Mi experiencia pekinesa me resulta ya muy lejana (regresé en diciembre de 2010), pero en mi armario todavía guardo algunas prendas compradas en la capital china que me pongo de vez en cuando para recordar una de las mejores etapas de mi vida.

Entre ellas, una camiseta negra con el dibujo de una mujer dentro de un círculo azul vestida con un tradicional qipao de color rojo, que sujeta un cigarrillo con la mano derecha y una luna creciente con la mano izquierda.

Debajo, un dicho de Mao Zedong que me gusta mucho: “Women can hold up half the sky” / “ Las mujeres sostienen la mitad del cielo”, es decir, las mujeres son igual de importantes que los hombres y tienen los mismos derechos.

La verdad es que me pongo poco esta camiseta: me va ajustada y tengo miedo de que el estampado se estropee con el lavado. Pero ayer me acordé de ella mientras leía Fascinats per la Lluna, el libro que acaba de publicar el profesor e investigador de la UPC Ignasi Casanova, y la saqué del armario.

En las primeras páginas, Casanova intenta explicar por qué nuestro satélite ha despertado tanta fascinación a lo largo de los siglos en todas las civilizaciones. Y menciona precisamente el Festival del Medio Otoño, también conocido como Fiesta de la Luna, que se celebra el día 15 del octavo mes en el calendario chino, es decir, ayer noche, coincidiendo con la llegada de la luna llena.

Además de reunirse en familia para contemplar la luna llena y comer los empalagosos pastelitos de luna, los chinos recuerdan la leyenda de la diosa Chang’e, una mujer muy guapa que ascendió a la Luna y ya nunca más volvió. De ahí que el Programa Chino de Exploración Lunar haya bautizado con su nombre sus distintas misiones espaciales.

La primera sonda Chang'e despegó en 2007; la segunda, en octubre de 2010, cuando yo todavía vivía en Pekín. Tres años después, China consiguió aterrizar una nave con un vehículo robótico en la superficie lunar, convirtiéndose en el tercer país del mundo en lograrlo, después de la Unión Soviética y Estados Unidos.

Me gusta pensar que el estampado de mi camiseta, comprada en un hutong pekinés poco antes de regresar a Barcelona, es un guiño al éxito del Chang’e -2, lanzado el 1 de octubre, que encima es el Día Nacional.

La mujer que sujeta la luna está inspirada en la diosa, pero en lugar de ir vestida con un traje dinástico, fluido y de aires etéreos, lleva un qipao moderno de color rojo y estrellas doradas -una referencia a la bandera china - , pendientes dorados, maquillaje marcado y una actitud Pop, alejada del misticismo clásico.

“China ha conseguido en los últimos años grandes logros lunares, como aterrizar robots exploradores en su cara oculta, en 2019, y planea enviar taikonautas - astronautas chinos - y construir una base lunar hacia la década del 2030”, escribe Casanova, convencido de que existe un renovado consenso global por convertir la Luna en un campo base para la exploración espacial a largo plazo.

“La Luna funcionará como laboratorio donde aprender a vivir fuera de nuestro planeta”, escribe. Sea en la Tierra o en la Luna, las mujeres seguirán aguantando la mitad del cielo.