La celebración del Gran Premio de F1 de España en Madrid implica el pase a segunda línea del Circuito de Cataluña, de momento, con grandes premios en años alternos y, también, en el banquillo por si algún gran premio no se puede realizar.
Este año, por ejemplo, el circuito de Imola acogerá un gran premio porque varios no se han podido celebrar en Oriente Medio. O sea, Montmeló chupará banquillo… en el mejor de los casos.
No hemos llegado a este punto por el bien hacer de Madrid, sino por nuestros errores. Procés y wokismo hicieron de la Fórmula 1 un espectáculo indeseable, y cuando nuestros dirigentes vieron que se podía marchar, con el tremendo impacto económico que esto implica, ya era demasiado tarde. La teoría del decrecimiento ha vuelto a triunfar.
No hay ninguna duda que Montmeló es mejor circuito y que Barcelona tiene muchísima más tradición automovilística que Madrid. ¿Y?. En 2017, Liberty Media se hizo con la Fórmula 1 por 8.000 millones, y sólo busca incrementar su valor a fuerza de ofrecer más espectáculo que atraiga a más público y que se generen más ingresos. No lo están haciendo mal. En 2016, la F1 facturó 1.800 millones, el año pasado 4.500, casi tres veces más. Puede que Las Vegas sea todo menos un escenario para deportistas, o que sea muy triste ver las gradas vacías en varios circuitos asiáticos mientras se abandonan circuitos europeos históricos, pero “la pela és la pela”.
El primer Gran Premio de España celebrado en Madrid ha tenido muchos defectos, pero a quien tiene que importarle, a Liberty Media, le ha dado absolutamente igual. Éxito de recaudación y de repercusión en medios, hasta Hamilton ha ido al Bernabéu a patear el balón. 45.000 visitantes extranjeros, muchos de alto nivel. Cantantes, futbolistas, deportistas… Lo demás es accesorio, ya se arreglará… o no. Montmeló generaba unos 300 M de euros, MadRing dice que llegará a los 500, atrayendo a 120.000 visitantes únicos y generando unos 8.000 empleos. Montmeló requiere de apoyo público, en MadRing la iniciativa es privada, y si no lo es (Ifema contribuye), nadie se queja ni lloriquea.
MadRing tiene entradas muy caras, no deja entrar comida, no se puede salir del circuito una vez se ha entrado, hay localidades realmente malas mientras proliferan las zonas VIP, es un gran premio clasista… todo para facturar más, que de eso se trata. 350.000 asistentes, repercusión en Latinoamérica, patrocinadores encantados… Lo único que Madrid no ha podido ofrecer es un puerto para que los grandes yates puedan hacer doblete en Mónaco y Barcelona. A cambio, el precio medio de los hoteles de la capital ha subido de poco más de 275 euros a casi 500.
El sorpasso de Madrid sobre Barcelona no es nuevo, el Open Mutua Madrileña (ATP 1000) hace tiempo que le ha comido la tostada al trofeo Conde de Godó (ATP 500), el Teatro Real al Liceu o la Mercedes Fashion Week a la extinta pasarela Gaudí.
Poco importa que el Torneo Conde de Godó sea de los más antiguos de Europa, que el Liceu fuese el primer teatro que estrenó una ópera de Wagner fuera de su teatro en Bayreuth, o que Cataluña sea tierra textil por excelencia. Agua pasada no mueve molino.
Probablemente, al MadRing han acudido muchas personas a las que no les gusta la Fórmula 1, como al Real va gente que le aburre la ópera o al Open Mutua Madrileña espectadores que no saben cómo se cuenta en el tenis… ¿Y? Esa es la gracia de los grandes eventos, convertirlos en un acontecimiento de la ciudad y que perdérselo no sea una opción.
Nuestros políticos tienen mucha culpa, pero no toda. Nuestra “sociedad civil” está dormida, feliz en su ensoñación y autocomplacencia. Nos dicen que el Liceu se está quedando rezagado pero defiende por encima de todo la calidad artística y operística, al Conde de Godó no le importa no ser ATP1000 porque tiene más “caliu”, y la Fórmula 1 de Madrid es peligrosa y chabacana, Montmeló sí que es un circuito de verdad… Esta pretendida superioridad moral es una excelente excusa para echarnos a dormir mientras otros nos roban la cartera. ¿Tiene solución nuestra decadencia?.
Siguiente parada, la Fira, último bastión donde Barcelona lo sigue haciendo mejor que Madrid… aunque Ifema ha sido la que ha organizado la Fórmula1.
