Dentro de unos días los niños catalanes volverán a las aulas. Otra cosa es que haya maestros para recibirles. El curso pasado terminó con un serio enfrentamiento entre docentes, sindicatos y Departamento de Educación de la Generalitat.
No consta que en estos calurosos meses las partes tuvieran tiempo de pactar nada. El verano es para descansar.
Antes los estudiantes que habían suspendido tenían que trabajar para examinarse en septiembre. Ya no hace falta: se puede ser un zote o un vago y se pasa de curso igual.
En esta ocasión quienes hubieran podido hacer los deberes son los sindicatos que fueron claramente desautorizados en sus pactos con el Govern. Pero todo indica que, como mucho, los liberados sindicales –con Iolanda Segura a la cabeza– se han dedicado a buscar vías que les permitan seguir en el cargo. Todo antes que volver al tajo a bregar con la chiquillería. ¡Eso sí que es duro!
En medio ha aparecido un profeta: Oriol Junqueras. Y lo ha hecho con una idea brillante: que se elija a un grupo de expertos, media docena más o menos, que establezcan las líneas maestras de la educación durante los próximos 12 años.
En realidad, Junqueras propone que se haga lo mismo con otras áreas gubernamentales: sanidad, transporte, vivienda.
Y el Gobierno, a descansar, incluso una vez superado el verano.
Es una muestra más de la falta de ideas –para decirlo de forma benévola– de los dirigentes de Esquerra Republicana.
La propuesta de que el Gobierno estuviera en manos de expertos ya la formuló Gonzalo Fernández de la Mora, ministro de Franco, sin otro mérito que llevarse al currículum.
En un libro titulado El crepúsculo de las ideologías anunciaba que en la política se había superado el tiempo de la izquierda y de la derecha. Debía ser, decía, cosa de los técnicos. Seguía así el consejo del dictador que sugería a sus allegados que hicieran como él y no se metieran en política.
La primera dificultad estriba en saber qué es un experto. Y la segunda, qué tipo de especialidad es la que sirve para diseñar el contenido y la forma de la educación.
Suponer que hay criterios más allá de las diversas posiciones políticas es ignorancia o demagogia. O tal vez las dos cosas.
Esos supuestos expertos ¿primarán la enseñanza pública o la privada? ¿Se inclinarán por centros mixtos o segregados? ¿Seguirán manteniendo los conciertos con la Iglesia? ¿Cómo se aplicará la política de becas? ¿Habrá una carrera profesional para los docentes? ¿Qué criterios seguirán en materia lingüística?
No son cuestiones técnicas, son decisiones políticas que los políticos electos deben tomar de acuerdo con sus programas de gobierno, que es lo que, se supone, ha hecho que se les vote.
Es tan evidente que las decisiones de un Gobierno no son técnicas, que ERC ha criticado al Ayuntamiento de Barcelona por haber incluido en su web la convocatoria de una manifestación supremacista. Y el argumento de Esquerra era, en esta ocasión, adecuado: no pudo tratarse, como adujo el consistorio, de un error técnico. La técnica se aplica con criterios políticos, que alguien toma.
Que el consistorio no sea capaz de saber quién y por qué tomó la decisión que llevó al “error técnico” es muy preocupante porque deja la puerta abierta a que se produzcan otras barbaridades semejantes.
Es tan preocupante como que no se conozcan aún los entresijos que han llevado a que Cataluña haya quedado fuera de la evaluación en el informe PISA.
Alguien hizo algo mal. Otro asunto es que fuera de buena o mala fe, pero no es de recibo que se salga todo el mundo de rositas. Vale que eso pase con los jueces y la Corona, pero no es cosa de extenderlo a toda la Administración pública.
Es de imaginar que un día de estos el Departamento de Educación se reunirá de nuevo con los representantes de los sindicatos para hablar del tiempo, visto que la firma de los que rubricaron el último pacto no vale prácticamente nada. Tal vez podrían dedicarse a buscar los expertos por los que suspira Junqueras.
Seguro que hay voluntarios para un trabajo que puede durar 12 años. ¿Más de los que le quedan en política a los actuales dirigentes de Esquerra? No importa: para gobernar ya estarían los expertos.
