El día 8 de septiembre los niños NO volverán al colegio. Volverán a una nueva jornada de huelga que deteriorará mucho más su currículum escolar.

El pasado curso fue un caos por las reiteradas manifestaciones y huelgas de maestros en contra del mundo: contra la Generalitat, contra los sindicatos, contra los alumnos que pagaron el pato del despropósito. Por una vez, los maestros tienen inversiones y aumentos salariales y, a pesar de eso, su respuesta es huelga y más huelga.

Luego el país lo pagará en el Informe PISA, que será un nuevo fiasco y la chavalería lo pagará no sabiendo siquiera por dónde pasa el Ebro o dónde nace el Tajo. Of course, tampoco sabrá quién es Franco o qué fue ETA. Todavía resuena aquel reportaje radiofónico en el que postulaban a Salvador Dalí como presidente de la Generalitat. El sistema hace agua, sin duda, y por eso se hacen inversiones, pero los maestros empiezan a ser la gangrena del sistema.

Dicen que son altruistas y que tienen vocación. Mucha no tendrán si vemos que apenas hubo concurrencia de los “sufridos maestros” en los ciclos formativos que se realizaron en el mes de julio. Sin duda, mucho mejor otros meses, porque así hacen formación y no hacen clase. ¿Quién pringa? Pues, como siempre, los alumnos.

Ahora, una tal Asamblea Educativa se arroga la representación de los maestros y Ustec como pagafantas han convocado la jornada de huelga para el 8 de septiembre. Nadie sabe a quién representa la Asamblea Educativa de marras, ni tampoco su incidencia, pero exigen negociar, y por tanto tener representación, en la mesa sindical. Seguro que Ustec les cede un sitio.

Tampoco parece afectar al ardor guerrero de los maestros que las últimas huelgas del curso pasado fueron de mal en peor.

¿Tienen derecho a protestar? Sí, claro, pero creo que deben tener dos límites. El primero que no pueden colapsar el país a golpe de algarada. Espero que a los Mossos d’Esquadra se les acabe la paciencia. Cortes de carreteras, marchas lentas o manifestaciones no avisadas deben tener consecuencias. Cuando empiecen a recibir multas seguro que dejan de tocar lo que no suena al resto de los mortales.

Ahora ya han empezado a cobrar y en este curso empezarán a incorporarse los nuevos maestros para hacer frente a los nuevos retos. No estaría de más que los actuales inquilinos de plazas públicas también trabajaran y, ya puestos, enseñaran a sus alumnos las materias para lo que están contratados.

Ahora tienen un subidón profesional. Dicen que miran por el futuro. ¿Y por qué futuro miraron durante los años del procés? Dicen que tienen pérdidas económicas desde 2010 y no recuerdo huelgas salvajes como la actual durante este tiempo. Dicen reclamar inversiones en la escuela, y ahora que las reciben las consideran insuficientes. ¿Dónde estaban esas inversiones en los años del procés? Es más, ¿dónde estaban los maestros?

En fin, de ser una profesión venerada los actuales líderes del mundo sindical educativo han convertido la educación en una vergüenza. Es una pena, pero seguro que muchos padres y abuelos piensan así. Un crío no pasa una pequeña encuesta de mínimos en la mayoría de materias. Con 13 días de huelga en un curso y un desfile de maestros sustitutos no es de extrañar. Eso sí, la formación a poder ser en julio no, gracias. Lo dicho, la –sin– vergüenza de los maestros.