A pocas horas de que los mismos memos y memas de cada año salgan con su turra de “12 de octubre. Nada que celebrar” y toda pseudoargumentación estrambótica sobre las supuestas 'descolonización', que solo demuestra que lo único que ha sido descolonizado es el cerebro de estos personajes de cualquier atisbo de actividad inteligente.
A pocas horas de ese show, le quiero contar a todo el mundo que una minicumbre iberoamericana ha tenido lugar este sábado a las nueve de la mañana en un pequeño salón de manicura de un pueblo de la costa de Tarragona.
La hora y el lugar tienen mucho que ver con las asistentes a la selecta reunión, porque el sábado a las nueve de la mañana solo se juntan las mujeres que no tienen otro momento para juntarse, mujeres para las que los sábados son días tan laborables como cualquier otro, solo que se dedican al trabajo que no se cobra. O mujeres, como la dueña del local y su trabajadora, mujeres y madres currantas, que siempre necesitan ingresos extra.
O sea, todas curritas, así que no se dejen engañar por sitio del encuentro.
Las integrantes de la cumbre han sido, la dueña del local y también trabajadora, una chica brasileña de unos 30 años, otra trabajadora del local que es una chica colombiana de la misma edad, una señora un poquito más mayor que nosotras, venezolana que trabaja en un centro de día y yo, como representante de la “madre Patria” por nacimiento y un también de México por delegación.
Las cuatro alrededor de las mesas, entre colorines y limas. Ni siquiera sé cómo empezó la conversación, pero en un pispás, la señora venezolana, que había sido alta directiva de la mayor empresa de telecomunicaciones antes de tener que salir corriendo del país en menos de 48 horas, bajo amenaza de muerte de ella y sus hijas hace ya algunos años, nos explicaba horrorizada el paralelismo exacto entre el momento en el que Chávez llegó al poder democráticamente y cómo sobre todo la élite intelectual se echó en brazos del dictador y lo aupó al poder.
La señora, con muchísima gracia caribeña, expresaba, entre muy cabreada y estupefacta, que la situación en España ahora era la misma que ellos vivieron y que ha acabado como el rosario de la aurora.
“De a poquito a poquito nos la fueron metiendo hasta que la tuvimos toda dentro y fue el caos”.
Por su parte, la representante de Brasil estaba indignada porque, como autónoma y madre de tres hijas, había hecho cuentas de los impuestos que había pagado en 2025, llegando al resultado de que el 48% de todo lo facturado se lo había quedado el Estado y que encima había temido llevar a su hija mayor a un cole de pago porque en el público que le tocaba no le enseñaban nada.
Con bastante enojo nos hizo su análisis electoral sobre los resultados de la primera vuelta de las elecciones brasileñas que fueron la semana pasada, concretamente, sobre el voto de los brasileños en Europa, donde había ganado el voto a Lula. “No entiendo, si les gusta tanto Lula, por qué no se vuelven a Brasil”, a lo que la venezolana apostilló un “qué sabroso, opinando desde fuera”.
Obvio, la señora Maricarmen pronto apareció en la conversación y la chica colombiana, mientras estaba afanadamente haciendo su trabajo, se hacía igualmente cruces de toda la manipulación mediática que le había impedido enterarse de casi nada del asunto más allá del “pobre viejita la señora Maricarmen”.
Ella, que también es inquilina, extranjera y madre de una niña pequeña que se ve negra para encontrar piso de alquiler, precisamente por la política prookupación del Gobierno de España, que muchas veces parece más dirigido por los comunistas que por los presuntos socialdemócratas.
A todo esto, yo no pude menos que disculparme en nombre de españolito medio ignorante y desconocedor absoluto de la realidad de Latinoamérica, debido a nuestro catetismo impuesto por una educación cada vez más penosa, unos relatos cada vez más infumables y mucha gente que no ha salido del pueblo ni para que le dé el aire.
Mucha gente que en España se dedica a opinar sobre Latam sin tener la menor repajolera idea de que, mientras aquí nos pudríamos en la oscuridad de la dictadura franquista, la sociedad latinoamericana era la potencia intelectual más fuerte del mundo y sus universidades pioneras en vertebrar pensamiento crítico. Cosa que en España no se ha hecho jamás. Las universidades españolas solo han servido para inocular la ideología woke posmoderna y así nos va.
También hay mucho, mucho idiota en España que te come la oreja con la "descolonización" y a favor del indigenismo, sin tener la menor puñetera idea de que las mujeres indígenas, en todos los países de Latinoamérica; por ejemplo, en México, llevan décadas reivindicando que se les apliquen las leyes civiles y penales mexicanas, las leyes emanadas de los congresos estatales y federal.
Piden que se les trate como ciudadanas y que no se las deje a merced de los “usos y costumbres” del comité de sabios de cada comunidad, que permite que en las sierras de Oaxaca o Guerrero se cambien niñas por litronas de cerveza, exista el matrimonio infantil, donde el aborto es un acto que puede ser castigado con la muerte y donde las mujeres no valen nada. Pero luego la gente es muy tonta y va a hacerle la ola a la presidenta Sheinbaum a la cumbre del mal que Collboni organizó en Barcelona.
Y por si faltaba algo en nuestra cumbre femenina iberoamericana de máximo nivel, de sábado a las nueve de la mañana, llegó otra clienta justo cuando estábamos hablando de lo que estarían pasando nuestras pobres convecinas de Ceuta, que soltó: “Cuando nosotras aquí quisimos votar el 1 de octubre, vinieron un montón de policías y ahora para lo de Ceuta no hay ninguno”. No podía haber nada mejor que el punto independentista para dar cabida a todas las sensibilidades.
Levantamos la sesión deseándonos todas mucha suerte y vernos pronto en la próxima cumbre, con la sensación más que reconfortante de lo afortunadas que somos de pertenecer al grupo de mujeres latinas, esas con las que parece que te conoces de toda la vida y da la sensación de que, estemos donde estemos, somos familia. Lo somos. Que viva la Hispanidad.
