El Major de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero, colgó el uniforme y se puso traje y corbata para desempeñar en el primer gobierno de Salvador Illa la Dirección de la Policía.

Ahora ha dimitido después de dos años complejos, marcados por la lucha contra la multirreincidencia, la introducción de las cámaras de videovigilancia, el aumento de la delincuencia con armas, de fuego y blancas, y un choque con los maestros por infiltrar policías en las asambleas de docentes e introducir mossos en las escuelas.

Oriol Junqueras no desaprovechó la oportunidad que le dio Ricard Ustrell en la entrevista que realizó en Catalunya Ràdio el 31 de agosto para deslizar un buen zasca contra Trapero. No era un secreto que el anterior conseller de Interior, Joan Ignasi Elena, se había enfrentado con Trapero y lo había enviado al rincón de pensar. ERC no había cerrado esta carpeta y arremetía a la menor oportunidad contra el Director-Major de la Policía.

No en vano, ERC ha festejado su dimisión e incluso ha aplaudido el nombramiento de su sustituto a pesar de que también es policía, una crítica recurrente de los republicanos contra Trapero.

A esta inestabilidad política con un socio del Govern, habría que añadir una relación sustancialmente mejorable con la consellera de Interior, Núria Parlon, con la que ha convivido entre tensiones sobre cómo entender el trabajo policial y sobre temas organizativos.

La última versó sobre el relevo del actual comisario jefe, Miquel Esquius, por jubilación. El desacuerdo entre ambos levantó ampollas y se impuso Parlon. No fueron los únicos roces. Sus enfrentamientos fueron tónica constante.

“No quiero entrar en especulaciones sobre relaciones personales porque es un terreno pantanoso”, ha dicho Parlon en la rueda de prensa donde comunicó los cambios en el cuerpo policial. No decía nada, pero se le entendía todo. Sus palabras fueron toda una declaración formal sobre un conflicto latente desde que Trapero se convirtió en el fichaje estrella de Salvador Illa.

De hecho, el anuncio no lo hizo el presidente de la Generalitat sino el candidato Illa. Nunca se llevaron bien. Parlon no festejó su dimisión como hizo Esquerra, pero no estaba, precisamente, tocada. Ambos han sido muy profesionales y han mantenido sus pulsos entre bambalinas pero como dice el dicho “tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”.

El Govern le reconoce el trabajo bien hecho y afirma que su marcha responde a una transición ordenada. Los hechos y la realidad no acompañan a este relato.

Trapero será sustituido por Ferran López, un hombre de talante conciliador, que fue su estrecho colaborador y que ocupó la jefatura de los Mossos sustituyéndolo tras la aplicación del 155. Además de López, otro cambio de relumbrón: por primera vez los Mossos tendrán al frente del cuerpo a una mujer: la comisaria Sílvia Catà, una apuesta personal de Parlon.

Después de dos años, Trapero dimite. No es un hombre que deje indiferente. Dentro, y fuera del cuerpo incluyendo a los medios de comunicación, tiene partidarios irredentos y detractores a ultranza.

De carácter firme y con determinación se enfrentó a la Guardia Civil, al entonces coronel Diego Pérez de los Cobos, por la manera de entender la proporcionalidad en los tensos años del procés; no se anduvo por las ramas para afrontar las consecuencias de los atentados de las Ramblas y en su juicio en la Audiencia Nacional --donde fue absuelto-- supimos que tenía pensado detener a Puigdemont.

En poco tiempo, Trapero fue izado como estandarte del independentismo para ser echado del altar por traidor. Ni una cosa ni otra. Por su talante, pasó de héroe a villano en un corto lapso de tiempo. Quizá porque no baila el agua a nadie.

Trapero ante todo es un policía. Un buen policía que ha marcado, para lo bueno y para lo malo, los últimos 15 años de los Mossos d’Esquadra. Sin duda, el Major Trapero seguirá siendo “el Major” y, aunque algunos lo nieguen, ha hecho historia en los Mossos. Algunos le echarán de menos. Otros, hoy lo seguirán celebrando.

Un antiguo mando policial me decía: “Ya era hora de que se marchara. No había nadie con él”. Una forma de ver, muy negativa, a un hombre que se hace notar. Odiado y querido a la vez.

Sin embargo, la dimisión del Major Trapero abre la caja de Pandora en el Govern. Haría bien el president Illa en pensar en una remodelación del Ejecutivo para encarar con éxito los dos años de legislatura afrontando los diferentes retos al tiempo pensar en las elecciones municipales que están a la vuelta de la esquina. No sería un contratiempo sino dar un paso atrás para coger impulso.