Una foto de Gonzalo Bernardos con una imagen de un supermercado de fondo.
Supermercados Collboni
"El alcalde actual prefiere imitar lo que han hecho sus antecesores u otros dirigentes extranjeros y muestra una gran aversión a innovar"
El alcalde de Barcelona ha visitado Nueva York y ha encontrado inspiración. Si Zohran Mamdani proyecta abrir cinco supermercados municipales en la ciudad de los rascacielos, Jaume Collboni propone crear una red de comercios en la capital catalana. La prueba piloto se realizará en un local municipal del barrio de La Marina del Prat Vermell y ofrecerá alimentos de calidad a precios asequibles.
La perspectiva económica
La propuesta de Collboni debe analizarse desde dos perspectivas: la económica y la política. Desde la primera, el fracaso está asegurado. En primer lugar, porque calidad y precio suelen ir de la mano. Si los nuevos comercios venden buenos productos a precios bajos, acumularán pérdidas que serán sufragadas por todos los barceloneses a través de los impuestos.
Así, por ejemplo, quien compra en los supermercados Sánchez Romero lo hace porque quiere adquirir productos de calidad, pero también sabe que paga un elevado precio por ellos. En 2025, según la OCU, una cesta compuesta por 241 productos de alimentación y droguería costaba en dichos establecimientos un 72,2% más que en las tiendas de Alcampo.
En segundo lugar, en Barcelona hay 39 mercados municipales de alimentación frente a solo 6 en Nueva York. La mayoría de los existentes en la capital catalana padece un agudo declive, tal y como demuestra el elevado número de paradas cerradas. Las principales causas son la falta de relevo generacional y la decreciente rentabilidad de los negocios, que dificultan la incorporación de nuevos comerciantes. Entre 2020 y 2024, el saldo neto entre aperturas y cierres fue negativo, pues desaparecieron 193 establecimientos, un 13% del total.
Desde que llegó a la alcaldía, Collboni no ha adoptado ninguna medida útil para revertir el progresivo abandono de los mercados municipales por parte de las familias. Una tendencia que no se limita a un lustro, sino que se extiende a lo largo de los últimos 35 años. Por eso, me parece una incongruencia crear una nueva red de supermercados, cuando la que actualmente posee el Ayuntamiento de Barcelona languidece día tras día, sin que ninguno de sus responsables haga nada para remediarlo.
En tercer lugar, el nuevo supermercado de La Marina del Prat Vermell será gestionado por una ONG o una entidad del tercer sector. Del mismo modo que nadie pondría a estas organizaciones al frente de un aeropuerto, un puerto o una fábrica de automóviles, no contemplo ninguna razón para confiarles la dirección de dicho establecimiento comercial.
Probablemente, Collboni piense que crear una red de supermercados es fácil. Puede serlo cuando se utiliza el dinero público, pero jamás si está en juego el de los accionistas. En el primer caso, quizá lo único relevante sea obtener rentabilidad política. Por tanto, pueden no ser necesarios un buen plan de negocio, una excelente gestión y la obtención de beneficios. En el segundo, los tres requisitos anteriores son imprescindibles.
Para los gestores de los supermercados financiados con capital privado, cada céntimo cuenta. Por un lado, porque es un negocio de volumen, pues el margen de beneficio obtenido por cada producto vendido suele ser escaso. Por otro lado, debido a que la competencia es cainita y, para seguir teniendo éxito, una sustancial parte de las reducciones de costes conseguidas debe trasladarse al precio de los productos.
La perspectiva política
Desde una perspectiva política, el anuncio de Collboni sobre la creación de una red de supermercados municipales tiene dos principales objetivos. El primero es seguir imitando a Ada Colau para complacer a muchos de sus antiguos votantes. El segundo, convertirse en el Mamdani catalán, pues en la actualidad el político norteamericano es la principal referencia de la nueva izquierda en las grandes ciudades.
Desde su llegada a la alcaldía, Collboni tuvo claro que su mandato tendría un marcado carácter continuista, ya que seguiría en una sustancial parte la línea política trazada por Colau durante sus dos mandatos. Así, por ejemplo, si ella impulsó el primer control de precios de alquiler en Cataluña, él sería el primer alcalde en prohibir las viviendas de uso turístico en una ciudad española.
Si la dirigente de los Comunes anunció la creación de un servicio de odontología municipal para ampliar el acceso a la salud bucodental, el político del PSC aspira a impulsar una red de supermercados para facilitar a los barceloneses con menos recursos económicos el acceso a los productos básicos. La primera pretendía competir con los odontólogos del sector privado; el segundo, busca hacerlo con los propietarios de supermercados y comercios dedicados a la venta de alimentos.
La creación del dentista municipal constituyó una muestra más del carácter populista de Colau, pues la legislación vigente no permite a los ayuntamientos ofrecer servicios odontológicos, al corresponder dichas competencias a las comunidades autónomas. La red de supermercados de Collboni sigue la misma línea, ya que los nuevos establecimientos comerciales serán incapaces de mejorar la oferta alimentaria existente, tanto en términos de precio como de calidad de los productos ofrecidos.
El alcalde actual jamás ha sido un político valiente. Por eso, prefiere imitar lo que han hecho sus antecesores u otros dirigentes extranjeros y muestra una gran aversión a innovar. No obstante, las medidas adoptadas deben tener un escaso riesgo político y económico. Por eso, de Mamdani copia la creación de comercios municipales, pero no su propuesta de hacer gratuito el transporte público. Un motivo que también explicaría por qué la supuesta red de supermercados probablemente solo constará de un único establecimiento.