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Joaquim Coll opina sobre Gabriel Rufián

Joaquim Coll opina sobre Gabriel Rufián

Pensamiento

Y Rufián no se atrevió...

"El diputado de ERC tenía ante sí una disyuntiva: romper con la organización que le había convertido en una figura nacional o renunciar a encabezar una aventura política propia. Al final, no se atrevió a dar el salto"

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La política también se mide por las decisiones que uno no se atreve a tomar. Gabriel Rufián llevaba meses alimentando la expectativa de un salto que podía cambiar su carrera: abandonar ERC, encabezar una nueva plataforma de izquierdas en Madrid y convertirse en protagonista de la reorganización del espacio situado a la izquierda del PSOE.

Finalmente, el acuerdo entre ERC y Podemos para concurrir juntos a las elecciones dibuja un desenlace distinto. Rufián no ha cambiado de campanario. Ha preferido conservar el suyo.

El diputado oriundo de Santa Coloma había conseguido que se olvidara su descarnado arribismo inicial, gracias al cual llegó a ERC interpretando el papel del 'charnego separatista', hasta convertirse en uno de los políticos de izquierdas más populares de España.

Su proyección ha desbordado los límites del independentismo republicano y le ha permitido conectar con públicos alejados de la militancia tradicional de ERC. Su gira meses atrás en favor de un frente de las izquierdas respondía a esa ambición: superar las disputas partidistas, evitar un Gobierno del PP y Vox y abrirse un futuro político propio después del 29-N.

Pero una cosa es agitar el tablero y otra romper con quienes controlan las piezas. Rufián aspiraba a reunir a Podemos, Sumar y otras formaciones en una candidatura capaz de renovar la izquierda española. El proyecto tropezó con las rivalidades entre aparatos, las ambiciones personales y las dificultades para acordar un liderazgo. Ada Colau tampoco resolvía el problema. Podemos exigía primarias, aunque estaba dispuesto a aceptar a Rufián como cabeza de lista por Madrid. La oportunidad existía, pero exigía dar el paso decisivo.

Y ahí Rufián se detuvo. Carece de una estructura política propia con la que afrontar una aventura de esa magnitud. Su popularidad mediática no basta para construir una organización electoral. Tampoco las perspectivas del Frente Amplio eran especialmente halagüeñas, incluso con él al frente.

La confluencia podía mejorar los resultados de las distintas formaciones, pero difícilmente habría supuesto un revulsivo capaz de alterar el escenario político español. El salto entrañaba riesgos considerables y una recompensa incierta.

Junqueras no estaba dispuesto a ceder. Según trascendió durante las negociaciones, llegó a contemplar a Raül Romeva como posible sustituto de Rufián si este abandonaba ERC para liderar la candidatura del Frente Amplio. El mensaje era inequívoco: el partido no sacrificaría su identidad ni su autonomía para satisfacer las ambiciones de su portavoz en Madrid.

Rufián tenía ante sí una disyuntiva: romper con la organización que le había convertido en una figura nacional o renunciar a encabezar una aventura política propia.

Al final, el diputado no se atrevió a dar el salto. El acuerdo con Podemos le permite mantener su posición, ampliar su proyección española y aliarse con Irene Montero sin romper con ERC. Junqueras conserva el control del partido y Rufián evita el riesgo de quedarse sin una estructura política propia.

Pero el pacto tiene consecuencias que van más allá de la carrera de Rufián. El entendimiento con ERC es el escenario que buscaba Podemos para desdeñar el acuerdo con las fuerzas que impulsan el Frente Amplio. No es difícil interpretar la maniobra de los morados como un ajuste de cuentas con Sumar a fin de convertirse, después del 29-N, en el referente de la izquierda del PSOE. Se preparan para liderar la reorganización de las izquierdas tras la previsible victoria de las derechas en las elecciones.

En Cataluña, la operación admite otra lectura: una maniobra de ERC para debilitar a los Comunes y disputarles el espacio de la izquierda alternativa. Junqueras pretende consolidar a su partido como la alternativa por la izquierda al PSC. La apuesta puede contribuir a ese objetivo, aunque también plantea contradicciones entre el electorado independentista tradicional y los referentes de la izquierda española.

El acuerdo resuelve una urgencia, pero no la cuestión de fondo. Rufián conserva su puesto y Junqueras su autoridad. El diputado había planteado la posibilidad de abandonar el partido para ampliar su horizonte político. Al final, ha preferido no arriesgar lo que tiene por aquello que podía llegar a ser. En política, también cuentan los saltos que uno no se atreve a dar.