Cuatro años después de la Ley de nietos, miles de españoles no podrán votar el 29 de noviembre, aunque estén inscritos en el censo, porque el Tribunal Supremo ha decidido mantener la suspensión cautelar del derecho a voto. La decisión se produce a raíz de una denuncia presentada por Vox y el grupo Iustitia Europa.
Causas y azares, como canta Silvio Rodríguez: “cuando Pedro salió de su casa/ no sabía, mi amor, no sabía/ que la luz de la clara mañana/ era luz de su último día”.
El Gobierno no sabe cómo aplicar la medida cautelar del alto tribunal por falta de tiempo de hoy hasta los comicios. Los magistrados de casación se frotan la toga cada vez que el Ejecutivo se mueve un palmo y titubea.
Las leyes que promueve el Gobierno no alcanzan mayorías y, si lo hacen, hay un camión escoba que limpia, pule y da esplendor, como la Academia de la Lengua.
No cuelan la demografía ni el tamaño de las ciudades, ni el charco que separa la península de las Américas, con miles de papeletas en el limbo cuyos titulares no dan crédito, en Buenos Aires o Bogotá.
Las decisiones judiciales representan el ánimo crepuscular de quien mantiene el tipo. La acumulación de las diferencias carece de brillo, pierde su prestigio íntimo, si lo tenía.
El peor enemigo es el que te aborda desde la franqueza, como estas series de televisión cuyos personajes se dirigen al comedor de tu casa para ofrecer a tus hijos consejos fútiles.
Las estrategias políticas hechas de mensajes marketinianos ensordecen el alma. Suelen decir “ahí va otro marrón para Sánchez”, por lo que, al día siguiente de una Hispanidad de Pilarica, tanques y regulares africanistas, todavía no sabemos por qué no se levantó el president Salvador Illa, en el palco de autoridades, al paso de las boinas granate intenso de los regulares. Cuesta volver al tajo, tras una noche de incendios intencionados en los hoteles y en los trenes de la Alta Velocidad.
Los vagones, aún sean los de preferente y con salón de té, han dejado de ser puntuales y seguros. La ironía y el sarcasmo están sepultando la conversación. Los suyos animan a Pedro —“de Pedro Sánchez ha ido a Pedro”, dice Iván Redondo—, lejos de los egoísmos recalcitrantes de la izquierda imperativa y peleona: Irene frente a Gabriel o Colau pactando con la misma Esquerra de Tardà al dictado de Junqueras, la alta voz del muezzin, y con los pros y contras de Sumar, una formación de dirigentes educados, pero exquisitos de lo suyo.
Irene da un paso con una oferta al Frente Amplio al que ella se negó a seguir; mejor dicho, da una vuelta sobre sí misma al frente del Amplio, invitando a todos a sumarse donde ella está más confortable ¿Y Colau? La exalcaldesa piensa que todavía hay tiempo para seguir pensando en una candidatura única de los reinos de Taifas, el imposible metafísico de la representación y los sillones. ¿Tiempo de qué? No será tiempo de días y semanas.
Mientras se lo piensan, el golpe del Supremo a la Ley de nietos, promulgada en 2022, pone sobre la mesa el problema de la arquitectura jurisdiccional de España, tal como lo ha planteado Conde-Pumpido en la cresta del Tribunal de Garantías. Lo tomo por el lado de que la Fiscalía, el ministerio público, no puede modificar las percepciones que todos tenemos de las sedes judiciales convertidas en opinables, cuando las sentencias y los autos deberían ser lo más sagrado de un país serio, y no digo que el nuestro no lo sea, solo digo que va a la greña antes de discernir.
Los Nueve Círculos del Infierno, la teología de masas, el contexto irrefutable de las encíclicas progres está en manos de gente con mucha pericia en el lenguaje, pero de difícil capacidad de consenso. Nos persigue la judicialización de todo, incluidas las cancillerías y los diplomáticos dispersos por medio mundo, donde el fin de la era Gutenberg ha saltado hasta lo último de la IA, excitando el temor a un impulso del analfabetismo funcional. El mercado hace de la literatura un paisaje sin rentabilidad e inmediatamente inventa un neo-romantismo que desborda los anaqueles de las bibliotecas públicas.
La política vive la parálisis que sufrimos todos. Solo se habla de flecos, el último consiste en que la oferta de Rufián, la misma que ha sostenido a lo largo de los últimos meses, choca de lleno con la voluntad de la dirección de su partido, ERC, y de los Comuns.
El portavoz de los republicanos, Isaac Albert, ha tenido que leer la propuesta de Rufián durante su comparecencia y, posteriormente, responder a la última publicación de su portavoz en el Congreso. Entiende la posición de Rufián, pero asegura que lo primordial es estar preparados ante lo que los sondeos nos anuncian: “No puede ser que la forma de responder a la extrema derecha sea diluyendo las siglas de ERC”.
Es la doble negación; el no a España y, como un corolario automático, el no de las urgencias catalanas que pronto manifestará el Parlament.
Por lo visto, el paisanaje no busca ententes cordiales. Los líderes viven de lleno su soledad y creo que por eso Toni Comín promete volver andando a casa, pasando por la Cámara legislativa para recuperar su acta, después de ser amnistiado.
Mientras tanto, en Moncloa hay un pájaro cantor frente a la ventana del presidente: Cuando Pedro salió de su casa... / Y las causas le iban cercando / cotidianas, invisibles / Y el azar se le iba enredando / Poderoso, invencible / Cuando acabe este verso que canto (Yo no sé, yo no sé, madre mía...)
Dicen que es el canto de un ruiseñor instalado en uno de los alcornoques que florean en la calle de la Villa De Paris, en Madrid. También dicen que defiende las bondades del supremacismo.
