Maricarmen no es un único caso. Ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia ciudadana.

Desde la derechona más ignorante se ha llegado a decir que todo era una manipulación de la "izquierda" para tapar Ceuta. Bueno, Ceuta fue un movimiento para hacer olvidar la corrupción. El mundo de la conspiranoia.

Parecía que lo de la vivienda les había robado las chuches que repartía el rancio nacionalismo español. Todo por fagocitar a Sánchez. Pues no, Maricarmen es el icono de lo que está pasando en este país. Y la gente ha reaccionado.

No soy un experto y no tengo en mi mano una pócima mágica que me convierta en el Obélix del debate sobre la vivienda.

Vivo de alquiler y mi arrendador me sube el alquiler de forma mesurada cada año porque en Barcelona sí que hay un control de precios. Y como vivo en una zona tensionada, mi alquiler no es agresivo.

Con esto quiero decir que Barcelona no es Madrid. Que el aumento que se aplicó a Maricarmen en Madrid no hubiera tenido lugar en Barcelona.

En la ciudad de Collboni no se puede subir un 300% o 400%. En la de Almeida sí.

Estos casos sacan la cara más miserable de muchos que han cargado contra Maricarmen. La han llamado aprovechada, cara dura, jeta... ¿Por qué? Porque pagaba 500 euros en el centro de Madrid y era la tercera subrogada, cosa que la ley prohíbe.

Sin embargo, Maricarmen podía ser solo la primera subrogada si el franquismo no hubiera impedido a las mujeres firmar contratos o tener cuentas corrientes.

Por eso el contrato fue firmado solo por su padre y a su muerte el piso pasó a su madre, que por ende ha sido la condena de Maricarmen. El legislador no pudo prever esta casuística.

Al final, Almeida ha logrado un acuerdo para que Maricarmen vuelva a su casa.

Ha sacado pecho como solucionador. Me parece obscena esta actitud. No hacía falta que hiciera una rueda de prensa. Sin embargo, tiene sentido su movimiento.

Almeida, a diferencia de Ayuso -la del ático- y Feijóo, se ha dado cuenta que el caso Maricarmen es un terremoto político. Para la derecha también.

Ayuso debería tomar nota. Feijóo también, pero Feijóo está en otra cosa. Como dijo, esperando su turno. Alguien le podría decir que el turno hay que ganárselo trabajando, of course.

Y terremoto en la izquierda. La acampada de Sol no es un nuevo 15-M. Es un movimiento contra el establishment que comprende a PSOE y a Sumar, pero también al conjunto de la izquierda, incluida Podemos.

¿Cuál es el futuro de este movimiento? Está por ver, pero siempre que pasan estas cosas -15-M o Mayo del 68- acaban en una mayoría absoluta de la derecha. De Gaulle y Rajoy así lo atestiguan.

Sumar ha jugado a mantener la tensión pero sus amenazas sonaban a farsa. No iban a romper ni estaban por la ruptura. Por la ruptura están los manifestantes. La izquierda no, incluido Sumar. Podemos sí juega a la ruptura, pero Galapagar echa por tierra su credibilidad.

Los jóvenes son la punta de lanza de este movimiento. ¿Líder? De momento no hay líder. Los de la izquierda actual no sirven y no se vislumbra ninguno.

En el PSOE han reaccionado tarde y mal. Con ocho años en el Gobierno se deberían haber arbitrado medidas.

Ciertamente, la endemoniada aritmética política tiene buena parte de culpa, y la otra parte es que el PP no está por ser un partido de estado. La prueba es su voto en contra de la Ley de Vivienda. No le interesa un comino el diálogo, solo la confrontación y su mantra: echar a Sánchez.

El presidente ha movido ficha y se arbitrarán más medidas, pero el malestar seguirá porque no se hacen viviendas de un día para otro y en un tema tan controvertido las soluciones son complejas.

Ceuta solo ha movido a la derecha -y sobre todo a la extrema derecha- pero la vivienda ha arrasado con todo. Con PP -Feijóo todavía no lo sabe- y con PSOE y Sumar.

La gente joven ha desconectado con el sistema y, por primera vez en tiempo, ha conectado con la calle. Está por ver si no caerá en manos de los populismos de derechas o de izquierdas.

Quedan ocho meses para unas elecciones y veremos si estas nuevas medidas ponen seny o rauxa. La votación del congreso el viernes es casi lo de menos. El problema sigue ahí.