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Ramón de España opina sobre Ramón Cotarelo

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Pensamiento

Palinuro y la matamoros de Ripoll

"La inversión de tiempo y esfuerzo llevada a cabo por el exmadrileño para incorporarse a la catalanidad más radical no ha recibido jamás ningún premio: si hay un apestado del 'prusés', ese es Ramón Cotarelo"

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Llevábamos cierto tiempo sin saber nada del inefable Ramón Cotarelo, ese señor de Madrid que un buen día —tras porfiar sin el más mínimo éxito para que Rodríguez Zapatero lo nombrara ministro de algo— se convirtió al independentismo catalán y en uno de los más proactivos partidarios de la independencia del terruño (ajeno).

Y helo aquí que reaparece como flamante orador para la Diada de este año en Ripoll y por cortesía de su carismática alcaldesa, Sílvia Orriols, aunque sea en condición de plato de segunda mesa, ya que el elegido para la ocasión, el columnista y tertuliano Bernat Dedéu, se dio de baja en el último momento, pensando, tal vez (y no le faltaba razón), que no le convenía que lo asociaran con una energúmena de extrema derecha (aunque indepe recalcitrante, Bernie es un buen chico de Barcelona con el que siempre me detengo a comentar la coyuntura cuando me lo cruzo por el Ensanche).

Dado el ostracismo al que le tiene sometido el establishment nacionalista, a causa de su actitud levantisca y faltona y partidaria del contra todo y contra todos, supongo que es normal que Cotarelo acepte el salvavidas mediático que le arroja la matamoros de Ripoll. Y es que la inversión de tiempo y esfuerzo llevada a cabo por el exmadrileño para incorporarse a la catalanidad más radical no ha recibido jamás ningún premio: si hay un apestado del prusés, ese es Ramón Cotarelo.

Da igual que ahora escriba su blog en catalán (de nombre Palinuro, ahora convertido en Palinur). O que haya eliminado el acento de su nombre de pila. Si nuestro hombre aspiraba a medrar en la nomenclatura procesista, es evidente que el intento ha arrojado un resultado desastroso. Partidario del sostenella y no enmendalla, nuestro hombre utiliza su blog (divertido en su delirio y francamente revelador de cómo funciona una mente enferma, para los que se interesen por este tipo de cosas) para arremeter en solitario contra todo lo que funciona mal en el independentismo, poniendo de vuelta y media a todos sus representantes, aunque con especial saña en el caso del beato Junqueras, al que pone de colaboracionista para arriba.

Así no va a hacer amigos, pero le da igual y de perdidos, al río: está en la línea del demencial Enric Vila, el último héroe solitario para el que Cataluña se divide entre él y lo que llama Vichy, que son todos los demás, con la diferencia de que Vila, por lo menos, ha pillado una columna en El Nacional (menos da una piedra).

El origen del seudónimo de Cotarelo hay que buscarlo en la Eneida de Virgilio, donde Palinuro es el piloto del barco de Eneas. El hecho de que el pobre Palinuro fuese echado por la borda por el dios Somnus y acabara en una playa en la que fue asesinado por unos bandidos no le quita el sueño a nuestro héroe, aunque sus aventuras en el mundo de la catalanidad se parecen mucho a las de su personaje preferido de la Eneida. A Cotarelo lo arrojaron hace años del barco de la independencia y las pasa canutas en su islote.

¿Cómo fue posible que, con lo bien que estaba en Madrid, decidiera trasladarse a un pueblo de Gerona cercano al de Puigdemont para explicarles a los catalanes lo que tenían que hacer para acceder a la tan anhelada independencia? Y, sobre todo, ¿cómo ha podido salirle tan mal su conversión al catalanismo más radical? Cierto es que tiene mal carácter y que se ha cabreado con todo el mundo, pero eso no le ha llevado a reconsiderar su absurda decisión, que le es tan ajena como a más de la mitad de los catalanes de verdad.

Intuyo a que todo se debe a que, por mucho que le pese, sigue siendo un español y, como tal, un hombre dado a posturas quijotescas. No sé si tiene mucho futuro como el Sancho Panza de la señora Orriols, pero ardo en deseos de escuchar su glosa patriótica del 11 de septiembre. Más que nada porque, siguiendo su costumbre, seguro que la lía parda. ¡De buena te has librado, Bernie!