El silencio está dotado de una cualidad vigorosa; es lo que le queda a Junts por más que Puigdemont vuelva mañana con ganas de juerga. Los exconvergentes no pintan nada en los comicios del 29 de noviembre y en Cataluña no remontan, sino que Aliança Catalana los monta.
Junts, gloriosa Convergència del pasado, es el partido de los propietarios y Marta Madrenas, la exalcaldesa de Girona, lo ejemplifica. Hay un nido de pequeños propietarios del suelo, traidores paseantes del subsuelo.
El sorpaso de Orriols eleva la anécdota a categoría. La nación celestial recupera el aplomo del Doctor Robert y la herencia genética de Heribert Barrera. El macizo de la raza se decanta hacia el noreste, igual que las lluvias torrenciales.
La política es una versión adulterada de sí misma. Aznar despacha a Sánchez al decir que, si el todavía presidente gana las elecciones se cargará la monarquía. En Bruselas se contempla que Sánchez hundirá la UE con una derrota sonada ante PP-Vox y que dentro de poco Le Pen, Meloni y el nortefacha darán saltos de alegría en un Berlaymont blanco y hechizado por la batalla contra la inmigración en un continente sin tasa de natalidad.
El autoritarismo gana en la democracia de la duda, un sistema que aspira a integrar las contradicciones antes que a saldarlas. El maridaje entre el poder y el secreto anuncia el final incierto de la Unión predicada por Saint Simón, Bloom, Adreotti o Adenauer. El constitucionalismo como defensa de valores universales cae cuando quienes aspiran al mando padecen la obsesión por la oscuridad y el misterio.
La regularización de inmigrantes mantiene la renta nacional en el liderazgo europeo; España lleva ocho años ampliando la “demanda agregada” -un concepto de Keynes que lo dice todo- tirando del consumo. Ayuso habla de biscotto -no voten por correo- y el atrabiliario sobrinísimo, Rato Figueredo, anuncia un recorte de pensiones a la argentina, creando el desconcierto entre los barones económicos del PP, refugiados en los servicios de estudios del Banco de España y en las trincheras interiores de la gran banca, ganadora gracias al cobro de comisiones encubiertas.
El cambio no se produce por el aleteo de un insecto; es consecuencia de la muerte del nacional populismo catalán marcado por una clase media que no quieren perder su estatus aunque le cueste su desaparición. Hacer carrera significa construir una pirámide gigantesca, como lo hacen las monarquías del Golfo, esperando que un día se derrumbe para levantar una nueva.
Estamos a las puertas de iconoclasia, una forma de valorar al artista sin obra -Núñez Feijoó- en plena glorificación de las dictaduras visuales, el plenilunio de la idolatría, un tiempo en el que el único camino de ejercer la res pública exige mentir.
Frente al poder iconoclasta en la sombra no vale aceptar las capitulaciones de los que defienden el pucherazo, anunciado por Ayuso, sin ver la posición lamentable del Supremo que impide aplicar la Ley de Nietos, gotas delebles de las togas, con el perdón de sus señorías.
Sánchez saca del cajón de su escritorio la nueva versión del Decreto Maricarmen y lo estampa en la puerta de la Diputación Permanente, como si fueran los principios contra las indulgencias y la simonía estampados por Lutero en la pared de Wittenberg.
Moncloa recupera el grueso de las medidas planteadas en los anteriores decretos tumbados por Miriam Nogueras, empresaria textil y la dame sans mercí de la cámara legislativa. El nuevo decreto está dotado de mayor músculo económico para ampliar la oferta.
Palmo a palmo, Sánchez resiste en el frente del Jarma de buena mañana y se retira al alba como lo hacía John Dos Pasos en un conocido hotel de Velázquez, que sobrevive a “las bombas que tiran los fanfarrones/ se hacen las gaditanas tirabuzones”.
A la izquierda del PSOE, la fatuidad y el aforismo impiden dar un paso en medio de la niebla que confunde los egos y la nadería de una ideología encerrada en sus dogmas. Sus líderes hablan insidiosamente desde sus arraigadas certidumbres. Viven en el siglo pasado cuando ya hemos cubierto una cuarta parte de la centuria presente.
El socialismo trata de afrontar la cuestión de si ahora es posible todavía una evolución libre, una visibilidad crítica y fecunda. Pero mientras el mundo al revés sea lo que es, solo vale comerciar la política nacional con la política de las nacionalidades, contando con que el magistrado del Tribunal Supremo Pablo Llarena ha dejado sin efecto, con carácter inmediato y hasta nueva resolución, las órdenes nacionales de busca y captura y detención de Puigdemont, después del recurso de amparo del Constitucional.
La tercera pata del Estado, el poder judicial, se resiste a bajarse del tren en marcha. Y nadie se acuerda del antecedente: Orriols se sube a la espalda de Junts, el partido de los golpes de volante. Los de Puigdemont muestran su talante proteico en el Congreso y Sánchez convoca elecciones. El efecto dominó está en marcha; todo empezó en Ripoll.
