Joaquim Coll opina sobre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez Europa Press
Las elecciones deparan sorpresas
"La legislatura que ahora se acaba ha sido un desastre: sin nuevos presupuestos y un clima de confrontación envenenado que se ha extendido por casi todas las instituciones"
A primera vista, las elecciones del próximo 29 de noviembre parecen tener un desenlace claro. Las encuestas dibujan una victoria del PP y un fuerte crecimiento de Vox. El escenario, a priori, resulta favorable a las derechas. Pero precisamente por eso conviene extremar la prudencia. La política española tiene una afición acreditada a desmentir los pronósticos cuando llega la hora de contar papeletas.
Basta recordar lo ocurrido en julio de 2023. Los sondeos vaticinaban una mayoría absoluta del PP y Vox. Y, sin embargo, Pedro Sánchez acabó siendo investido presidente después de sumar los apoyos de Sumar, ERC, Junts, Bildu, PNV, BNG y Coalición Canaria. Nada obliga a pensar que la historia vaya a repetirse, ni nada permite descartarlo: una campaña dura casi dos meses, y en política dos meses son una eternidad.
La legislatura que ahora se acaba ha sido un desastre: sin nuevos presupuestos y un clima de confrontación envenenado que se ha extendido por casi todas las instituciones. Sánchez ha gobernado instalado en una permanente negociación, con una mayoría de investidura que hace tiempo dejó de comportarse como tal.
El bloqueo y la incapacidad para sacar adelante iniciativas han sido la norma. Sin embargo, el presidente ha sabido encontrar en el último momento un banderín de enganche especialmente eficaz: el drama de los desahucios y la imposibilidad para la mayoría de acceder a una primera vivienda de compra o alquiler.
Sánchez ha encontrado un terreno donde puede simplificar al máximo su discurso. No necesita explicar el carácter multifactorial del problema y sobre todo a qué se debe la falta de oferta en vivienda. Ni asumir tampoco ninguna responsabilidad en esta materia cuando lleva en la Moncloa desde junio de 2018. Le basta con señalar culpables: las élites, los fondos buitre, la especulación y las autonomías en manos del PP. El mensaje será sencillo: inquilinos, votadme para que no ganen ellos.
Su última maniobra es muy llamativa. Después de que el Congreso tumbara los dos decretos-leyes sobre vivienda, el Gobierno los aprobó de nuevo este martes a fin de llevarlos a la Diputación Permanente para su convalidación. La fórmula está contemplada por la Constitución cuando las Cortes han sido disueltas para situaciones excepcionales.
Ahora bien, el Congreso acaba de rechazar esas normas y, acto seguido, el Gobierno busca otra vía para que entren en vigor antes de que los ciudadanos vuelvan a votar. Es un claro acto de campaña, una fórmula para la movilización de la calle. Legal, sí, pero profundamente iliberal: desvirtúa el voto del Parlamento, aunque las medidas puedan ser buenas. La política del fin justifica los medios.
En 2023, el fiasco del PP fue también consecuencia de errores de campaña y de la torpeza de Núñez Feijóo, que se enredó con los pactos autonómicos con Vox y no supo anunciar quién iba a ser su ministro de Economía frente al buen nombre de la socialista Nadia Calviño.
Esta vez, no basta con insistir en el fracaso de Sánchez. El PP tendrá que explicar qué hará para que los jóvenes puedan acceder a una vivienda, cómo aumentará la oferta y cómo logrará que la construcción sea más barata. Si no lo hace, corre el riesgo de permitir que la campaña se convierta en un plebiscito emocional en el que el presidente juegue con un marco mucho más favorable.
Las encuestas dicen hoy una cosa. Veremos qué dicen el 29 de noviembre. Las elecciones deparan sorpresas.