La inmigración y la defensa son los dos temas prioritarios en la agenda de la Unión Europea. Por eso, el problema de Ceuta es, también, un problema de Europa, como declaró alto y claro la presidenta de la Comisión Europea, a quien sustenta, entre otros, el Partido Socialista Europeo.

España, más allá del ruido mediático, es un aliado fiel con sus socios europeos y de la OTAN. Tenemos aviones patrullando en Estonia, Lituania y Letonia, así como en Rumanía que cada vez que hay una alerta, salen a interceptar a quien invade la frontera europea, sea un dron o un caza ruso. Cada año nuestros aviones hacen cientos de horas de vuelo en defensa de la frontera europea y actúan en decenas de actuaciones de interceptación.

Al menos 1.600 militares defienden de manera estable el flanco este de la OTAN, emplazados en Letonia, Eslovaquia, Rumanía y Turquía. En el momento álgido de la crisis entre Israel e Irán, en marzo, fueron esenciales para interceptar al menos cuatro misiles que se adentraron en cielo turco.

Y siempre que se piden refuerzos, nuestro ejército es de los primeros en acudir, estando entre los tres primeros países de la OTAN por aportación de tropas y vehículos.

En Eslovaquia, por ejemplo, lidera una brigada de la OTAN con soldados de siete países.

El servicio de fronteras europeo, Frontex, tiene personal desplegado en varios puntos de Europa. Más de 500 están desplegados en Italia, en la operación Themis, varias decenas en Malta, y cientos en Grecia, en la operación Poseidón.

En esas fronteras no solo hay funcionarios, también hay barcos de Estonia, Suecia, Dinamarca, Lituania y Rumanía … hasta una fragata de la Guardia Civil colabora con Francia en el control de la frontera del canal de la Mancha. Frontex hace tiempo que colabora con España, tanto de manera estructural, en Canarias, como temporal, con motivo de la operación cruce del estrecho.

Si este sistema funciona razonablemente bien, si España es un socio leal… ¿por qué no hay una colaboración palpable en el caso de Ceuta?

Probablemente porque no se ha solicitado. Valorando la actitud del Gobierno de España desde una óptica buenista, todo va lento para no molestar a nuestro vecino, inmerso hasta hace poco en un proceso electoral, y para priorizar la solución del problema humanitario.

Sea por eso, o por otras razones menos nobles, ya es hora de pedir ayuda a Europa, especialmente tras el claro pronunciamiento del Parlamento Europeo (339 votos contra 225) dando soporte a España en un escenario de invasión y de guerra híbrida.

No son sustantivos que use la ultraderecha, son los usados por una clara mayoría del Parlamento Europeo. Es hora que toda Europa se ponga del lado de España, y no de frente, como hace Italia suspendiendo temporalmente el tratado de Schengen, o toda la Unión Europea pidiendo explicaciones, pero no ofreciendo ayuda.

Ceuta debería gozar de, al menos, la misma solidaridad que ya tienen Lampedusa o Lesbos.

Marruecos ya ha celebrado sus elecciones y sea por eso, por la resolución del Parlamento Europeo, o por lo que sea, desde el Gobierno español se está cambiando poco a poco el discurso, comenzando a pedir respuestas y acciones.

Sin duda, es el momento de pedir ayuda a la Unión Europea para reforzar las fronteras y revertir la situación a como estaba Ceuta antes del 30 de julio. Sicilia acumula el mayor contingente de recursos Frontex en la actualidad, siendo parte de Italia desde 1860. Ceuta es parte de España desde 1580 y Melilla, desde 1497.

Es cierto que no hay que convertir en enemigo al inmigrante, pero no lo es menos que la paciencia de los ceutíes se está acabando. Les han quitado el libre acceso a playas, a centros médicos, a colegios, a parques, a plazas… por quitarles, hasta les han quitado un partido de la selección española de fútbol.

Cada día que pasa se gasta un poco de la paciencia de los ceutíes y nos acerca más a escenarios que no deseamos ni imaginar, pero que pueden pasar. Hay que solucionar el problema ya y devolver a todos los inmigrantes irregulares al país del que proceden. Lo demás será jugar con fuego hasta que nos quememos.

Europa, y España, tienen la sartén por el mango. El 71% de las exportaciones de nuestro vecino del sur va a países europeos y el 56% de lo que importa, proviene de países europeos.

Las ayudas de Europa suponen varios miles de millones cada año, y las remesas se acercan al 10% de su PIB. Hay tantos argumentos del lado de Europa que no se entiende por qué no se ponen en valor para encontrar la mejor solución para todos.

Dada la gran habilidad de nuestro presidente del Gobierno para gestionar crisis, hay que pensar cuál será el siguiente movimiento. Lo propio, si no se quiere parecer demasiado agresivo con nuestros vecinos, sería involucrar, de verdad, a Europa.

El tiempo de la acción a baja velocidad ya ha pasado. No podemos hacer que los casi 85.000 ceutíes se conviertan en “maricármenes” a quienes echen de sus casas.