Andrea Rodés opina sobre los libros de Patrick Radden Keefe
Empezar por las personas
"Patrick Radden Keefe no solo escribe bien, sino que te sumerge en la vida diaria de personas con vidas extraordinarias, para bien o para mal"
Esta tarde, en el CCCB, está programado un debate con el periodista estadounidense Patrick Radden Keefe, de quien soy fiel admiradora.
A Keefe lo conocía por sus reportajes en The New Yorker, como aquel en que investiga la misteriosa muerte de un adolescente que se hizo pasar por un multimillonario ruso en el Londres actual y que da pie a su último libro, El hijo del oligarca (Seix Barral/Periscopi, 2026).
También había leído No digas nada (Periscopi y Reservoir Books, 2020), un libro de investigación sobre el conflicto de Irlanda del Norte, y Cabeza de Serpiente (2024), sobre el mundo subterráneo del tráfico de personas en el Chinatown de Nueva York.
Me faltaba El imperio del dolor (2021), un relato sobre la dinastía de los Sackler, la familia vinculada a la comercialización del OxyContin, un medicamento que desató la crisis de los opioides en Estados Unidos. Así que, motivada por una conferencia a la que probablemente no podré asistir por culpa de las lluvias torrenciales, lo empecé a leer hace dos semanas y lo he disfrutado tanto como los otros.
Keefe no solo escribe bien, sino que te sumerge en la vida diaria de personas con vidas extraordinarias, para bien o para mal. Consigue trasladarte al ambiente de un barrio de inmigrantes judíos en el Brooklyn de la posguerra, introducirte en un psiquiátrico con más de 6.000 pacientes donde se practicaban lobotomías y otras barbaridades, y hacerte comprender cómo se desarrolla un medicamento y cómo se construye la publicidad engañosa de los fármacos. Incluso descubrí que un destacado —y olvidado— médico y humanista español, Félix Martí Ibáñez (Cartagena, 1911-Nueva York, 1972), tuvo un papel relevante en el mundo editorial médico de Manhattan.
Hijo del pedagogo Martí Alpera, Martí Ibáñez fue director de Salud Pública y Servicios Sociales de la Generalitat de Cataluña durante la República y, tras la Guerra Civil, se exilió en Estados Unidos. Allí desarrolló una carrera médica y literaria y fundó MD Publications, una editorial de revistas especializadas.
Una de ellas, MD Medical News, combinaba medicina y cultura, pero también incluía publicidad farmacéutica en abundancia. La publicación quedó envuelta en una polémica por un caso de conflicto de intereses que acabó con la dimisión de Henry Welch, un alto cargo de la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA), acusado de utilizar su posición para favorecer determinados productos. Es en este contexto donde Keefe sitúa a Martí Ibáñez en la historia de la industria farmacéutica y lo vincula con el entorno de Arthur Sackler, empresario y publicista médico.
Lo que más me fascinó de este libro, quizás, es que Sackler, además de médico, empresario y workaholic, era un coleccionista de arte oriental irrefrenable. Durante años, su apellido dio nombre a salas y galerías de algunos de los museos más importantes de Manhattan. Pero, tras salir a la luz el escándalo de los opioides, varias instituciones culturales empezaron a distanciarse de la familia. En 2021, el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York retiró el nombre Sackler del ala que alberga el Templo de Dendur y otras galerías de arte egipcio. El Guggenheim también eliminó el apellido del nombre de su centro educativo.
“Mi obsesión es siempre averiguar quién y cómo se explica la historia, quién y cómo se construyen los relatos”, dijo Radden Keefe en una entrevista con El País en noviembre de 2021.
La entrevista, a cargo de Carles Geli, destaca que el periodista estadounidense siempre empieza sus reportajes por las personas, nunca por ideas o tesis abstractas, y por eso precisamente me gusta tanto. “No me hable de astrofísica, sino de un astrofísico concreto y de sus dilemas; la técnica es como la de Virgilio con Dante, que le guía por el infierno: si hay un buen personaje, yo lo seguiré”, concluyó Keefe.