La Generalitat ha tenido que lidiar en lo que lleva de legislatura con asuntos de gobierno ásperos, complicaciones que alteran la posibilidad de contar con una trayectoria tranquila para el Ejecutivo de Salvador Illa.
Sin duda, una de las patatas calientes que ha alterado la vida cotidiana en Cataluña es la seguridad. Illa y la consellera de Interior, Núria Parlon, tratan de dulcificar el mensaje que le llega al ciudadano para que, pese a los problemas que se viven en la calle, el ánimo de los catalanes no desespere. Una tarea difícil para unos gobernantes que se aferran al mejor comportamiento de las estadísticas en materia de seguridad, pero nada de eso mitiga la preocupación que generan las noticias de lo que ocurre un día y otro también.
La disminución estadística de muchos de los delitos que se dispararon en Barcelona y Cataluña es, aparentemente, un aspecto que usan los políticos para tranquilizar a los ciudadanos, pero no hay estadística que aguante la percepción de inseguridad que genera el lote continuo y creciente de apuñalamientos y disparos en las calles catalanas. De nada sirve que los números expliquen un impacto menor de los delitos si los ciudadanos comprueban que la vida en el exterior está plagada de incidentes graves o mortales por el desfile de pistolas y navajas que han acabado por convertirse en un panorama tan triste como habitual.
La incertidumbre por la seguridad se ha avivado por esa catarata de agresiones con armas, de fuego o blancas, y sin duda no ha ayudado el clima enrarecido que se ha vivido en los últimos tiempos en el seno de la policía autonómica. Los cambios recientes, tanto en la jefatura uniformada como en la dirección general, el cargo político de quien depende el cuerpo de Mossos d’Esquadra, reflejan que hasta ahora las cosas no estaban claras y que el cuerpo tiene el reto de mejorar sus prestaciones para estar a la altura de la respuesta que exige la violencia que se vive en las calles.
Los Mossos van a estar bajo el mando de Ferran López como director general, un policía con experiencia, con buena lectura de cómo tiene que enfocarse la seguridad, y con una cintura necesaria para saber adaptarse a las necesidades. De hecho, va a necesitar todas sus condiciones profesionales para que la policía autonómica sea más eficiente y más determinante en su lucha contra el delito.
Los Mossos ya no son aquel cuerpo policial novato que tenía que mirar de reojo las enseñanzas de sus colegas de la Policía Nacional y de la Guardia Civil en sus primeros años de actividad en la provincia de Barcelona. Tienen talento, pero eso a veces no es suficiente. Hay que ordenar parámetros de funcionamiento que permitan que el aumento de agentes se note en la calle y en los despachos donde se investiga para que los contribuyentes respiren más tranquilos.
Muchos deberes por delante a nivel policial y mucha exigencia política al Gobierno de la nación para que la apuesta judicial para frenar la multirreincidencia sea cada vez más efectiva. Hacen falta más jueces, más rapidez. Se ha mejorado, pero no es suficiente y, mientras tanto, el ciudadano ya no aguanta más esa situación de indefensión, aunque las cifras sobre el papel lo aguanten todo.
