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Guillem Bota opina sobre la ejecución fallida de Christa Pike

Guillem Bota opina sobre la ejecución fallida de Christa Pike J. Miles Cary Reuters

Pensamiento

A por un fusilamiento feminista

"A Christa Pike le ha sucedido lo mismo que a Gila, quien contaba que durante la guerra civil lo fusilaron mal"

Publicada

A Christa Pike le ha sucedido lo mismo que a Gila, quien contaba que durante la guerra civil lo fusilaron mal, porque sobrevivió.

A Pike, una reclusa del estado de Tennessee, hace unos días también la ejecutaron mal, y salió con vida, no de una, sino de dos inyecciones letales de Pentobarbital, aunque lo de letales es un decir, porque, según ha quedado demostrado, más merecían el título de inyecciones saludables.

Tras fallar la primera, se le administró la segunda, pero ni por esas, será que no era un buen día para morir. Los abogados de la condenada sostienen ahora que la pena ya le ha sido aplicada, y que ella no tiene la culpa de haber sobrevivido, les falta solo argumentar que la buena mujer hizo lo que pudo para irse al otro barrio, sin que sus esfuerzos ni los del Pentobarbital fuesen suficientes.

Le pasó lo mismo que a aquel torero al que un intelectual le dijo que, para pasar a la historia, ya solo le faltaba morir en la plaza, a lo que el matador respondió "se hará lo que se pueda".

Las autoridades de Tennessee, al contrario que Christa, que si fuese por ella dejaba las cosas tal como están, son muy tenaces y se proponen insistir. Lo que no consiguen a la primera ni a la segunda, lo vuelven a intentar, así que ya han decidido que, en cuanto la buena mujer se reponga de las secuelas que les dejaron las inyecciones falsamente letales, la volverán a ejecutar ("volver a ejecutar" es una expresión que raramente se utiliza, por razones obvias).

Nótese que se trata de autoridades compasivas, puesto que antes de matarla quieren asegurarse de que la reclusa se encuentra perfectamente de salud. En Estados Unidos son tan buena gente que, si está usted resfriado o le duele una muela, no le matan sino que le tratan con sopas calientes y con antigripales, o le piden hora al dentista, y solo cuando ya está usted recuperado, le fríen en la silla eléctrica, le cuelgan de una soga, le obligan respirar un gas letal o le insuflan veneno en la sangre.

Otra cosa no, pero uno se va al otro barrio en perfecto estado de salud.

Cuando se supo condenada, Pike solicitó la muerte por fusilamiento, aunque con la particularidad de que el pelotón lo formasen íntegramente mujeres.

Se desconoce a qué obedecía tan curiosa petición, tal vez fuese un alegato feminista, para demostrar que las mujeres son capaces de matar tan bien como los hombres, solo hace falta que alguien les dé la oportunidad.

O al revés, tal vez pensaba que las mujeres tienen mala puntería y esperaba que le ocurriera lo mismo que a Gila para salir de ahí por su propio pie (cabe precisar que los que dispararon a Gila eran todos hombres, con lo que el género masculino no queda tampoco muy bien retratado en lo que a fusilamientos se refiere).

O igual era una manera de pasar a la historia como la primera víctima de un fusilamiento totalmente femenino, desde el pelotón a la condenada, quien sabe si también estaba prevista la intervención de una reverenda, que en Estados Unidos las hay.

Lo único que queda claro es que lo de conceder un postrer deseo a quienes van a morir es cosa solo de las películas de Hollywood, porque a Christa se le denegó el fusilamiento solicitado y se optó por la inyección letal, aunque, visto el resultado, nada habría cambiado si la hubiera fusilado un pelotón, no de mujeres sino de cegatos.

Habrá que ver si, para el nuevo intento de ejecución, se opta por repetir con las inyecciones, se le concede a Christa la gracia del fusilamiento feminista o se elige cualquier otro sistema, que por algo de eso van sobrados en Estados Unidos.