poco más. Otra veintena a sumar en el galimatías negociador.
Solo sale ganando en esta batalla ERC. El resto se deberán conformar con migajas porque los egos y los protagonismos han lastrado una negociación. La alternativa ha quedado hecha añicos. ¿Por qué gana ERC? Gana en términos absolutos por el liderazgo de Gabriel Rufián y por la aportación de Podem Catalunya que en números no es despreciable. Baste con recordar que Podemos ganó a los Comunes en las últimas europeas. El CEO confirmaba esta semana el crecimiento de ERC, todavía sin ese impacto del votante que prefiere a Podemos frente a los Comunes.
Rufián se ha limitado a poner letra a la música de Oriol Junqueras de ampliar la base. Y gana sin duda en Cataluña. Otra cosa es España. Podemos fuera de Madrid es algo así como un zombi que aglutinando a grupos de extrema izquierda no conseguirá representación más allá de la M-30. Eso sí, Podemos consumará su venganza contra el movimiento Sumar que ha transmutado en Frente Amplio, pero no es ni frente ni amplio. Ada Colau se ha mostrado como la anti líder.
Con un líder esta izquierda se hubiera agrupado. Sin líder, o un liderazgo de cartón piedra, las cuitas han hecho saltar la operación por los aires. Rufián, en España, oficiará de enterrador porque Podemos se limita a Madrid y las opciones de la izquierda para arañar restos en las pequeñas con número impar de diputados quedan reducidas prácticamente a cero. Y quizás veamos su foto junto a Montero en las papeletas de Madrid. Así lo hizo Iglesias en 2015 y también Colau en Barcelona. En Madrid, Montero puede aprovechar el tirón popular de Rufián. Mal que les pese a muchos, lo tiene y Montero lo va a aprovechar. No se le podrá votar pero será omnipresente.
Rufián gana, ERC gana, la izquierda pierde, y Colau ha hecho un cierto ridículo junto a Más Madrid más pendiente de sus cosas que de una alternativa. Ha sido una semana en la que se iba a celebrar una fiesta y hemos asistido a un sepelio. Cuánta razón tenía Pedro Vega. Se juntaron cuatro y salieron cuatro escisiones. Tal cual.
