Repasar la historia del espacio a la izquierda del PSOE nos puede dar algunas claves para valorar la evolución de nuestra sociedad.

No hay duda alguna que, durante la dictadura de Franco, el PCE fue la referencia para toda la oposición democrática, independientemente de dónde se posicionase cada uno. El “partido” era hegemónico, y más desde que en 1956 ya abogó por la reconciliación nacional, pasando de estar férreamente conectado con la URSS a formar parte de una corriente más moderada y moderna, el eurocomunismo.

Posteriormente, cuando ya había mucha gente a la que la Guerra Civil le parecía lejana, fueron surgiendo facciones más a la izquierda del PCE, como la Joven Guardia Roja o la Liga Comunista Revolucionaria. También gracias al PCE se desarrolló uno de los principales sindicatos españoles, CCOO.

La Transición fue posible gracias a la generosidad de muchas personas, entre otras Dolores Ibárruri y Santiago Carrillo. Apostaron por un cambio tranquilo y aceptaron las reglas del juego, como apoyar una monarquía parlamentaria como piedra fundacional del nuevo Estado.

Lo mismo que el Rey Juan Carlos pudo haberse limitado a recibir el poder de Franco y tratar de perpetuarse, y no lo hizo, Santiago Carrillo no buscó la ruptura, sino que apostó por la reconciliación, olvidando el pasado, lo mismo que Fraga, Suárez, Torcuato Fernández Miranda, Felipe… personas a las que España les debe muchísimo, a pesar de lo que dicta el adanismo que nos invade y el inconcebible revisionismo iniciado en tiempos de Zapatero, el presidente de Gobierno con el que, probablemente, retornó un frentismo del cual nos habíamos librado durante los primeros 20 años de nuestra democracia.

La Transición se cimentó en el espacio político del centro. Adolfo Suárez orquestó un espacio de derechas de centro y luego un joven abogado laboralista, Felipe González, supo llenar ese espacio con una versión moderna de la socialdemocracia europea.

El PCE no supo adaptarse a esa nueva realidad y, poco a poco, fue encogiéndose, a pesar de tener líderes más que sólidos y auténticos referentes morales, Gerardo Iglesias, quien tras ser el secretario general del PCE (1982-88) regresó a la mina, donde se jubiló… eso sí que fueron puertas giratorias, o el gran califa rojo, Julio Anguita.

A pesar de esa autoridad moral, el PCE fue perdiendo seguidores y votantes, y por eso comenzó a buscar alianzas con grupos diversos; entre otros, los verdes, transmutando en Izquierda Unida.

Poco a poco, fue decayendo hasta que un grupo de profesores de universidad se “inventaron” el movimiento del 15M, dando lugar a Podemos, herederos de la izquierda más radical, pero también más teórica.

Lamentablemente para nuestra historia, Podemos tuvo mucho de fuego artificial y exceso de personalismo y, tras lograr unos excelentes resultados en 2016, comenzó a desdibujarse al romperse las confluencias y al generarse escisiones variopintas que, como buenos miembros de la izquierda, tienen en el cainismo su principal fe.

Sumar, Compromís, Más Madrid, BNG, CHA, Podemos, IU… nos hemos perdido entre siglas e hiperliderazgos, hasta el punto de que el nuevo referente de este espacio es, ni más ni menos, que nuestra inefable exalcaldesa, niña en el bautizo, novia en la boda y fiambre en el funeral. Hay quien la compara con Zelig, el protagonista de la película de Woody Allen al que le sucede de todo porque empatiza con todo… como a nuestra Ada.

Animo al lector a comparar las virtudes, que seguro las tiene, de nuestra exalcaldesa con las de Julio Anguita, Santiago Carrillo o Dolores Ibárruri. Todos fueron referentes de un espacio político similar, lo cual habla mucho del tiempo que vivieron. Probablemente hoy Julio Anguita no sería elegido líder de ningún espacio político (“programa, programa, programa”; “votad al honrado”), pero ciertos líderes de hoy no llegarían a nada en las fuerzas políticas de hace 30 años.

Como no fueron políticos de redes sociales, escribieron libros, o terceros escribieron libros sobre ellos. Además de buscar en archivos varios, en universidades o incluso en Youtube, son más que recomendables El único camino y Me faltaba España, de Dolores Ibárruri; Eurocomunismo y Estado y El zorro rojo, sobre Santiago Carrillo; y Atraco a la memoria, sobre Julio Anguita. Da pereza leer hoy en día más allá de un tweet, lo sé, pero para quien no sepa quiénes son estas personas no vendría mal leer. La verdad nos hará libres.

La sociedad ha evolucionado. ¿Para bien? Tal vez la comparativa entre líderes de ayer y de hoy nos ayude a encontrar la respuesta.