Fue salir a la luz los desastrosos resultados del informe PISA en España, y saltar Puigdemont desde su casoplón en Waterloo a afirmar que la solución para que los estudiantes saquen mejores notas es la independencia de Cataluña. Para Puigdemont y los suyos, todo se soluciona con la independencia de Cataluña.

Si queremos que el catalán se hable más y mejor, hay que conseguir la independencia; si miles de marroquíes invaden Ceuta, está claro que España es un Estado fallido del cual hay que independizarse; si hay ministros en la cárcel e indicios de una corrupción galopante en el gobierno, hay que independizarse; si se producen incendios en Cataluña, hay que independizarse de España para tener más recursos contra el fuego; si la gasolina está por las nubes, con la independencia estaría barata.

Si sube el pescado, si su hijo vuelve tarde a casa, si la tragaperras no le da dinero por más que eche, si le falla la conexión a internet, si el Barça sigue sin ganar la Champions, si va poca gente a misa o si tiene usted problemas de erección, no le dé más vueltas: independencia al canto, y asunto solucionado.

Hay que entender a Puigdemont, tiene demasiado tiempo libre y en algo tiene que ocuparlo, así que, de buena mañana, coge el periódico, lee cualquier noticia, y al momento escribe un tuit asegurando que esas cosas no pasarían si Cataluña fuese un Estado soberano.

En realidad es siempre el mismo tuit, solo tiene que cambiar el motivo, lo cual es una suerte para él, porque nunca se ha caracterizado por sus excesivas ganas de trabajar. Además de dicho tiempo libre, pesa en su ánimo la necesidad de salir como sea en los medios, ya que Aliança Catalana le está comiendo terreno y, por si fuera poco, ya casi nadie se acuerda de él (el juez Llarena y pocos más).

Así que nada, otra ojeada al periódico y otra razón para desatascar la DUI, porque él insiste en que es válida, solo que está ahí, atorada.

Donald Trump quiere pagar 5.000 dólares a cada norteamericano si vuelve a ganar las elecciones, cosa que demuestra que la independencia de Cataluña es más necesaria que nunca.

Cuando escribe sus burradas, ya solo le siguen la corriente los pocos acólitos que quedan en Junts, y no porque se las crean, sino por no quedar mal, ya que, según las encuestas, cada vez va a haber menos cargos a repartir para los miembros del partido, y conviene estar a buenas con el jefe.

A sus espaldas comentan entre ellos que Puigdemont está loco de atar, pero cuando lo tienen delante, son todo reverencias y —que eso no falte— elogios para su último tuit, donde ha dejado clara una vez más la necesidad de que Cataluña sea un Estado.

"Qué perspicaz es usted, señor presidente en el exilio, nadie se atreve a rebatir sus inteligentes argumentos", le sueltan para que esté contento.

La realidad es que nadie le hace ya ni puñetero caso, y por eso mismo nadie pierde el tiempo respondiendo las sandeces periódicas que pasan por la cabecita del otrora líder independentista.

Durante esta semana que empieza, nos va a deleitar con nuevas razones para la independencia, no sabe todavía cuáles van a ser, dependerá de lo que vea en las noticias, podría ser la extinción de un tipo de escarabajo o la pronta adopción del horario de invierno, dos hechos que no tendrían lugar si Cataluña fuese un país como Dios manda, o sea, independiente.

Empezaron queriendo la república para tener helado de postre cada día, lo cual sí era una razón de peso, pero la cosa se les ha ido de las manos y ya vale todo. Uno llega a pensar que la mejor razón para la independencia de Cataluña sería para así dejar de soportar al plasta de Puigdemont, pero que nadie se engañe: este tipo seguiría dando la brasa, lo lleva en la sangre.