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Josep Maria Cortés opina sobre el futuro de Seat

Josep Maria Cortés opina sobre el futuro de Seat

Pensamiento

Seat hace un Sajonia

"El ascenso meteórico de AfD es una apuesta por debilitar la fortaleza europea. La conculcación política de los ultras teutones es una huida parecida a la renuncia de la marca española por parte del consorcio automovilístico Volkswagen, en el terreno económico"

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La desindustrialización de Europa es el miedo al lobo en el que ha caído Alemania sin saber exactamente cuándo ocurrió. Es una suma silenciosa de decisiones empresariales y regulatorias que, examinadas por separado, parecen razonables pero que, vistas en conjunto, configuran un movimiento tectónico. Un alto horno que se apaga para siempre, una fábrica de plástico que se chapa, una planta química desplazada a China en lugar de apostar por Renania o una Volkswagen que apunta el cierre de su filial española, Seat, tras varias décadas de dudas sobre la viabilidad futura de la marca.

De momento, el vicepresidente del Gobierno español Carlos Cuerpo, el más listo de la clase, dice que, gracias a la descarbonización de la industria y a la apuesta por el vehículo eléctrico, el consorcio alemán sabe que sus factorías más eficientes son las españolas ¿Servirá de lenitivo? Parece que sí, pero Alemania, que dentro de un mes celebra el aniversario de su reunificación, titubea. Desde luego, la república federal en manos de Merz está muy lejos de la fortaleza de Helmut Kohl, aquel canciller duro y también miembro de la formación democristiana, CDU, que apostó por la Europa de Maastricht.

Merz es un hombre bloqueado que, por puro temor, afloja y pierde el paso, como le ocurrió a la República de Weimar cuando perdió el fervor de su pueblo frente al creciente nazismo. La flojera mental es amiga del mundo autoritario.

AfD es partidaria de expulsar a las personas sin permiso de residencia y adopta el concepto de “remigración”, muy parecido a la política que ahora practica la administración Trump.

El líder ultra ganador, Ulrich Siegmund, es el “hombre más peligroso de Alemania”, como lo define la portada de Der Spiegel. La extrema derecha ha construido una campaña en torno a su personalidad y a las soluciones que unen fácilmente a las clases desfavorecidas, basada en el resentimiento en Sajonia, un land con más renta per cápita que España; la fiebre es un contagio sobre el pensamiento conservador riguroso, que el PP no afronta.

La novedad es que Sahra Wagenknecht, fundadora del partido marginado, antiinmigración, prorruso y eurófobo, BSW, ha dicho que no aplicará un veto a la AfD en Sajonia-Anhalt porque el cortafuegos es antidemocrático. El sorprendente sorpasso de la izquierda rojiparda campa en Prusia Oriental o Pomerania y llegará pronto al mismísimo Brandeburgo.

La población de Sajonia ha caído del cielo como una nube negra sobre el establishment. Tiene mucho de antidemocrático y se le añaden ahora unas gotas de nostalgia de la cotidianidad mórbida del pasado de la DDR (Alemania del Este). Es La increada conciencia de la raza, un libro lejano de Terenci Moix, (más comentado que leído), tocado por reminiscencias stendhalianas, referido a la cultura de las élites catalanas, que ahora ajustaría como un guante en la Alemania de los Urales.

La Seat, filial de Volkswagen, cuya permanencia costó tanto dinero público al antiguo INE y a la actual SEPI, es ahora el objeto de la discordia. El ascenso meteórico de AfD es una apuesta por debilitar la fortaleza europea. La conculcación política de los ultras teutones de AfD es una huida parecida a la renuncia de la marca española por parte del consorcio automovilístico, en el terreno económico. Seat hace un Sajonia.